Coordinación de ética de las profesiones

Coordinación de éticas profesionales

La coordinación de ética de las profesiones, surge como respuesta a la demanda de los cursos de ética profesional que imparte el Departamento de Teología de la Sede de Coquimbo.
Es una instancia académica que permite potenciar el trabajo de los profesores que imparten dichas asignaturas.
Como también busca potenciar la formación ético moral declarada en el proyecto educativo de nuestra universidad.

Frentes de acción periodo 2008-2010:


1.- GESTIÓN


ACCIONES:
Coordinación con los jefes de carreras sobre los contenidos y metodologías de las éticas profesionales.
Contacto con otras unidades académicas que imparten ética profesional en la sede; Medicina, Escuela de Derecho.
Establecer red de apoyo con dichas unidades.
Recensión de programas de ética profesional de otras universidades.
Red de contacto con centros de ética.
Contacto y relación con instancias de servicios en el ámbito de la ética en la Universidad y en la Sede Coquimbo (Comité de Bioética).


2.- DOCENCIA:

ACCIONES:


Mejoramiento de las tics para las clases por medio de la creación de una pagina web institucional
Mejoramiento de bibliografía sobre temas de ética profesional.
Consolidación de equipo interdisciplinario.
Coordinación con los profesores de la asignatura
Incorporar metodologías interactivas: actividades en terreno, visita de profesionales, presencia de Colegios Profesionales (Asociaciones Gremiales), foros, talleres, etc

3.- ELABORACIONES (extra de la coordinación)

Trabajo en los programas de asignatura.
Formulación de programas en base a competencias.
Formulación de programas conforme al proyecto educativo UCN, los perfiles de egreso de las carreras…
Recensión de programas ética profesional de toda la UCN
Hacer investigación sobre ética de las profesiones.
Participar en proyectos relacionados con la temática.
Crear espacios que permitan hacer conciencia de la transversalidad de la formación ética de los futuros profesionales, involucrando a los jefes de carrera y académico de las demás disciplinas

martes, 10 de noviembre de 2009

Economía y Ética

Congreso de Ética 2009
Universidad Alberto Hurtado
ECONOMÍA Y ÉTICA
Joseph Ramos
Facultad de Economía y Negocios
Universidad de Chile

Introducción
Si bien la economía moderna nace de la filosofía moral, la economía y la ética tienen
una relación incómoda. Por un lado, como cualquier otra actividad, la actividad económica es,o debe ser, regida por consideraciones éticas. Y el juicio ético habitual al respecto es bastante crítico. La actividad económica ha tendida a ser vista por la mayoría de pensadores al menos con sospecha si no como un claro mal, aunque tal vez un mal menor. En efecto, se considera que la actividad económica no sólo va dirigida a satisfacer los apetitos menos nobles del ser humano sino que apela a las motivaciones más bajas: en economías de mercado, al provecho propio. Es un avance solo en comparación con el sometimiento y explotación que caracterizaron las sociedades esclavistas y feudales. Solo en forma muy excepcional (aparte de
relaciones dentro del núcleo familiar) se ha fundado la actividad económica en motivos benévolos, altruistas o solidarios. No es de extrañar, pues, que hasta épocas recientes se haya considerado la actividad económica como inapropiada para un caballero, tolerándose esta sólo como una necesidad.
Por otro lado, y tal vez como un intento de liberarse de esta crítica, muchos
economistas han insistido en la necesidad de distinguir la economía positiva de la normativa.
La primera, la que caracterizaría la teoría económica, pretende predecir el comportamiento económico, sin enjuiciar conductas. Sería dominio de la segunda, la economía normativa – el enjuiciamiento de la economía aplicada, donde se valoran alternativas u opciones de políticas según criterios éticos y normativos. Mas, insistiría que ni siquiera la teoría económica se escapa de la ética. En efecto, es imposible predecir el comportamiento humano si no se toma en cuenta los condicionantes éticos que mueven al hombre.
Es mi convicción, pues, que la ética y la economía están intrañablemente relacionados, tanto en la teoría económica como en la política económica así como, por cierto, en la actividad económica. En lo que sigue quisiera indicar lo que considero los 5 interfaces principales entre ambos.1
Mas antes, aclaro que considero equivocado el menosprecio que algunos tienen por la
economía. La economía, por cierto, se refiere principalmente a los bienes y servicios que se producen y se intercambian en el mercado. Si bien todos los estudios muestran que la felicidad del hombre depende principalmente de su satisfacción afectiva (buenas relaciones de pareja, con sus hijos y con amigos) así como su autorrealización, hasta cierto umbral mínimo material,lo económico importa mucho. En efecto, lo material no será lo más importante en generar felicidad, pero la insuficiencia material sí puede generar infelicidad. De tal modo considero –
sobre todo para nuestro Chile y América Latina – que el desarrollo económico y la eliminación de la pobreza es tal vez la manera privilegiada para amar al prójimo en nuestra generación. Por eso el trabajar por el desarrollo económico, sea en el diseño de buenas políticas sea en la gestión de empresas cada vez más eficientes y generadoras de empleos más productivos, es una causa noble.

Tema 1: La paradoja valórica del mercado
El mercado requiere de ética para su funcionamiento – honestidad, confianza, buena
voluntad. A título ilustrativo, piensen en el epicentro de la economía capitalista, la Bolsa. Su operación sería imposible si toda transacción tuviera que hacerse por contrato y firma frente a notario. En efecto, gran parte de las transacciones económicas se hacen sin contrato y los contratos que sí se escriben, se hacen con importantes lagunas. No toda contingencia es, ni puede ser, considerada. De tener que redactar un contrato con cláusulas explicitas para toda contingencia, se frenaría la mayor parte de la actividad económica, entre otras cosas, por dudar de la buena voluntad del otro que exigiera tantas cláusulas! De hecho la judicialización de
mucha de la actividad económica en EEUU está teniendo un alto costo en competitividad
frente a sociedades menos legalistas, donde rige la confianza, como Japón2.
Esto en cuánto a la microeconomía. Mas los valores son decisivos también en la
macroeconomía. De hecho una de las explicaciones clásicas del desarrollo de Europa, la de Max Weber, es una explicación sobre la base de valores – de esfuerzo, responsabilidad, honestidad, frugalidad y ahorro – lo que él denominó la “ética Protestante”. Quien dudaría que una economía de mercado pero con la ética de trabajo del “hippie”, la falta de austeridad del “yuppie” y la moral del “yo ista” (me first”) estaría condenada al subdesarrollo así como fueron las sociedades con la ética de trabajo del caballero y de consumo conspicuo del aristócrata.
La ética, pues, no es tanto un freno a la economía como un aliciente. Un problema, sin embargo, es que la economía de mercado no sólo usufructúa de la ética social, si no que la puede corroer3. En efecto, en la medida que el intercambio en el mercado se caracterize principal o exclusivamente por cada uno persiguiendo su propio interés, la aplicación sistemática de este principio, sobre todo, si se excede – con oportunismo, engaño, trampa –
corroe y eventualmente socava el capital moral necesario para su propio funcionamiento. Y aunque no se exceda, ¿cómo contener la persecución del interés propio a la esfera económica, mientras se cultiva solidaridad en la esfera pública y altruismo y amor en la esfera personal/afectiva?
En efecto, un primer interfaz entre economía y ética es que la economía consume la
ética o capital social de una sociedad, pero no contribuye a la generación y mantención de la misma, con lo que a la postre socava sus propios cimientos.

Tema 2: El ámbito principal del mercado es lo intercambiable Pero ¿tiene límites lo
intercambiable? 4
En primer lugar, no todo es intercambiable. El cariño no se compra. Pretender comprar
o transarlo es conseguir otra cosa, prostitución, pero no amor.
En segundo lugar, muchas veces en el intento de pasar un bien o servicio a la esfera de intercambio se desvaloriza el bien. Un primer ejemplo anecdótico real. Una sala cuna tenía el problema de que 10% de los papás solía llegar tarde a recoger sus hijos, lo que le obligaba a algunas tías quedarse por una jornada más larga a la anticipada. Por tanto, pusieron una multa para frenar el atraso. Sin embargo, al poner la multa aumentó el porcentaje que llegaba atrasado a 30%, pues ya no lo consideraban un abuso, sino el precio que se pagaba por el atraso. Un segundo ejemplo. En el intento de conseguir más sangre, sobre todo de los tipos que
escaseaban, se comenzó a pagar por la sangre. El efecto no deseado fue que las donaciones voluntarias de sangre cayeron bruscamente. Lo que se hacía para salvar vida, que no tenía precio, ahora tenía precio, por lo que las donaciones voluntarias se vinieron abajo.5
Tercero, aún cuando no se desvalorize el bien a intercambiarse, ¿deberá permitirse todo intercambio entre adultos con libre consentimiento? La economía no tiene los recursos propios para contestar esta pregunta. Inclusive las dos condiciones, que sean intercambios entre adultos y con libre consentimiento no provienen de la economía si no de la ética.
Por ejemplo, no es un tema teórico, si no práctico, ¿si se debería permitir el trabajo infantil, con tal que los padres lo autorizen? De hecho la OIT estima que 13% de los niños menores a 12 años en el mundo (110 millones) trabaja6.
O, ¿debería permitirse la compra-venta de órganos? ¿Basta para que haya una transacción socialmente provechosa, como para otros bienes, que una persona prefiera US$ 10.000 a 2 riñones, por tanto esté dispuesto a vender uno por ese precio, y otro prefiera un buen riñon a US$ 10.000 por lo que compre ello? Todos celebramos la donación voluntaria. Pero ¿permitiríamos un mercado abierto (pues, de hecho, hay un mercado negro en ello)? La economía sin más diría que, como ambos pueden beneficiarse, según sus propios criterios,frenar este intercambio es reducir la “utilidad social”. O ¿es que este es un intercambio “desesperado”, por lo tanto no realmente libre, como cuando me das la alternativa de recibir un balazo o saltar de un buque en alta mar? La economía sencillamente no tiene los recursos para decidir si debe haber algún límite a lo intercambiable o si este intercambio es realmente
libre.
O ¿debería permitirse el “arriendo de vientres” para gestar el espermio y óvulo de una pareja que no puede tener hijos? De nuevo, la que haga esto voluntariamente es, con razón, altamente valorada por la sociedad. Pero la que lo hace por dinero, ¿es explotada? o ¿viola su propia dignidad? Este tampoco es un tema teórico. Un artículo reciente del Economist lo trató en extenso.7 Y surgen interrogantes ¿de quien es de “verdad” la guagua (supuesto que la madre postiza decida querer quedarse con la guagua)? California considera que es la madre que dio el óvulo y no la madre en cuyo vientre se gestó la guagua.
Una vez más, no es la economía la que tiene los recursos para fijar los límites de lo
intercambiable, si no la ética. De hecho, no fue la economía la que prohibió "contratos de venta o arriendo de largo plazo de mano de obra”, si no la convicción moral que ello conducía a la esclavitud y así fue excluido por considerarse un intercambio desesperado.
Tema 3: Competencia vs. Cooperación
Indudablemente, la competencia es un instrumento formidable de organización social.
Es un gran hallazgo el de Adán Smith, con su metáfora de la mano invisible, que muestra como seres “caídos” como nosotros, inclusive egoístas puros, solo buscando su provecho propio, pueden, a través de la competencia, canalizar sus esfuerzos en pos del bien social.
Pero a veces, en nuestra oda al mercado, nos quedamos sólo con esa metáfora y nos
olvidamos de la metáfora del “semáforo quemado”. En efecto, imagínense en su auto en la mañana bajando por Providencia y llegando a Vicuña MacKenna, y, de repente, se quema el semáforo de Plaza Italia. Cada auto, intentando cruzar, lo único que logra es agravar la situación para todos, incluyéndose a sí mismo. La competencia en esta situación empeora la situación para todos, no la soluciona. Ha habido una falla de coordinación. Ahí se necesita la mano del coordinador (un carabinero o buen ciudadano) que deje pasar 20 autos de un lado y después 20 del otro. La competencia aquí agrava en lugar de aliviar la situación.
Son muchas las situaciones en la economía cuando se necesita la cooperación y no sólo la competencia. En el ámbito macro, pensemos en la crisis actual en Chile. La razón principal que ha caído la producción y aumentado el desempleo es que los chilenos han recortado fuertemente sus gastos, no tanto porque han caído sus ingresos, si no porque es imposible ver noticias tan alarmantes del exterior sin asustarse y decidir recortar gastos por si acaso. Mas esta prudencia individual cuando se multiplica por 16 millones de chilenos produce la recesión que se teme. Impedir esto requiere de una acción contra cíclica del gobierno (el coordinador) para inducir mayor gasto (reduciendo los intereses y los impuestos para inducir mayores compras y
aumentando el gasto público). Lo que es locura para cada individuo por sí solo (gastar más)tiene sentido para el colectivo.
La cooperación es también central en la microeconomía, no sólo la competencia8. Al
interior de la empresa se organiza la producción no por acuerdos de mercado si no por
coordinación y cooperación. Se compite hacia fuera de la empresa pero se coopera hacia adentro. Y es esa cooperación la fuente de las mejoras en productividad, eficiencia y calidad de productos en la economía.
Al sobre enfatizar la competencia, la metáfora de la mano invisible y la posibilidad de producir inclusive con egoístas se descuida de este otro organizador social, la cooperación, tanto o más potente, que no puede sobrevivir con egoístas, si no requiere de valores como la confianza, la honestidad, la autodisciplina, la responsabilidad, sentido de justicia, etc.
Tema 4: El homo economicus: ¿es sólo o principalmente movido por intereses
económicos (monetarios)? Que duda cabe que si uno está decidiendo si jubilarse con un retiro programado o con una renta vitalicia que la principal consideración será cuál renta más. Sin embargo, no todas las decisiones son así. Solo a título de ejemplo, si uno quisiera predecir cuántos hijos va a tener una pareja, se equivocaría del todo si considerase que la decisión fuera ese número que maximizara el ingreso familiar per capita. En efecto, normalmente se maximizaría el ingreso familiar per capita con ambos trabajando y sin hijos. Mas observamos que la gran mayoría de las parejas tienen varios hijos, lo que francamente disminuye su ingreso familiar per capita. La
motivación principal en este caso no es monetaria (de hecho, empeora el nivel medio de vida familiar), sino afectiva.
Asimismo, si bien todos desean un ingreso “decente”, no se explicaría que hubiera
jóvenes que opten por carreras relativamente mal pagadas, como periodismo, arquitectura, enfermería, trabajo social o pedagogía si la consideración principal fuera la monetaria. La autorrealización es un factor clave en esta decisión, tanto o más que las consideraciones monetarias. Asimismo, en el caso de las mujeres, resulta consideración clave en la elección de carrera y trabajo la posibilidad de tener un trabajo que admita de una jornada parcial o de una participación intermitente, para poder conciliarlo con su deseo de tener familia (un factor obviamente no monetario).
Aparte de estos macro ejemplos, hay ejemplos experimentales así como reales que
muestran que si bien hay egoístas puros (y todos tenemos algo de egoísta), la mayoría de nosotros 1) somos movidos por un sentido de justicia y no sólo por provecho propio y 2)estamos dispuestos a ser nuestra parte si los demás hacen la suya.9 Ambas consideraciones están en abierta contradicción con la lógica egoísta, característico del supuesto “homo economicus”.
Por ejemplo, innumerable experimentos con el juego del “ultimátum” muestran que las
personas no se mueven solo o principalmente por motivos egoístas. En este ejercicio se les presenta a dos desconocidos la siguiente opción. Se les dará $100.000 bajo la siguiente condición. La persona A le propone a la persona B como se ha de repartir ese dinero, si 90.000 – 10.000, 80.000-20.000, … 50.000-50.000. Si B acepta ambos se quedan con los $100.000 según la repartición propuesta y aceptada. En cambio si B rechaza la propuesta ambos se quedan con $0. No se permite discusión o negociación. Si bien no hay respuesta correcta, típicamente reparticiones menores a 70-30 son rechazadas. Esto es en total violación del presupuesto del homo economicus, pues este debería ofrecer una división 99.000-1.000 en anticipación que B la acepte pues B o se queda con $1.000 (si acepta) o se queda sin nada (si rechaza la división). Como $1.000 es más que $0, B debería aceptar la división de 99-1. Sin embargo, no es así. La mayoría de B rechazan ofertas de menos de 70-30 pues consideran que
ha sido una división injusta. Pese a que se quedarán sin nada, de este modo sancionan al que consideran injusto, ya que el otro también se quedará sin nada. El que muchos A ofrezcan 50-50 o 60-40 se debe o a que ellos mismos quisieran ser justos o porque creen que mucha gente tiene un sentido de la justicia que quedaría ofendida si se les ofrece menos. Confirma esta interpretación una variación del juego anterior. Ahora A no decide que división hacer, si no que saca un número de una computadora que le dice que división proponer. En este caso, los B están mucho más dispuestos a aceptar reparticiones bien desiguales, pues la repartición desigual no es “culpa” del otro si no que fue pura suerte.
En la vida real se observa que por este sentido de justicia, en crisis, somos mucho más reacios a aceptar caídas en nuestros salarios reales por medio de caídas en el salario nominal (con los precios fijos) que por medio de aumentos en los precios, con los salarios nominales constante. En efecto, la caída en el salario nominal la percibimos como doblemente mala: cae nuestro ingreso real (pues tenemos menor salario nominal) y además creemos que nuestro salario ha caído relativo a los demás (pues no podemos saber que los de ellos también han caído), lo que nos parece doblemente injusto. En cambio, si nuestro salario real cae porque sube el nivel de precios, sufrimos sólo un mal, el menor ingreso real; pero como la inflación
afectó a todos, no creemos que hemos sufrido una caída en nuestro salario relativo, por lo que no nos parece tan injusto. Por esta misma razón las empresas son reacias a reducir los salarios a su personal, en crisis, pues temen que sus trabajadores se esfuerzen menos por considerar injusto la rebaja. Todo esto muestra la importancia del sentido de justicia en la economía10.
En otros experimentos se muestra que la gente está predispuesta a colaborar si los demás hacen su parte. Por ejemplo, en el “juego de bien público” se le da $10.000 a cada uno de 4 participantes, quienes no se conocen entre sí y no se volverán a ver. Se les indica que por cada $1.000 que se coloca en el pozo común, el observador doblará el monto en el pozo. De ahí que si, por ejemplo, cada uno deposita $5.000, el pozo llega a $20.000 más los $20.000 adicionales que el observador pone. Ahí se reparte el pozo por igual, con lo que cada uno termina recibiendo $10.000, como su parte del pozo, que, sumado a lo que tenía, hace que tengan $15.000 cada uno o, en total $60.000. Por cierto, si solo uno coloca $5.000, el pozo crece a $10.000, con lo que cada uno recibe $2.500 de vuelta. De ahí que conviene que los demás pongan y uno no, pues el que puso los $5.000 sólo recibe $2.500 de vuelta, quedándose con un
total de $7.500, mientras que los que no colocaron nada, incrementan su total de $10.000 a $12.500 cada uno. El homo economicus, egoísta por naturaleza, aportará nada al pozo, ansiando que los demás pongan. Sin embargo, en los experimentos realizados típicamente se observa que, a diferencia del egoísta que coloca $0, la mayoría de las personas coloca una cifra del orden de $5.000. Esto muestra que hay una predisposición a cooperar; y además se cree que los demás van a hacer su parte.
En el mundo real se observa esto en muchas situaciones. Por ejemplo, en una época yo
les mostraba a amigos extranjeros el centro de Santiago. Cuando íbamos por Paseo Ahumada ellos consideraban que los chilenos eran chanchos pues la calle estaba llena de papeles, puchos y restos de comida. Entonces los llevaba a la estación del metro de la Universidad de Chile.
Cual era su sorpresa cuando veían lo limpio que era. Entonces me decían que los chilenos eran “suizos”. ¿Qué convertía a los “suizos del metro en los “chanchos” de Paseo Ahumada? Obviamente que si uno ve muchos papeles en la calle (como en el Paseo Ahumada) ¿qué tanto importa un papel más? En cambio, como el Metro se mantiene limpio (siempre tiene que haber alguien para los 5% verdaderamente chanchos), el 95% de nosotros no bota su papel en la estación. Estamos dispuestos a hacer nuestra parte si los demás hacen la suya.
Este ejemplo pedestre tiene importantes analogías en la vida económica. Por ejemplo, si uno cree que la mayoría de la gente cumple con pagar sus impuestos, entonces uno está más dispuesto a pagar su parte y no evadir. En cambio, si uno está en una sociedad donde la mayoría evade, y mucho, uno – aunque honesto – se sentiría estúpido si pagara su parte. Por lo tanto también evade, con lo que se genera un círculo vicioso y el problema se agrava.
De igual modo, es posible que uno esté dispuesto a pagar 5% más de impuestos con tal
que los demás lo hagan y así se pueda eliminar la pobreza. En cambio, si uno solo fuera él que diera, sería reacio. Por ejemplo, observemos el cuadro que sigue. Si
Los demás dan 5% Los demás dan nada Yo doy 5% Pobreza = 0% Pobreza = 13-%
Yo doy nada Pobreza = 0+% Pobreza sigue igual =13% nadie da nada, la pobreza sigue en 13%. Si todos pagamos 5% más de impuestos, la pobreza se elimina. Hay dos situaciones intermedias: donde yo doy 5% y los demás dan nada, en cuyo caso la pobreza es casi 13%; y la segunda, donde los demás dan 5% y yo no pongo nada, donde la pobreza virtualmente se elimina (es marginalmente superior a 0%). El egoísta preferirá esta
última opción, pues se elimina virtualmente la pobreza (cosa que le gusta) y él se queda con su ingreso (cosa que también le gusta).
Sin embargo, si la persona es de los que quiere participar en la solución del problema de la pobreza, entonces él preferirá él también dar 5% y hacer su parte. Resulta que muchas personas son así, por lo que, pese a que no estaban dispuestos a donar 5% a los pobres, sí están dispuestos a apoyar una ley que grave sus ingresos en 5% así como a los de los demás, para así cumplir un importante fin social, como es poner fin a la pobreza. Finalmente, hay los verdaderamente heroicos, los motivado por una ética Kantiana, que hacen su parte aún cuando los demás no hacen la suya, pues siempre actúan de tal forma que su principio de actuación fuera generalizable. No obstante, el punto es que no sólo hay egoístas y heroicos si no también buena parte de las personas, y tal vez, la mayoría, son “cooperadores condicionales”,dispuestos a hacer su parte con tal que los demás hagan la suya.
O sea, la economía convencional se equivoca cuando supone que todos actúan exclusivamente movido por su provecho propio, sin consideraciones de justicia. No seremos Madre Teresas o Padre Hurtados, pero la mayoría de nosotros está dispuesta a hacer su parte si los demás hacen la suya. Por lo que la política pública debe diseñarse para despertar este tipo de colaboración y no ignorarla. De igual modo debemos estar conscientes que la gente es movida por consideraciones de justicia. Y reaccionarán a lo que consideran un trato injusto, esforzándose menos, lo que es particularmente evidente en el mercado laboral.

Tema 5: La política económica o economía aplicada
Típicamente en cualquier asunto económico hay opciones. Raras veces hay sólo un curso
de acción, con lo que las consecuencias son inevitables. Donde hay opción, por definición, entran consideraciones valóricas y no solo monetarias para dirimir qué curso de acción tomar.
Por el contrario, es tan raro que no haya opción que habría que sospechar si un Ministro de Hacienda, por ejemplo, insistiera que algún curso de acción fuera inevitable. Más probablemente pretende imponer su juicio valórico tácito. Por ejemplo, puede que el Ministro considere que evitar mayor desempleo en la actualidad requiera no elevar el salario mínimo.
Mas su postura, la de no subir el mínimo, es absolutamente válida si solo importa el empleo y no el nivel del mínimo. Otro, en cambio, podría pensar que aceptar cierto incremento en el desempleo puede valer la pena de elevar en forma significativa el mínimo. Cuál opción es mejor no puede ser determinada por la economía, si no requiere de una valoración ética. Por lo tanto, en la política económica suelen haber opciones y el criterio técnico no puede elegir entre ellas, si no la decisión de cuál es mejor necesariamente requiere de un juicio valórico relativo de las opciones. O sea, el juicio ético es intrínseco a toda la política económica.
Por cierto, pocos son los que tendrían derecho a lanzar la primera piedra en esta materia.
En efecto, todos pecamos en ver lo que queremos ver, o considerar nuestros propios valores como tan obvios que nadie pudiera disentir de ellos.
Conclusión
En conclusión, no es el propósito de este trabajo negar el importante contenido técnico de la economía. Sin embargo, advierto el peligro de que muchos en la profesión tendamos a exagerar el carácter aséptico y técnico de la economía y a menospreciar, cuando no pasar por alto, el contenido valórico de la misma. En el mejor de los casos pecamos de ingenuidad. En el peor de los casos, de intento de encubrimiento.
Esta tendencia de pasar por alto lo valórico o relegarlo a notas a pie de la pagina se ha agravado por dos consideraciones adicionales. Primero, una tendencia reduccionista en la economía: de maximizar una función de bienestar social, pasamos a una función social que es la simple suma de las utilidades individuales, como si estas fueran independientes entre sí – y como hemos visto, nos importa mucho los demás y como nos va respecto ellos. Y finalmente la reducción tácita de la utilidad individual al aspecto monetario, cuando, como hemos visto, nos importa mucho también que seamos tratados en forma justa.
En segundo lugar, hemos tendido a cierto “imperialismo”. El éxito del aparataje
económico, la posibilidad de medir y cuantificarlo, nos ha impelido a aplicar el mismo tipo de análisis a ámbitos aparentemente ajenos a la economía, como son el crimen, el matrimonio, la política, entre tantos campos más. No cabe duda que se enriquece el análisis cuando se incorporan intuiciones de varias disciplinas. Mas si la economía entra como “la” explicación fundamental, y esta entrada es de la economía en su forma más reduccionista, no es de extrañar que se nos vea como arrogantes. El conjunto de estas tendencias – el pasar por alto lo valórico, el reduccionismo y cierto imperialismo disciplinario - explica, en mi opinión, gran parte de la
incomunicación entre muchos economistas y teólogos, filósofos y otros cientistas sociales.
Superarlo requiere de una mucho mayor conciencia de parte de los economistas de los
múltiples interfaces entre la economía y lo valórico.

1 Ver, por ejemplo, Joseph Ramos, Más allá que la economía, más acá de la utopía (CIEPLAN, Santiago,1991).
2 Véase al respecto el libro de F. Fukuyama, Trust (Simon and Schuster, 1995, New York).
3 Ver al respecto, por ejemplo, I. Kristol, “Capitalism, socialism and nihilism”, The Public Interest 1973).
4 Ver al respecto M. Walzer, Spheres of Justice, (Basic Books, New York, 1983).
5 Ver lo obra clásica al respecto de Richard Titmuss, The Gift Relationship: from human blood to social policy (The New Press, 1997, New York).
6 Ver, por ejemplo, K. Basu “The economics of child labor” en Scientific American, octubre de 2003.
7 Ver “Buying babies bit by bit” en The Economist, 23 de diciembre de 2006.
8 Ver al respecto, por ejemplo, R. Axelrod, The evolution of cooperation ((Basi Books, New Cork, 1984) y B. Barry y R. Hardin (eds.) Rational Man and Irrational Society (Sage Publications, California, 1982).
9 Ver al respecto Gintis, Bowles, Boyd y Fehr (eds.) Moral sentiments and material interests (MIT Press, Cambridge, 2008) y Sigmund, Fehr y Nowak, “The economics of fair play”, The Scientific American (enero de 2002).
10 Ver al respecto, G. Akerlof y R. Shiller Animal Spirits (Princeton University Press, 2009)

miércoles, 18 de junio de 2008

Ética de los Negocios

Joaquín Peón Escalante
La ética de los negocios es una reflexión, no es una imposición, no son recetas morales. En el libro: "Ética de la empresa", de Adela Cortines, española, se dice: "la meta de la actividad empresarial es la satisfacción de las necesidades humanas", en este sentido la ética de la empresa tiene por valores irrenunciables la calidad en los productos, la gestión, la honradez en el servicio, el mutuo respeto a las relaciones internas y externas de la empresa, la cooperación por la que conjuntamente aspiramos a la calidad, etcétera.
Otros autores afirman que la ética de los negocios estudia la justificación moral de los sistemas económicos. Considerando las estructuras de los sistemas económicos los hay más morales y hay más inmorales, me refiero a lo que subyace atrás de los sistemas económicos y de sus prácticas. Existen diversos enfoques de la ética de los negocios, por citar algunos: el que subraya las responsabilidades y los derechos de los trabajadores, el de la responsabilidad de los consumidores y el de la degradación del medio ambiente.
Se afirma que lo que distingue a las sociedades que tienen una posibilidad de progreso es su ética individual. Siempre la ética es individual, aunque esté condicionada por el contexto social o los grupos la decisión final siempre es individual, tal vez con riesgo de la vida se puede uno negar a hacer muchas cosas. No voy a hablar de lo individual o lo estatal, o sea, la sociedad completa, sino de las universidades, industrias, gobiernos, empresas, es este nivel organizacional donde yo considero que se puede dar el cambio mayor.
En las empresas, donde se está manejando una ética, yo he sido consultor veinte años, sientes que se respira un ambiente de paz, de tranquilidad, como que todo el mundo se lleva bien, sus ventas van creciendo algo ocurre en las empresas o universidades honestas que las distingue ... tienen una ventaja competitiva. La consecuencia de la corrupción es un ambiente más violento y más destructivo.
En 1977 nos llegaba una publicación que se llamaba "Cambio Organizacional", el enfoque de la publicación era el mundo del trabajo, se centraba en las gentes que decidían, no sólo por aspectos de ingeniería industrial, comprar nuevas maquinarias, sino la decisión de ir siendo más creativos. Se cuestionaba este sistema para mejorarlo. Esto desembocó en varias cosas, entre ellas, los círculos de calidad.
La ética, como decía antes, no estaba en ciertas empresas y era algo que les hacía pensar a algunos empresarios que valía la pena esforzarse por lograrlo
A mí me impresionó mucho hace unos meses un conferenciante norteamericano que dijo una definición de ética que es la que yo usaba para calidad, "dicen que la calidad -esto lo dijeron varios pensadores norteamericanos- es hacer las cosas bien hechas", no simplemente hacerlo bien a la primera, sino "haz bien lo que tengas que hacer" y mucha gente creyó que la calidad sólo era hacer las cosas bien, pero las gentes que van un poco más a fondo se dieron cuenta que la calidad no sólo era hacer las cosas bien, sino sobre todo, "hacer lo correcto", de nada serviría que tuvieras ahora una fábrica de reglas de cálculo.
Lo mismo pasa con la ética, la ética no es sólo portarse bien y lavarse los dientes tres veces al día, sino hacer lo que debes hacer.
Esta idea me llevó a buscar a quienes estaban haciendo las cosas bien desde las empresas y creamos entre varios amigos, de una manera muy informal, lo que llamamos "El premio de calidad", una serie de organizaciones nos enviaban sus reportes y el primer año ganó el premio una empresa de Seguros, hoy fusionada con otras. Me llamó la atención, porque hace veinte años tenían un programa que se llamaba "Compromiso de calidad", el mismo nombre que Pemex puso a su programa, trataba con respeto a sus trabajadores, los escuchaba, había muchas juntas para tomarlos en cuenta, había muchos esfuerzos por hacer las cosas juntos. Esta empresa era dirigida primero por Manuel Senderos y luego por Guillermo Cantú y tenían el 30 por ciento del mercado.
Al segundo año la que ganó fue la UNAM, pero no toda la UNAM, por supuesto, sino el sistema de Biblioteca, nos metimos a ver todo lo que ocurría y tenían un sistema de 172 bibliotecas que daban un servicio a un numeroso grupo de estudiantes con un costo muy bajo, y un grupo de gentes, dirigidas por un doctor, Nava, había creado un clima muy participativo de mucha orientación a los estudiantes, y donde ellos tenían incentivos, sistemas de premiar sus logros, un sistema muy mejorado, nos dio mucho gusto que ganaran.
El tercer año, una filial del grupo Cytsa que hacían partes de plástico y aluminio, empaques sofisticados, aplicaban un sistema sociotécnico, y luego aquí Crysel en Guadalajara y después en San Luis Potosí siguieron este modelo, esta empresa la dirigía Don Andrés Marcelo Sada y a parte del éxito comercial y financiero, a los que nos dedicábamos a la productividad en esa época, nos enseñaron que la calidad era el mejor camino para lograr eficiencia. Nosotros pensábamos que lograr eficiencia era conjuntar muchas cosas humanas y técnicas, pero no nos habíamos dado cuenta que al hacer las cosas bien se hacen a un mejor costo.
El cuarto año ya no hubo ganadores, de los que participaban realmente ninguno lo merecía, y después se acabó el premio que dábamos nosotros, pero seguimos investigando y encontramos otros casos que pudieron haber ganado el premio y no lo ganaron, como el de Bimbo, una empresa mexicana con 60 mil empleados, como ocho mil camiones que están repartiendo pan fresco y recogiéndolo, todos los días. Su objetivo, dice el director de Bimbo, tratar con equidad y con justicia a los trabajadores, ¿qué pasó con Bimbo en el 94, cuando muchas empresas se vinieron abajo?, ¿saben a cuantos trabajadores despidió Bimbo?, a ninguno, la demanda de los productos Bimbo siguió, tuvieron que "apretarse un poquito el cinturón", están en 9 países de Sudamérica, en Argentina, Colombia, Brasil, etcétera, produciendo pan, ¿cuál es el secreto de Bimbo? Una ética de trabajo muy clara.
Otros ejemplos muy claros y que no ganaron el premio, son por ejemplo, la Constructora ICA, ¿saben que hizo la empresa ICA? El ingeniero Bernardo Quintana hizo algo muy atrevido en México, que desafortunadamente otros no lo siguieron, decidió que todos los ingenieros son socios, si le va bien a la empresa, le va bien al trabajador, es un modelo social de empresa. El ingeniero Bernardo Quintana, el que más tiene, tiene 4 por ciento de las acciones, hay muchas personas que tienen 1 por ciento o menos, entonces, cuando le va mal a la compañía, no sólo va mal tu empleo, sino a tus ahorros que están ahí. Bimbo también ha vendido muchas acciones a sus trabajadores.
Otro grupo que también está aquí en Guadalajara y tiene muchas empresas es el grupo Condumex, el estilo de ellos yo lo llamo "de gerencia totalmente responsable", es una empresa que hace anillos para pistones, esta empresa tenía otra empresa y tenía un sindicato de izquierda radical, en vez de destruirlo decidieron hablar con él, y este sindicato llevó a la empresas a niveles de calidad extraordinarios.
Cuando la Nissan se fue a Aguascalientes y abrió esta planta grandísima de ahora, va a producir más de mil coches por día, el gobernador, que era priísta, pidió que el sindicato fuera de la CTM, entonces, todos los trabajadores, ya que tenían la opción de decidir, pidieron que el sindicato fuera del PAN, yo les hice una investigación y era un modelo de empresa, tenía trabajadores libres, pensantes, no obligados.
Otro caso es la cervecería Modelo, por ahí, estudiando la vida de Don Carlos Diez me encontré con que había sido benedectino, cuando salió se dio cuenta que no tenía vocación, pero después de ser benedectino tomó un barco y se vino a México. Los benedictinos le prestaron 20 mil pesos e incursionó en varias cosas y finalmente puso la Cervecería Modelo, por los años 20. Cuando ustedes van a la Cervecería Modelo ven el trato que le dan a los trabajadores, el ambiente de respeto, los sueldos, los incentivos, pero también el ambiente de respeto. Hoy en día la cerveza Corona es la primera de exportación en Estados Unidos, vende más que ninguna cerveza alemana u holandesa en el mercado más grande del mundo. Es la número uno, sin influencias, sin arreglos, está en muchos países del mundo. En México que tenían el 28 por ciento del mercado, hoy tienen el 58, o sea, ni juntas Motectezuma y Cuauhtémoc llegan a su producción. ¿Qué pasó ahí?, que la gente no es tonta, vieron la ética de la organización, y claro pasaron muchas cosas más de estrategia de mercadotecnia , pero la mejor estrategia de mercadotecnia cuando hay conflictos internos, huelgas, desavenencias, fracasa. Yo recuerdo una época en que decían que no se comprara Volkswagen, porque había un conflicto laboral y los obreros estaban descomponiendo los coches en la planta y era un automóvil peligroso.
Hace unas semanas estuvo en la Ibero un profesor, especialista en sistemas, autor de libros como "diseñando el futuro", uno de los grandes especialistas en el mundo del pensamiento sistémico, la visión estratégica, y nos dijo ahí, "ofrecer calidad de vida al trabajador no sólo es lo correcto, sino que es el mejor camino", los empleados, decía, "tratan a los clientes como ellos mismos se sienten tratados.
Algunos, los más visionarios, se han dado cuenta que la calidad no es cuestión de decir, somos excelentes, somos los mejores, verse en el espejo y decir, "yo soy el más guapo de todos", sino que realmente se dieron cuenta que la calidad era algo muy complejo, no era un destino, sino que era un camino, todo un proyecto de cambio a largo plazo, una filosofía de cambio, para satisfacer las necesidades cada vez más crecientes de un consumidor más exigente, más observador, un consumidor que ya tenía opciones y que no era tonto. La calidad empezó a ser el objetivo de las empresas de avanzada.
En Guadalajara hay dos o tres empresas ganadoras del "Premio a la Calidad", lo primero que encuentras en todas ellas es un sentido de autocrítica. Yo recuerdo el primer año, que le hablé al director general de Hylsa, la planta de Puebla, y le dije, "se va a sacar el premio" y me dijo: "oye no es posible, es que somos malísimos" y año tras año se ha repetido este hecho. Los mejores, los más avanzados dicen "yo no lo merezco", La gente de calidad es así, de hecho yo tengo una regla que dice, "dime de qué presumes y te diré de qué careces", mientras una empresa se haga mas autopropaganda, casi seguro que es muy mala.
La calidad, también nos dimos cuenta, tiene que ver, con la credibilidad, no sólo tiene que haber sistemas de calidad, sino un director general comprometido, visionario, rediseñando su empresa, un hombre austero, ejemplar. Recuerdo una empresa donde todo el mundo llegaba tarde, hicieron todo tipo de cosas, pusieron relojes silbadores, regaños en los tableros, amenazas ... y la gente seguía llegando tarde, y es que el director general llegaba a las nueve y media todos los días, el ejemplo básico es el que sigue la gente,
La calidad es también liderazgo, es crear valor agregado para la sociedad, crear valor, dar más por menos. Me contaban en una empresa que la primer computadora que compraron era una Burroghs, la pusieron en una habitación de gran tamaño, donde sólo entraban unos sujetos de bata blanca, tenía 16 megas de potencia, ahora, cualquiera tiene mucha más capacidad que la que ocupaba todo ese cuarto. Eso es crear valor en computación. Las computadoras cada 18 meses, hay una regla, doblan la potencia y bajan a la mitad de precio, eso es calidad, cada vez tiene más por menos y más confiabilidad, más seguridad, hoy además te puedes conectar a Internet, puedes llamar por teléfono, recibir o mandar faxes, pero cuesta menos o cuesta lo mismo, eso es calidad.
En este contexto de calidad total, por 1989, nos dimos cuenta que lo que se premiaba era el cumplimiento de las normas, fíjense que absurdo, se premiaba por entregar cemento por cemento, leche por leche, leche. En 1989 ya había 200 empresas que lo habían ganado, estaban los tequileros de aquí de Jalisco, Sauza, Cuervo, y yo dije, ah caray pues qué raro, este tequila cuesta 80 pesos, el otro 40, el otro veinte y los tres lo ganan, nos pareció medio absurdo.
Nosotros empezamos a ver un segundo aspecto, la calidad la va a definir el usuario, la calidad, no somos nosotros los que decimos que somos buenos, la calidad es objetiva. La calidad la juzga el otro. Una marca de tequila puede tener muchas medallas, pero vamos a ver quien está conquistando el mercado japonés, quien está conquistando el mercado local, vamos a ver el precio, ¿cuanto está dispuesto el consumidor a pagar, porque aprecia la calidad de este producto?.
El tercer aspecto que me parece que es muy importante, y este es más filosófico, es la relación entre calidad total y ética. En el modelo anterior de calidad total siempre había inspectores, siempre había alguien que te decía tienes que hacer esto y lo otro. Ustedes recuerdan un anuncio de Volkswagen de hace varios años, se veía un coche y muchos señores de bata blanca, por lo tanto, calidad es donde hay muchos policías, muchos inspectores, pero el modelo de calidad total es otro concepto. Estuve en Silao en la planta de General Motors, ahí, todos los obreros tienen sus sistemas de control de estadísticas, si un obrero encuentra que hay productos que están saliendo fuera de la norma 1100, tiene capacidad de parar la planta, el jefe, el supervisor, el superintendente es él mismo, el que decide, y es un valor. Creemos en el ser humano, en el hombre, en la mujer, en su capacidad de autogestión, de decidir por sí mismo. La calidad es un proceso de mejoramiento continuo, no solamente se trata de llegar a ella, de echarle muchas ganas, como los entrenadores de fútbol, la calidad ante todo es diseñar sistemas confiables que garanticen, qué va a pasar. ¿Por qué me subo en ese avión?, porque tiene sistemas de seguridad, si nó no me subiría, tiene un sistema de respaldo, si el piloto hace el error, el sistema de frenos electrónicos corrige los errores. La calidad por lo tanto, no se hace con normas externas, se hace con sistemas, con personas de calidad, es una cultura organizacional de superación.
Vuelvo a la ética. Había aspirantes al premio, empresas que tenían muy alta calidad, había una de ellas que había tenido un conflicto tan fuerte, que tenía dos muertes en la planta, no podían ganar, tenían ISO 9000, pero no podían ser ganadores. Varias empresas, hasta una universidad trataron de ganar el premio usando influyentismo, hicieron un plantón en Secofi, dieron un telefonazo a gente influyente, al Presidente y al Secretario de comercio. Estas empresas se adornaban y nos dimos cuenta que nos estaban mintiendo, nos desilusionamos mucho.
En el mismo 92 y 93, me llamaron del Instituto Nacional de Nutrición, es un Instituto que está en el Sur de la ciudad de México, tiene 52 años y es de los más importantes de México. Sin embargo, entre los primeros resultados, observamos que no tenían procesos formales de calidad. Una tarde que fuimos a entrevistar al doctor Salvador Subirán, el fundador del Instituto, nos dijo: ¿no conocen ustedes la mística del Instituto?, le dije pues no doctor. Nos sacó una hoja que se llama "la mística del Instituto", la escribió el doctor Subirán con el grupo de médicos y enfermeras que le ayudaban en los inicios, todos hicieron el compromiso. "Entregar el pensamiento y la acción, sin límites de tiempo y esfuerzo; a la atención de los enfermos, tener permanente apego a la más estricta ética profesional, luchar por el prestigio de la Institución antes que el propio, con orgullo de pertenecer a la Institución.
Además de las organizaciones hay que considerar la cultura de las naciones, el gran contexto. En los diversos países también se capta una ética, en las calles se percibe la paz o la inconformidad de las manifestaciones. Podemos aplicar a los países lo que dijimos de las organizaciones. Donde hay agresiones físicas, inseguridad, aunque hayan logrado una gran nivel de desarrollo tecnológico, algo anda mal, hay que revisar la ética.
Ya para terminar, lo quisiera hacer con una nota optimista: la naciente democracia mexicana. Algunos partidos de oposición se están dando cuenta de que sí se puede. Para la elección del año 2 mil, lo más importante es el aspecto ético de confiabilidad, es decir, si podemos confiar en esa persona, la que sea, candidato del partido que sea. Otra de las cosas que están ocurriendo éticamente bien en México, por ejemplo, son las asociaciones. Las hay de todo tipo y son un indicador de democracia y participación. Dentro del país que se hunde, está el país que nace.
Quisiera dejar un toque de esperanza, yo siento que ya ha llegado la hora de la ética en México, de la ética en las universidades, de la ética en las organizaciones, de una cultura de corrección, una cultura de confiabilidad, este es el momento de México, si ahora no colaboramos todos para crear este nuevo movimiento de ética, si ahora no, ¿cuándo?, ¿si no empezamos aquí? ¿en dónde? ¿si no lo hacemos nosotros? ¿quién

La Ética de los Negocios

Robert C. Solomon
Peter Singer (ed.), Compendio de Ética
Alianza Editorial, Madrid, 1995 (cap. 31, págs. 483-498)


Maldito sea el público. Yo estoy trabajando para mis accionistas.
William Vanderbilt
1. Introducción
La ética de los negocios ocupa una posición peculiar en el campo de la «ética aplicada». Al igual que sus homólogas en profesiones como la medicina y el derecho, consiste en una aplicación insegura de algunos principios éticos muy generales (del «deber» o la «utilidad», por ejemplo) a situaciones y crisis específicas y a menudo únicas. Pero a diferencia de aquellas, la ética de los negocios se interesa por un ámbito de la empresa humana la mayoría de cuyos practicantes no gozan de estatus profesional y cuyos motivos por expresarlos suavemente, no suelen ser considerados precisamente nobles. A menudo se cita la «codicia» (antiguamente llamada «avaricia») como el único móvil de la vida de los negocios, y por consiguiente la historia de la ética de los negocios no es muy halagadora para éstos. En cierto sentido, podemos remontar esa historia a la época medieval y antigua, tiempos en los que, al margen de los ataques a los negocios desde la filosofía y la religión, pensadores prácticos como Cicerón prestaron una gran atención a la cuestión de la equidad en las transacciones comerciales ordinarias. Pero asimismo, durante una gran parte de esta historia el centro de atención estuvo casi por completo en estas transacciones particulares, impregnando este ámbito de una fuerte sensación de lo ad hoc, una práctica supuestamente no filosófica que solía rechazarse como «casuística».
Así pues, el objeto de la ética de los negocios en su acepción actual no tiene mucho más de una década. Hace sólo diez años, su materia era aún una tosca amalgama de un examen rutinario de las teorías éticas, de unas pocas consideraciones generales sobre la justicia del capitalismo, y de algunos casos de negocios ya prototípicos, la mayoría de ellos desgracias, escándalos y catástrofes que mostraban la cara más tenebrosa e irresponsable del mundo empresarial. La ética de los negocios era un asunto carente de credenciales en el conjunto de la filosofía «principal», sin un ámbito conceptual propio. Tenía una orientación excesivamente práctica incluso para la «ética aplicada» y, en un mundo filosófico cautivado por ideas no mundanas y mundos meramente «posibles», la ética de los negocios estaba demasiado interesada por la moneda corriente del intercambio cotidiano: el dinero.
Pero la propia filosofía se ha decantado de nuevo hacia el «mundo real» y la ética de los negocios ha encontrado o se ha hecho un lugar en la unión entre ambos. Las aplicaciones nuevas y la sofisticación renovada de la teoría de juegos y de la teoría de la elección social han permitido introducir un análisis más formal en la ética de los negocios y, lo que es mucho más importante, la interacción y la inmersión de los especialistas de la ética de los negocios en el mundo efectivo de los ejecutivos de empresa, de los sindicatos y de los pequeños empresarios ha consolidado los elementos antes difícilmente fusionados en un objeto propio, ha suscitado el interés y la atención de los directivos y ha convertido a los antiguos especialistas «académicos» en participantes activos en el mundo de los negocios. Podría decirse incluso que éstos consiguen hacerse oír en ocasiones.
2. Breve historia de la ética de los negocios
En sentido amplio, la actividad de los negocios existe al menos desde que los antiguos sumerios emprendiesen -según Samuel Noah Kramer- una actividad comercial amplia y registros contables hace casi seis mil años. Pero los negocios no han sido siempre la empresa básica y respetable que es en la sociedad moderna, y durante la mayor parte de la historia la concepción ética de los negocios ha sido casi totalmente negativa. Aristóteles, que merece ser reconocido como el primer economista (dos mil años antes de Adam Smith) distinguió entre dos acepciones diferentes de lo que denominamos economía. Uno era el oikonomíkos o comercio doméstico, que aprobaba y consideraba esencial para el funcionamiento de cualquier sociedad incluso poco compleja, y el chrematisike que es el comercio para el lucro. Aristóteles consideraba esta actividad totalmente desprovista de virtud y a quienes se dedicaban a estas prácticas puramente egoístas los denominaba «parásitos». El ataque de Aristóteles a la práctica repugnante e improductiva de la «usura» estuvo en vigor virtualmente hasta el siglo XVII. Sólo participaban en prácticas semejantes los foráneos, situados al margen de la sociedad, pero no los ciudadanos respetables. (El Shylock de Shakespeare en El mercader de Venecia, era un «outsider» y un usurero.) Esta es, en un gran lienzo histórico, la historia de la ética de los negocios -el ataque global a los negocios y a sus prácticas. Jesús expulsó del templo a los que cambiaban moneda, y los moralistas cristianos desde San Pablo a Santo Tomás y Martín Lutero siguieron su ejemplo condenando taxativamente la mayor parte de lo que hoy honramos como «el mundo de los negocios».
Pero si la filosofía y la religión dirigieron la condena de la ética de los negocios, también éstas protagonizaron el drástico vuelco hacia los negocios a comienzos de la época moderna. Juan Calvino y luego los puritanos ingleses enseñaron las virtudes de la frugalidad y la diligencia, y Adam Smith canonizó la nueva fe en 1776 en su obra maestra La riqueza de las naciones. Por supuesto, la nueva actitud hacia los negocios no fue una transformación de la noche al día y se asentó en tradiciones con una dilatada historia. Los gremios medievales, por ejemplo, habían creado sus propios códigos de «ética de los negocios» específicos para la industria mucho antes ele que los negocios pasaran a ser la institución central de la sociedad, pero la aceptación general de los negocios y el reconocimiento de la economía como estructura central de la sociedad dependieron de una nueva forma de concepción de la sociedad que exigió no sólo un cambio de sensibilidad religiosa y filosófica sino, subyaciendo a ésta, un nuevo sentido de la sociedad e incluso de la naturaleza humana. Esta transformación puede explicarse en parte en términos de desarrollo urbano, de sociedades mayores y más centralizadas, de la privatización de los grupos familiares como consumidores, del rápido progreso tecnológico y del crecimiento de la industria y el desarrollo asociado de las estructuras, necesidades y deseos sociales. Con la obra clásica de Adam Smith, lo chrematisike se convirtió en la institución central y la virtud principal de la sociedad moderna. Pero la devaluada versión popular («la codicia es buena») de la tesis de Smith difícilmente favoreció al objeto de la ética de los negocios («¿no es eso una contradicción en los términos?»), y la moralización sobre los negocios conservó su sesgo antiguo y medieval contra esta actividad. Hombres de negocios como Mellon y Carnegie ofrecieron conferencias públicas sobre las virtudes del éxito y la nohlesse oblige de los ricos, pero la ética de los negocios como tal fue desarrollada en su mayor parte por socialistas, como una continua diatriba contra la amoralidad de la mentalidad de los negocios. Sólo muy recientemente una concepción más moral y honorable de los negocios ha empezado a dominar el lenguaje de los negocios, y con ella se ha extendido la idea de estudiar los valores e ideales subyacentes de los negocios. Podemos comprender cómo la libertad del mercado siempre será una amenaza a los valores tradicionales y contraria al control gubernamental, pero ya no podemos llegar retóricamente a la conclusión de que el propio mercado carece de valores o de que los gobiernos sirven mejor que los mercados al bien público.
3. El mito de la motivación del beneficio
La ética de los negocios ya no está exclusivamente centrada sobre todo en la crítica de los negocios y de la práctica de éstos. Los beneficios ya no son condenados junto a la «avaricia» en sermones moralizantes, y ya no se concibe a las empresas como monolitos sin cara, sin alma y amorales. Lo que interesa ahora es simplemente cómo debe concebirse el beneficio en el contexto más amplio de la productividad y la responsabilidad social y la manera en que las corporaciones, en calidad de comunidades complejas, mejor pueden servir tanto a sus propios empleados como a la sociedad que les rodea. La ética de los negocios ha pasado de un ataque totalmente crítico al capitalismo y a la «motivación por el beneficio» a un examen más productivo y constructivo de las normas y prácticas subyacentes de los negocios. Pero el antiguo paradigma -lo que Richard DeGeorge ha denominado «el mito de los negocios amorales»- pervive, no sólo entre el público suspicaz y entre algunos filósofos de orientación socialista sino también entre muchos hombres de negocios. Por consiguiente, la primera tarea de la ética de los negocios consiste en abrirse paso a través de mitos y metáforas incriminatorios que oscurecen en vez de clarificar el ethos subyacente que hace posible los negocios.
Toda disciplina tiene su propio vocabulario autoglorificador. Los políticos se deleitan en las nociones de «servicio público» mientras persiguen el poder personal, los abogados defienden nuestros «derechos» a cambio de unos considerables honorarios y los profesores describen lo que hacen en el lenguaje noble de «la verdad y el conocimiento» mientras dedican la mayor parte de su tiempo y energías a la política universitaria. Pero en el caso de los negocios, el lenguaje autoglorificador es a menudo especialmente poco lisonjero. Por ejemplo, los ejecutivos siguen hablando de lo que hacen en términos de la «motivación por el beneficio», sin advertir que la expresión fue inventada por los socialistas del siglo pasado como un ataque a los negocios y a su cicatera búsqueda de dinero con exclusión de todas las demás consideraciones y obligaciones. Sin duda un negocio aspira a obtener beneficios, pero lo hace sólo proporcionando bienes y servicios de calidad, creando empleos y encajando en la comunidad. Individualizar el beneficio más que la productividad o el servicio público como objetivo central de la actividad de los negocios no es más que buscar problemas. Los beneficios como tales no son la meta o el fin de la actividad de los negocios: los beneficios se distribuyen y reinvierten. Los beneficios constituyen un medio para construir el negocio y remunerar a los empleados, ejecutivos e inversores. Para algunos, los beneficios pueden ser un medio de «marcarse un tanto», pero incluso en esos casos el objetivo es el estatus y la satisfacción de «ganar», y no los beneficios como tales.
Una autoimagen del ejecutivo más elaborada pero no muy diferente es aquella según la cual los directivos de un negocio están obligados ante todo por una única obligación, a saber, maximizar los beneficios de sus accionistas. No tenemos que indagar si ésta es la motivación real subyacente a la mayoría de las decisiones de la alta dirección para señalar que, si bien los directivos reconocen que sus propios roles en los negocios están definidos principalmente por obligaciones más que por la «motivación por el beneficio», esa poco lisonjera imagen simplemente se ha transferido a los accionistas (es decir, a los propietarios). ¿Es verdad que los inversores/propietarios sólose preocupan por la maximización de sus beneficios? ¿Es el accionista, en última instancia, la encarnación de ese inhumano horno oeconomicus extremadamente desprovisto de responsabilidad cívica y orgullo, desinteresado por las virtudes de la empresa que posee, aparte de aquellos riesgos que le pueden hacer vulnerable a pleitos legales costosos? Y si algunos inversores de «meter y sacar» a los cuatro meses se preocupan realmente sólo por aumentar sus inversiones en un treinta por ciento o así, por qué estamos tan seguros de que los directivos de la empresa tienen una obligación para con ellos distinta a la de no derrochar intencionadamente o desperdiciar su dinero? La búsqueda de beneficios no es el fin último, y mucho menos el único fin de los negocios. Es más bien una de las muchas metas y constituye más un medio que un fin en sí.
Así es como comprendemos erróneamente los negocios: adoptamos una visión demasiado estrecha de lo que es esta actividad, por ejemplo la búsqueda de beneficios, y a continuación deducimos conclusiones no éticas o amorales. IL5 este enfoque inexcusablemente limitado a los «derechos de los accionistas», por ejemplo, el que se ha utilizado para defender algunas de las «Opas hostiles» muy destructivas y sin duda improductivas de las grandes empresas en los últimos años. Por supuesto, esto no equivale a negar el derecho de los accionistas a un rendimiento justo, ni tampoco a negar las «responsabilidades fiduciarias» de los directivos de una empresa. Sólo quiere decir que estos derechos y responsabilidades sólo tienen sentido en un contexto social más amplio y que la idea misma de la «motivación del beneficio» como fin en sí -frente a los beneficios como medios para estimular y recompensar un trabajo duro y una inversión, la construcción de un mejor negocio y un mejor servicio a la sociedad- constituye un serio obstáculo para comprender el rico tapiz de motivos y actividades que configura el mundo de los negocios.
4. Otros mitos y metáforas asociados a los negocios
Entre los mitos y metáforas más perjudiciales del discurso sobre los negocios se encuentran los conceptos machistas «darwinianos» de la «supervivencia de los más aptos» y de «los negocios son una jungla» (para el origen de estas nociones, véase el artículo 44, «El significado de la evolución»). Por supuesto, la idea subyacente es que la vida en los negocios es competitiva, y que no siempre es justa. Pero este par de ideas obvias es muy diferente de las representaciones de una «merienda de lobos» o de «cada cual va a la suya», rutinarias en el mundo de los negocios. Cierto es que los negocios son y deben ser competitivos, pero no es verdad que esta competición sea a muerte o caníbal ni que «uno hace lo que puede para sobrevivir». Por competitiva que pueda ser una industria particular, siempre se basa en un núcleo de intereses comunes y normas de conducta convenidas mutuamente, y la competencia no tiene lugar en una jungla sino en una comunidad a la que presumiblemente sirve y de la que depende a la vez. La vida de los negocios es ante todo fundamentalmente cooperativa. Y la competencia sólo es posible dentro de los límites de los intereses compartidos en común. Y al contrario de como lo quiere la metáfora de la selva -«cada cual a la suya»-, los negocios casi siempre suponen grandes grupos que cooperan y confían entre si, no sólo las propias corporaciones sino las redes de proveedores, personal de servicios, clientes e inversores.
La competencia es esencial para el capitalismo, pero concebirla como una competencia «desenfrenada» es socavar la ética y además comprender erróneamente la naturaleza de la competencia (por la misma razón también deberíamos mirar con suspicacia la conocida metáfora de la «guerra», tan popular en muchas salas de juntas y la actual metáfora del «juego», así como el énfasis por «ganar» que tiende a convertir el serio empeño de «ganarse la vida» en algo así como un deporte encerrado en sí mismo).
La metáfora más persistente, que parece resistir frente a toda evidencia en su contra, es la del individualismo atomista. La idea de que la vida de los negocios consiste totalmente en transacciones convenidas entre ciudadanos individuales (evitando la interferencia gubernamental) puede remontarse a Adam Smith y a la filosofía dominante en la Inglaterra del siglo XVIII. Pero en la actualidad la mayor parte de la vida de los negocios consiste en funciones y responsabilidades en empresas cooperativas, tanto se trate de pequeños negocios familiares o de gigantescas corporaciones multinacionales. El gobierno y los negocios son tan a menudo socios como adversarios (por frustrante que pueda parecer en ocasiones el laberinto de la «regulación»), bien por medio de subvenciones, aranceles y exenciones fiscales o bien como socios en estrecha cooperación («Japan, Inc.» y proyectos tan vastos como el transbordador espacial de National Aeronautics y la Administración del Espacio). Pero el individualismo atomista no es sólo inexacto dada la complejidad empresarial del actual mundo de los negocios; parte de la ingenua suposición de que ni siquiera la más simple promesa, contrato o intercambio están exentos de normas y prácticas institucionales. Los negocios son una práctica social, y no una actividad de individuos aislados. Esta actividad sólo es posible porque tiene lugar en una cultura con un conjunto establecido de procedimientos y expectativas, cosas que (excepto en los detalles) no están expuestas a las intervenciones individuales.
Por consiguiente, es un signo de considerable progreso el hecho de que uno de los modelos dominantes del pensamiento empresarial actual sea la idea de una «cultura empresarial». Como cualquier otra analogía, ésta tiene por supuesto sus contraejemplos, pero es importante apreciar el sentido de esta metáfora. Este sentido es social, de rechazo al individualismo atomista. Reconoce el lugar de las personas en la organización como la estructura fundamental de la vida de los negocios. Suscribe abiertamente la idea de una ética. Reconoce que los valores comunes mantienen unida a una cultura. Aún deja lugar para la actuación individualista «por libre», la del «emprendedor», pero también ésta sólo es posible en tanto deje un lugar (importante) a la excentricidad y la innovación. Pero asimismo, el problema de la metáfora de la «cultura» es que tiende a estar demasiado encerrada en sí misma. Una empresa no es como una tribu aislada de las Islas Trobriand. Una cultura empresarial es una parte inseparable de una cultura más amplia, a lo sumo una subcultura (o una cultura de subcultura), un organelo especializado de un órgano de un organismo. En realidad lo que caracteriza a todos estos mitos y metáforas es la tendencia a concebir los negocios como un empeño aislado y encapsulado, con valores diferentes de los valores de la sociedad que los rodea. La primera tarea de la ética de los negocios es romper esta sensación de aislamiento.
5. Microética, macroética y ética molar
Podemos distinguir bien entre tres (o más) niveles de los negocios y de la ética de los negocios, desde el ámbito micro -las normas de intercambio justo entre dos individuos-, al ámbito macro -las normas institucionales o culturales del comercio para toda una sociedad («el mundo de los negocios»). También deberíamos delimitar un área que podemos denominar el nivel molar de la ética de los negocios, que versa sobre la unidad básica del comercio actual: la corporación. Por supuesto, la microética de los negocios es en gran medida una parte de la ética tradicional: la naturaleza de las promesas y otras obligaciones, las intenciones, consecuencias y otras implicaciones de las acciones de un individuo, la fundamentación y la naturaleza de los diversos derechos individuales. Lo peculiar a la microética de los negocios es la idea de intercambio justo y, con ella, la noción de salario justo, trato justo, y de lo que se puede considerar una «negociación» frente a lo que es un «robo». Aquí es especialmente pertinente la noción aristotélica de justicia «conmutativa», e incluso los antiguos solían preocuparse, de tanto en cuanto, de si, por ejemplo, el vendedor de una casa estaba obligado a comunicar al comprador en potencia que el techo estaba en mal estado y podía dejar pasar el agua con las primeras lluvias copiosas.
Por su parte, la macroética está integrada en las cuestiones más amplias sobre la justicia, la legitimidad y la naturaleza de la sociedad que en conjunto constituyen la filosofía social y política. ¿Cuál es el objeto del «libre mercado»?, o ¿existe en algún sentido un bien en sí, con su propio telos? ¿Son primarios los derechos de propiedad privada, en algún sentido previos al contrato social (como han afirmado John Locke y más recientemente Robert Nozick) o bien también hemos de concebir el mercado como una práctica social compleja de la cual los derechos son sólo un componente? ¿Es «justo» ~ sistema de libre mercado? ¿Es la forma más eficaz de distribuir bienes y servicios en la sociedad? ¿Presta suficiente atención a los casos de necesidades desesperadas (en las que no se trata de un «intercambio justo»)? ¿Presta suficiente atención a los méritos, cuando en modo alguno está garantizado que haya una suficiente demanda de virtud como para ser recompensada? ¿Cuáles son las funciones legítimas (e ilegítimas) del gobierno en la vida de los negocios y cuál es la función de la regulación gubernamental? En otras palabras, la macroética es el intento por obtener la «gran foto», por comprender la naturaleza del mundo de los negocios y sus funciones propias.
Sin embargo, la unidad «molar» definitiva del negocio moderno es la corporación, y las cuestiones centrales de la ética de los negocios tienden a estar descaradamente dirigidas a los directivos y empleados de los aproximadamente pocos miles de empresas que rigen gran parte de la vida comercial de todo el mundo. En particular, son cuestiones relativas a la función de la corporación en la sociedad y al papel del individuo en la corporación. No es de extrañar que muchas de las cuestiones más críticas se encuentran en los intersticios de los tres niveles del discurso ético, como por ejemplo la cuestión de la responsabilidad social corporativa -el papel de la corporación en el conjunto de la sociedad-, y las cuestiones de las responsabilidades propias de cada puesto -el papel del individuo en la corporación.
6. La corporación en la sociedad: la idea de responsabilidad social
El concepto central de gran parte de la ética de los negocios reciente es la idea de responsabilidad social. También es un concepto que ha irritado a muchos entusiastas tradicionales del libre mercado y desencadenado diversas polémicas malas o equívocas. Quizás la más famosa de éstas sea la diatriba del economista y premio Nobel Milton Friedman en The New York Times (13 de septiembre de 197C) titulada «La responsabilidad social del negocio es aumentar sus beneficios». En este artículo, Friedman tildaba a los hombres de negocios que defendían la idea de responsabilidad social corporativa de «marionetas inconscientes de las fuerzas intelectuales que han estado socavando la base de una sociedad libre» y les acusaba de «predicar un socialismo puro y no adulterado». El argumento de Friedman es, en esencia, que los directivos de una corporación son los empleados de los accionistas y, como tales, tienen una «responsabilidad fiduciaria» de maximizar sus beneficios. El dar dinero a obras benéficas u otras causas sociales (excepto a las relaciones públicas orientadas a aumentar el negocio) y participar en proyectos comunitarios (que no aumentan el negocio de la empresa) equivale a robar a los accionistas. Además, no hay razón para suponer que una corporación o sus directivos tengan una cualificación o conocimiento especial en el campo de la política pública, y por lo tanto están extralimitándose en sus competencias además de violar sus obligaciones cuando participan en actividades comunitarias (es decir, como directivos de Ja empresa, y no como ciudadanos individuales que actúan por iniciativa propia).
Algunas de las falacias que contiene este razonamiento se desprenden de la concepción estrecha «orientada al beneficio» de los negocios y a la imagen extremadamente poco lisonjera y realista del accionista que antes hemos citado; otras (como el «socialismo puro y no adulterado» y el «robo») no son más que excesos retóricos. El argumento de la «competencia» (también defendido por Peter Drucker en su influyente libro sobre La Dirección) sólo tiene sentido en tanto en cuanto las corporaciones llevan a cabo proyectos de ingeniería social que están más allá de sus capacidades; pero ¿exige conocimientos especiales o avanzados interesarse por la contratación discriminatoria o las prácticas de promoción en la propia empresa o por los efectos devastadores de los residuos de ésta sobre la campiña circundante? La crítica general a los argumentos friedmanianos de este tipo recientemente popularizada en la ética de los negocios puede resumirse en un modesto juego de palabras; en vez de «accionistas», los beneficiarios de las responsabilidades sociales de la corporación son recolectores de apuestas [juego de palabras entre stockholder (accionista) y stakeholder (recolector de apuestas)], de los cuales los accionistas constituyen una única subclase. Los recolectores de apuestas de una empresa son todos aquellos que están afectados y tienen expectativas y derechos legítimos por las acciones de la empresa, y entre éstos se encuentran los empleados, los consumidores y los proveedores así como la comunidad circundante y la sociedad en general. 11 alcance de este concepto es que amplía considerablemente el centro de interés de la corporación, sin perder de vista las virtudes y capacidades particulares de la propia corporación. Así considerada, la responsabilidad social no es una carga adicional a la corporación sino una parte integrante de sus intereses esenciales, atender a las necesidades y ser equitativa no sólo con sus inversores/propietarios sino con quienes trabajan para ella, compran de ella, para sus proveedores, para quienes viven cerca o están afectados de otro modo por las actividades demandadas y compensadas por el sistema de libre mercado.
7. Obligaciones para con los recolectores de apuestas: los consumidores y la comunidad
Los directivos de las corporaciones tienen obligaciones para con sus accionistas, pero también tienen obligaciones para con otros recolectores de apuestas. En particular tienen obligaciones para con los consumidores y para con la comunidad que les rodea así como para con sus propios empleados (véase la sección 8). Después de todo, el objetivo de la empresa es servir al público, tanto proporcionándole los productos y servicios deseados y deseables como no perjudicando a la comunidad y a sus ciudadanos. Por ejemplo, una corporación difícilmente sirve su finalidad pública si contamina el suministro de aire o de agua, si enreda el tráfico o agota los recursos comunitarios, si fomenta (incluso de manera indirecta) el racismo o los prejuicios, si destruye la belleza natural del entorno o pone en peligro el bienestar financiero o social de los ciudadanos del lugar. Para los consumidores, la empresa tiene la obligación de proporcionar productos y servicios de calidad. Tiene la obligación de asegurar que éstos son seguros, mediante la investigación y las instrucciones adecuadas y, cuando corresponda, advertir de un posible uso indebido. Los fabricantes son y deben ser responsables de los efectos peligrosos y el abuso predecible de sus productos, por ejemplo, por la probabilidad de que un niño pequeño se trague una pieza pequeña y fácil de separar de un juguete hecho especialmente para ese grupo de edad, y algunos grupos de defensa de los consumidores sugieren actualmente que esta responsabilidad no debe matizarse excesivamente con la excusa de que «se trataba de adultos maduros que conocían o debían haber conocido los riesgos de lo que estaban haciendo». Sin embargo, esta última exigencia apunta a diversos focos de interés actualmente problemáticos, en especial a la presunción general de madurez, inteligencia y responsabilidad por parte del consumidor y a la cuestión de los límites razonables de la responsabilidad por parte del productor (obviamente con los niños son aplicables consideraciones especiales). ¿En qué medida el fabricante debe adoptar precauciones contra usos claramente peculiares o incluso absurdos de sus productos? ¿Qué restricciones deben imponerse a los fabricantes que venden y distribuyen productos peligrosos, por ejemplo, cigarrillos y armas de fuego, incluso si hay una considerable demanda de estos artículos?; ¿debe ser responsable el productor de lo que es claramente un riesgo previsible por parte del consumidor? En realidad, cada vez más gente se pregunta si en alguna medida deberíamos retomar la hoy antigua advertencia de «tenga precaución el comprador» para contrarrestar la tendencia escapista a la falta de responsabilidad del consumidor y a la responsabilidad absoluta de la empresa.
La inteligencia y responsabilidad del consumidor también están en juego en el debatido tema de la publicidad, contra el cual se han dirigido algunas de las críticas más graves a las prácticas actuales de los negocios. La defensa clásica del sistema del mercado libre es que abastece y satisface las demandas existentes. Pero silos fabricantes crean realmente la demanda de los productos que producen, esta defensa clásica pierde claramente su base. En realidad incluso se ha acusado que la publicidad es en sí coercitiva por cuanto interfiere en la libre elección del consumidor, que ya no está en condiciones de decidir cómo satisfacer mejor sus necesidades sino que en cambio se ve sujeto a toda una lluvia de influencias que pueden ser bastante irrelevantes o incluso opuestas a aquellas necesidades. E incluso cuando no se cuestiona la deseabilidad del producto, se plantean las nada desdeñables cuestiones relativas a la publicidad de determinadas marcas comerciales y a la creación artificial de una «diferenciación del producto». Y también se plantean las conocidas cuestiones relativas al gusto -relativas al límite entre la ética y la estética (y en ocasiones más allá de él). Se utiliza el sexo -en ocasiones de manera seductora y en otras de forma clara- para mejorar el aspecto de productos que van desde la goma de mascar a los automóviles, se ofrecen promesas implícitas pero obviamente falsas de éxito social \; aceptabilidad si uno compra este jabón o pasta de dientes; y hay presentaciones ofensivas de las mujeres y minorías y a menudo de la naturaleza humana en cuanto tal, simplemente para vender productos de los que la mayoría de nosotros podríamos prescindir perfectamente. Este consumo superfluo y el gusto (o la falta de él) que vende ,¿es una cuestión ética? ¿Se espera realmente que alguien crea que su vida va a cambiar añadiendo un aroma de menta o un suelo de cocina sin cera y no amarillento?
Mucho más grave es, por supuesto, el engaño directo en la publicidad. Pero en este mundo de seducción, kitsch e hipérbole no está en modo alguno claro qué constituye un «engaño». Quizás en realidad nadie crea que una determinada pasta de dientes o unos tejanos de diseño le garanticen el éxito con el ser querido de sus sueños (aunque millones están dispuestos a probarlo, por si acaso), pero cuando un producto tiene efectos que bien pueden ser fatales, se somete a un examen más detenido la exactitud de la publicidad. Cuando se anuncia un producto médico mediante una información técnica errónea, incompleta o sencillamente falsa, cuando se vende un «remedio contra el resfriado» sin receta con la promesa pero sin una evidencia seria de que puede aliviar los síntomas y evitar las complicaciones, cuando se ocultan efectos secundarios conocidos y peligrosos detrás de un genérico «con ésta como con todas las medicinas, consulte con su médico», la aparentemente simple «verdad de la publicidad» se convierte en un imperativo moral y se han violado los principios éticos (si no también la ley).
A menudo se ha afirmado que en un mercado libre ideal la única publicidad que seria necesaria o permitida sería la pura información sobre el uso y características del producto. Pero en determinadas circunstancias el consumidor medio puede no ser capaz de comprender la información relevante relativa al producto en cuestión. Sin embargo en la gran mayoría de casos, los consumidores se responsabilizan muy poco por sus propias decisiones, y en realidad no se puede culpar a la publicidad de la irresponsabilidad o irracionalidad de aquéllos. Las empresas tienen responsabilidades para con sus clientes, pero los clientes también tienen responsabilidades. Como sucede a menudo, la ética de los negocios no es sólo cuestión de la responsabilidad empresarial sino un conjunto entrelazado de responsabilidades recíprocas.
8. El individuo en la empresa: responsabilidades y expectativas
Quizás el recolector de apuestas que ha sido objeto de más abusos en el modelo de las responsabilidades corporativas sea el empleado de la empresa. En la teoría tradicional del libre mercado, el trabajo del empleado es en sí mismo simplemente una mercancía más, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda. Pero mientras que uno puede vender a precio «reventado» o simplemente desechar los pernos o partes de una maquinaria que ya no se demandan, el empleado es un ser humano, con necesidades y derechos reales aparte de su función en la producción o en el mercado. Un espacio de trabajo estrecho e incómodo, o una jornada de trabajo penosa puede reducir los gastos generales o aumentar la productividad, y el pago de salarios de subsistencia a los empleados que por una u otra razón no pueden, no se atreven o no saben cómo quejarse, pueden aumentar los beneficios, pero en la actualidad todos -menos los irreductibles «darwinianos»- reconocen que estas condiciones y prácticas no son éticas y legalmente son inexcusables. Y sin embargo, el modelo del trabajo como «mercancía» tiene aún una gran influencia en gran parte de la teoría de los negocios, y afecta tanto a los directivos y ejecutivos como a los trabajadores cualificados y no cualificados. Ésta es la razón por la que gran parte de la ética de los negocios reciente se ha centrado en ideas como los derechos de los empleados y, desde una óptica muy diferente, la razón por la que también se ha recuperado la antigua noción de «lealtad de la empresa». Después de todo, si una empresa trata a sus empleados como piezas desechables, nadie debería sorprenderse si éstos empiezan a tratar a la empresa sólo como una fuente transitoria de salarios y beneficios.
Sin embargo, el otro lado de esta inquietante imagen es el también renovado acento en la noción de las funciones y responsabilidades de los empleados, una de las cuales es la lealtad hacia la empresa. Sin duda, la «lealtad» es aquí un interés en d05 direcciones; en virtud de su empleo, el empleado tiene obligaciones especiales para con la empresa, pero ésta tiene a su vez obligaciones para con el empleado. Pero existe el peligro de subrayar conceptos como el de «lealtad» sin tener muy claro que la lealtad no está sólo vinculada al empleo en general sino también al rol particular y a las responsabilidades de uno. Según R. 5. Downie, un rol es «un racimo de derechos y deber es con algún tipo de función social» -en este caso, una función en la empresa (Rolesand values, pág. 128). En el contrato de trabajo y en la legislación pueden especificarse algunos aspectos de este rol y responsabilidades, pero muchos de ellos -por ejemplo, las costumbres locales, las pautas de cortesía y otros aspectos de lo que antes llamamos la «cultura empresarial»- pueden apreciarse sólo con el tiempo en el puesto y el contacto continuado con otros empleados.
Además, no es sólo cuestión de que cada cual «cumpla con su labor» sino, tanto por razones éticas como económicas, de hacer ésta lo mejor posible. Norman Bowie afirma al respecto, y creo que con razón, que «un puesto de trabajo no es nunca sólo un puesto de trabajo». Tiene también una dimensión moral: el orgullo en lo producido, la cooperación con los compañeros y el interés por el bienestar de la empresa. Pero por supuesto estas obligaciones definidas por el rol tienen sus límites (por mucho que a algunos directivos les convenga negarlo). El negocio no es un fin en sí mismo sino que está inserto y apoyado por una sociedad que tiene otros intereses, normas y expectativas dominantes.
En ocasiones oímos quejarse a los empleados (e incluso a los ejecutivos de alto nivel) que sus «valores corporativos chocan con sus valores personales». Lo que esto suele querer decir, creo, es que ciertas exigencias formuladas por sus empresas son poco éticas o inmorales. Lo que la mayoría de las personas denominan sus «valores personales» son de hecho los valores más profundos de su cultura. Y es en este contexto como deberíamos comprender esa imagen trágica hoy familiar de la vida empresarial contemporánea: el soplón». El soplón no es sólo un excéntrico que no puede «encajar» en la organización a la que amenaza con descubrir. El soplón reconoce que no puede tolerar la violación de la moralidad o de la confianza pública y se siente obligado a hacer algo por ello. Las biografías de la mayoría de los soplones no son edificantes, pero su misma existencia y éxito ocasional es buena prueba de las obligaciones recíprocas de la empresa, el individuo y la sociedad. En realidad, quizás el resultado más importante de la aparición de la ética de los negocios en el espacio público ha sido el resaltar a estos individuos y otorgarles una renovada respetabilidad por lo que sus empleadores perciben erróneamente una simple falta de lealtad. Pero cuando las exigencias del negocio chocan con la moralidad o el bienestar de la sociedad, el que debe ceder es el negocio, y éste es quizás el sentido último de la ética de los negocios.

martes, 3 de junio de 2008

Bienvenidos

lunes, 26 de mayo de 2008

LA FORMACIÓN HUMANISTA Y LA ÉTICA PROFESIONAL

Autor: Isabel Cristina Pérez Cruz
Dpto. de Estudios socioculturales.
Universidad de Cienfuegos.

Resumen
La universidad posee la responsabilidad social de la formación humanista de los futuros profesionales. Ha de informar y motivar sobre los objetivos educativos en el ámbito de la formación humanista para su educación ético profesional. Desde esta concepción se aborda y se explica la relación de la formación humanista y la ética profesional en la carrera de Licenciatura en Economía de la Universidad de Cienfuegos.

Introducción
La historia de la formación humanística en el pensamiento cubano se aviene a la madurez intelectual que alcanzaron un grupo de figuras del siglo XVIII y XIX como fueron Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Rafael María de Mendive y José Martí, este último de gran importancia debido a que en él se sintetiza todo el proceso que lo antecedió.

La formación humanista constituyó una exigencia martiana, en analogía con el universo y con su época. Martí reconoce la necesidad de esta formación humanista, que les permita a los educandos insertarse activamente en su contexto, les esclarezca las cusas esenciales de la realidad y les ofrezca el instrumental científico –teórico para la modificación de la realidad. ¨En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar¨[1]. Considera que la escuela debe incluir y lograr, a través de la formación humanista, el manejo, dominio y encausamiento de las fuerzas sociales que contribuyen a precisar y transformar el contorno del mundo que se construyen los hombres.

Sobre esto mismo expresa Gerardo Ramos Serpa: “la formación humanística representa la elaboración y apropiación por parte del sujeto a través de la vía curricular, de una concepción integral acerca de la naturaleza del hombre y la sociedad así como de la activa y multilateral interrelación entre ambas.”[2]

Ante esta disyuntiva de desarrollar una cultura humanista, el currículo debe ser entre otras cosas, flexible, abierto a la reflexión. En este sentido Stenhouse ofrece un concepto de currículo que resulta acertado y es el que asume esta investigación: “Es un intento de comunicar los principios esenciales de una propuesta educativa, de tal forma que quede abierta al escrutinio crítico y pueda ser traducida efectivamente a la práctica”[3]. Entendido el currículo como una construcción social históricamente determinada que se pone en práctica en las instituciones con el objetivo de mantener y desarrollar el legado cultural que un grupo humano consideras trascendente, por lo que debe estar en constante revisión para su trasformación en correspondencia con los cambios que se dan en dicha realidad.

Con esto no se quiere decir que se abarroten los programas de estudio con disímiles asignaturas de corte humanístico sino que se trata de lograr en el estudiante la conformación e integración sistémica coherente de conocimientos, que le sirva de sustento profesional para la comprensión de la realidad y su transformación.

Entre las diversas funciones que debe desempeñar la formación humanística, según Ramos Serpa, se encuentran algunas que a continuación serán señaladas de acuerdo a los intereses que sigue esta investigación[4]:
Ø Función de formación intelectual: se caracteriza por las operaciones que debe regular el proceso cognoscitivo y afectivo para un razonamiento lógico y desarrollador que conduzca a la reflexión en la forma de pensar y actuar.
Ø Función de formación económica: permite una comprensión de las leyes del devenir económico de la sociedad, tanto referente a lo micro y la macroeconomía, así como en el plano nacional e internacional.
Ø Función de formación política: ofrece de una explicación de la existencia e incidencia de las clases sociales y de sus intereses en la dinámica social, así como de los mecanismos, organizaciones e instituciones en los que ellos se plasma y sustenta.
Ø Función de formación estética: establece una concepción artística, literaria, poética, en relación con los elementos culturales que caracteriza lo bello y sus parámetros en el proceso de creación y percepción de la realidad.
Ø Función de formación ética: contribuye a la asimilación y apropiación de normas, patrones de conducta que regula las relaciones de los hombres en un momento histórico concreto que trasciende por su relevancia para formar un sistema de valores universales e individuales para accionar.
Ø Función de formación patriótica- nacional: favorece la elaboración del sentimiento y la autoconciencia de pertenencia e identidad nacional, sobre la base de las tradiciones y valores históricos, sociales y culturales del país.
Ø Función de concepción del mundo: permite la estructuración consciente en el ámbito teórico de las coordenadas y principios directrices más generales de la actividad social del individuo, mediante una visión integral de conjunto acerca del hombre, la realidad y la activa relación entre ambos.

La formación humanista no puede ser un elemento externo, ni incluido a posteriori, ni tampoco constituye un momento consustancial de la formación integral del profesional y del propio hombre.

Serpa (1998) destaca la necesaria correlación entre la ciencia y la docencia a través de la formación humanista, a través de un diseño curricular que permita que la lógica de la enseñanza se modifique con respecto a la lógica de la ciencia en función de los objetivos que se persiguen en la formación del profesional y atendiendo a la solución de los problemas profesionales. Afirma que la formación humanista está llamada a ofrecer lo básico, que es diferente de lo elemental y de lo tradicional. Lo básico entendido como el sistema de principios y fundamentos que le permiten al sujeto orientarse, comprender su realidad y promover su desarrollo, a través del principio de la actividad a lo largo de todo el proceso de enseñanza- aprendizaje.

Como ya hemos visto dentro de estas funciones de la formación humanista se encuentra la de lograr una formación ética, vista la ética como una reflexión sobre los valores en general que se forman a través del proceso de educación. Al decir de Savater: “la educación a de despertar el interés ético más que trasmitir un recetario de cuestiones¨.[5]

En la concepción de la formación ética como un proceso que prepara ciudadanos capaces de convivir, cooperar, participar con autonomía, tolerar y solidarizarse.

El egresado de la Enseñanza Superior, con un perfil empresarial, no debe estar ajeno a la situación económica que vive el mundo, y dentro de él la de su país, ha de prepararse a partir de una sólida formación humanista, la cultura ética empresarial, vista la cultura ética empresarial como parte del propio desarrollo de la conciencia económica y de la función de la formación ética.

Los denominados pilares del aprendizaje del siglo XXI, definidos por la UNESCO, constituyen una excelente guía para interrogarse acerca de los sentidos y contenidos de la educación. Estos pilares son: [6]
ü Aprender a ser para conocerse y valorarse a sí mismo y construir la propia identidad para actuar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y responsabilidad personal en las distintas situaciones de la vida.
ü Aprender a hacer- desarrollando competencias que capaciten a las personas para enfrentar un gran número de situaciones, trabajar en equipo, y desenvolverse en diferentes contextos sociales y laborales.
ü Aprender a conocer- para adquirir una cultura general y conocimientos específicos que estimulen la curiosidad para seguir aprendiendo y desarrollarse en la sociedad del conocimiento.

ü Aprender a vivir juntos- desarrollo de la comprensión y valoración del otro, la percepción de las formas de interdependencia, respetando los valores del pluralismo, la compresión mutua y la paz.

ü Aprender a aprender, para el desarrollo de una actitud preactiva e innovadora, haciendo propuestas y tomando iniciativas.

Esta declaración de la Habana del Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe concibe las prácticas educativas determinadas por la cultura de la escuela, por lo que mejorar la calidad y equidad de la educación pasa necesariamente por transformar la cultura y funcionamiento de las escuelas y promover cambios desde las propias escuelas. En la concepción de que las relaciones que se establecen entre las personas, constituyen interacciones mediatizadas por la cultura (roles, conocimiento, habilidades, estatus sociales, etc.).

En Cuba, el proyecto de educación a que se aspira debe conducir a la formación humanística de los profesionales en sentido general. Por el contenido y las funciones que esta formación posee fue necesario en la investigación realizar un estudio paciente del modelo del profesional de la carrera de Licenciatura en Economía. Y además en el proceso de investigación, nos fue necesario elaborar el concepto de Cultura Ética como la “Cosmovisión ética que abarca la dimensión de la empresa, las organizaciones e instituciones, el comportamiento moral de los agentes económicos, la ética profesional y las políticas económicas de desarrollo en su relación con el entorno”. Cuyo significado implica para la praxis educativa, conocimientos éticos, habilidades éticas y la ética profesional.

La ética de la Economía es una reflexión sobre problemas de al realidad económica. Puede incluir diversas áreas de consideración. Sobre todo, la del comportamiento moral de los agentes y de las instituciones económicas y de la dimensión ética de los medios o instrumentos utilizados en la economía. Dando lugar a tres tipos de éticas aplicada:

· De la empresa y las organizaciones ( Ética empresarial)
· La profesional que trata del comportamiento moral de los agentes económicos. ( Ética profesional de los economistas)
· De las políticas económicas de más recientes creación (Ética del desarrollo).

Algunos autores consideran que la ética profesional tiene un sentido más amplio que el de deontología: sin limitarse a los deberes y obligaciones que se articulan en un conjunto de normas o códigos de cada profesión, para dirigirse a las virtudes y roles profesionales, (Bolívar, 2005), (Oakley y Cocking, 2001).

Bolívar (2005) comprende por ética profesional “el conjunto de principios morales y modos de actuar éticos en un ámbito profesional, por una parte aplica a cada ámbito de actuación profesional los principios de la ética en general, pero paralelamente por otra parte dado que cada actividad profesional es distinta y específica, incluye los bienes propios, metas, valores y hábitos de cada ámbito de actuación profesional”. Explica que la ética profesional es propia de la profesión en la se que está formando el estudiante.

El autor considera que la enseñanza de la ética tiene como objetivo proporcionar instrumentos y claves relevantes para tener criterios éticos y capacidad de elección, propios de ciudadanos que participan en los asuntos públicos. En este sentido destaca que hay un marcado interés por la educación para la ciudadanía, cuyo objetivo es contribuir a formar ciudadanos más competentes cívicamente y comprometidos en las responsabilidades colectivas desde su profesión.

Bolívar (2005) y Cobo (2003) caracterizan la ética profesional de la siguiente forma:
1. Se basa en la extensión y aplicación de dicha ética general al ámbito de práctica profesionales, con las especificaciones propias que le correspondan.
2. Como una parte de las éticas aplicadas.
3. Además de incluir las normas internas del colectivo, tiene en cuanta una perspectiva más amplia.
4. Su contenido ético dimana del sentido ético que proporciona su fin, el bien que aportan o procuran.
5. Exige la utilización adecuada de la competencia:
Ø formación teórica (conocimientos-saber aprender-cultura tecnológica y lenguas extranjeras).
Ø Formación práctica (destrezas, técnicas y sociales: confianza, independencia, tolerancia, descubrimiento del otro, participación en proyectos comunes, e enriquecimiento intercultural.)
6. La pertenencia de un individuo a una profesión significa entonces, que además de la competencia propia de dicha profesión, comparte sus principios éticos inherentes de actuación.
7. Pone el acento en lo que es bueno hacer, aquello que es propio de cada profesión en el plano del comportamiento moral.
8. Trata de las diversas posibilidades de actuar bien en las diversas actividades profesionales.

A su vez reconocen las limitaciones en la enseñanza de la ética profesional en las universidades en: el refugio en un objetivismo o neutralidad (cifrado en un contenido disciplinar sin explicitar las dimensiones morales presentes en toda ciencia y en la propia enseñanza) y que en muchas ocasiones la ética profesional en su contenido no incluyen explícitamente dimensiones necesarias para su aplicación en el ejercicio profesional.

Reconoce que es necesario ofrecer una cosmovisión ética a todo lo que se hace en las universidades y hablar de ello en términos éticos, a esto pueden contribuir todos los que enseñan diferentes materias y participan en la vida universitaria o la gestionan, en la concepción de que la formación ética es parte del conocimiento profesional y práctico.

Las líneas metodológicas que contribuyen a la enseñanza de la ética profesional pueden ser según Bolívar (2005): los códigos profesionales (con reglas y actuaciones deseables) y el método de estudio de caso. A su vez Cobo (2003) reconoce como líneas metodológicas que contribuyen a la enseñanza de la ética profesional las siguientes: el estudio del código ético o deontológico de la profesión, las investigaciones y publicaciones existentes sobre la ética profesional de que se trate, posibles interpelaciones de la ética civil (reflejadas en los códigos profesionales), inserción académica de la ética profesional, utilidad y necesidad del estudio y opinión sobre dilemas y casos prácticos, la responsabiliza de la universidad en la información, motivación y educación en los objetivos de la educación ética, y en particular la educación ética profesional.

Las propuestas metodológicas para la enseñanza de la Ética Profesional, de ambos autores están resumidas en el siguiente esquema.

Esquema 1: Propuesta de Líneas Metodológicas
Cobo Suero
- Estudio de los
códigos.
-Inserción
académica
curricular.
-Estudios de caso.
-Responsabilidad
de la universidad
en la educación
ética profesional.
Bolívar
-Estudio de los códigos
profesionales.
-Estudios de caso.
Propuestas de Líneas Metodológicas

A partir del análisis de estas propuestas, nuestra experiencia en la docencia y las investigaciones realizadas en otros contextos universitarios sobre ética profesional nos llevan a considerar que las líneas más acertadas para la enseñanza de la ética profesional en el contexto cubano son:
Ø el estudio de los códigos profesionales
Ø el estudio de caso
Ø la inserción académica curricular de manera transversal
Ø la enseñanza de la ética profesional en el componente laboral e investigativo.

En Cuba el licenciado en Economía, a partir de 1977, se ha formado en la orientación de tres planes de estudio: el Plan A, el Plan B y el Plan C, con perfiles profesionales diferentes. Durante el período 1990-95 se llevó a cabo la formación profesional bajo una única denominación: Licenciado en Economía, y que corresponde al perfil de un economista con un marcado sesgo empresarial en su formación. Como parte de los centros de educación superior del país, la universidad de Cienfuegos forma licenciados en Economía con perfil en ciencias empresariales desde el curso (1996-1998), lo que condicionó como necesidad la preparación del claustro de profesores en disímiles disciplinas vinculadas al mundo empresarial y a la relación empresa universidad y empresa sociedad, todo ello exigió a la academia, la enseñanza desde la perspectiva de la cultura ética empresarial, para el enfoque de las diferentes disciplinas y asignaturas, tendencia que también acontece en muchas universidades del mundo.

El Licenciado en Economía tiene relación con diferentes formas de las éticas aplicadas: la Ética Económica, la Ética Empresarial y la Ética Profesional, ellas incluyes diferentes niveles de aprendizaje, que abarcan el saber, saber hacer y el ser. En el siguiente cuadro se resumen las tres formas de las éticas aplicadas que se relacionan con el Licenciado en Economía.


Esquema 2: Éticas Aplicadas

Éticas Aplicadas

Ética Económica (Saber)

Ética Empresarial (Saber-Saber Hacer)


Ética profesional
(Ser)



Luego de la sistematización de los fundamentos teórico conceptuales de la relación formación humanista y ética profesional, la implementación de la misma en las universidades y la necesidad social de la formación ética profesional de nuestros Licenciados en Economía, aplicamos un cuestionario a la matricula de esta carrera en el curso 2005-2006, 190 alumnos de los cinco años abarcan la carrera, nuestra decisión muéstral es de ámbito local ((datos recopilados, procesados y organizados en sistema informatizado por SPSS (11.5). Utilizamos el inventario sobre Ética profesional diseñado y validado por De Vicente, (dir.), Bolivar, y otros (2006) “Inventario sobre ética profesional del estudiante universitario”, en calidad de cuestionario.
Contienen una explicación de cómo se debe comprender, la revisión personal, en qué grado juzga que es importante en tu profesión la ética profesional (1ª columna) y si crees que se enseña la ética profesional y en qué medida durante la carrera (2ª columna).
En su estructura tiene 24 declaraciones, generales 16 y específicas por titulaciones Educación 8, Psicología 8, Derecho 8, Trabajo Social 7, Ciencia y tecnología de los Alimentos 7, Enfermería 8 y Medicina 8. En este cuestionario sobre ética profesional no aparecía la especialidad objeto de nuestra investigación Economía.

El proceso de modificación del cuestionario tuvo en cuenta nuestro contexto (la sociedad cubana, la misión de la universidad en la formación ética de los egresados universitarios y los objetivos de nuestra investigación. Para este proceso de modificación y adaptación contamos con documentos oficiales tales como el Plan de estudio y el Código de ética de los miembros de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba[7] y la fraseología adecuada al contexto de nuestros estudiantes. Durante este proceso se somete el instrumento a juicio de expertos para reconstruirlo teniendo en cuenta los aspectos antes mencionados de nuestro contexto. Para ellos se seleccionaron 5 jueces teniendo en cuenta su función como evaluadores del desempeño profesional y su experiencia pedagógica.

El cuestionario quedó con 16 declaraciones generales y le incluimos 10 declaraciones especiales para los estudiantes de Economía, con perfil en Ciencias Empresariales. Es utilizado en esta investigación con el objetivo de conocer los criterios y opiniones de los estudiantes en cuanto a la importancia de la ética profesional y sí se les enseña la ética profesional en nuestra universidad. Integra tres dimensiones: Formación humanista, la cual la conforman los ítems 2, 3, 6, 8, 10, 12, 15, 17. Conducta moral, la cual la conforman los ítems 1,2,9,13,14,15,16,18,19,20,21,22,26. Y Competencia profesional, la cual la conforman los ítems, 4, 5, 7, 11, 15, 19, 23, 24, 25.

Los resultados genelares acerca de la importancia que los estudiantes le otorgan a la ética profesional en su ejercicio profesional se manifiesta de la manera siguiente: en orden de importancia para ellos, lo más importante es la competencia profesional, después la conducta moral y por último la formación humanista. (Ver gráfico Importancia).

Los indicadores de la ética profesional en la manera en que se enseñan, es reconocida por los estudiantes de la siguiente forma: lo que más se enseña es la conducta moral, después la competencia profesional y por último la formación humanista. (Ver gráfico Enseñanza).


Gráfico Importancia

Gráfico Enseña



Conclusión
1. La formación humanista representa la elaboración y apropiación por parte del sujeto de una concepción integral acerca de la naturaleza del hombre y la sociedad así como de la activa y multilateral interrelación entre ambas.
2. La formación humanista se reconoce como necesidad en la tradición del pensamiento filosófico cubano y constituyó una exigencia martiana.

3. La formación humanista integra la formación ética.
4. La formación ética desempeña una función importante en la formación humanista, pues contribuye a la asimilación y apropiación de normas y patrones de conductas que regulan las relaciones de los hombres en un momento histórico concreto que trasciende por su relevancia para formar un sistema de valores universales e individuales que le permite insertarse activamente en su contexto, desde su propio perfil ocupacional.

5. La formación ética incluye en el egresado de Licenciado en Economía la ética económica, la ética empresarial y la ética profesional.

6. La ética profesional como forma de las éticas aplicadas integra la dimensión ética de cada ámbito de actuación profesional.

7. La ética profesional en el ámbito de cada profesión contiene aspectos que tributan a la competencia profesional, a la conducta moral y la formación humanista.
8. Las líneas metodológicas más acertada para la enseñanza de la ética profesional en el contexto cubano son: el estudio de los códigos profesionales, el estudio de caso, la inserción académica curricular de manera transversal y la enseñanza de la ética profesional en el componente laboral e investigativo.

9. El desarrollo de las éticas aplicadas adquiere especial importancia para el Lic. en Economía con perfil empresarial, por su relación con la ética económica, la ética empresarial y la ética profesional. Ello le confiere gran relevancia para la formación de este profesional, al estar relacionada la ética con su ciencia, su objeto y praxis profesional.

10. Los estudiantes de la Universidad de Cienfuegos, de la titulación Licenciatura en Economía reconocen la importancia de la ética profesional. Sus consideraciones sobre la importancia de la Ética Profesional en su profesión se manifiesta en el siguiente orden: lo más importante es la competencia profesional, después la conducta moral y por último la formación humanista.

11. Los estudiantes Licenciatura en Economía de la Universidad de Cienfuegos, identifican que se les enseña la ética profesional de la siguiente forma: lo que más se les enseña es la conducta moral, después la competencia profesional y por último la formación humanista.

12. Es recomendable la perfección del Programa de la disciplina Gestión del Proceso Empresarial (disciplina integradora, que dirige la práctica), para lograr que la formación ética profesional se convierta en una acción educativa intencional, organizada y sistemática.

Bibliografía
Alvero, F. (Ed.) (1983; p.77). Cervantes. Diccionario manual de la lengua española. La Habana: Editorial Pueblo y educación.
Álvarez, C. (1999). Didáctica la escuela en la vida. La Habana: Editorial pueblo y educación.
Álvarez, C. (2000). El diseño curricular. La Habana: Pueblo y Educación.
Barrabia, O. (2005).Contribución de Fidel Castro Ruz a la concepción de la
formación del hombre nuevo en Cuba de 1959 -19 75. Tesis en opción al
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[1] Martí, José. Ideario Pedagógico. La Habana, Imprenta Nacional de Cuba. 1961 p. 200
[2] Ramos Serpa, Gerardo: Acerca de la formación humanística del profesional universitario. Revista Cubana Educación Superior (la Habana); (3):47, 1998
[3]Stenhouse. En: López, Nelson. Retos para la construcción curricular. Cooperativa Editorial Magisterio. Colombia, 1997, p. 24

[4] Ramos Serpa, Gerardo: Acerca de la formación humanística del profesional universitario. Revista Cubana Educación Superior (la Habana); (3):47, 1998
[5] Savater, Fernando. Ética y Educación. En economía ética y bienestar social – Madrid: Ediciones Pirámide; 2003. -- 87-94 -- p. 90.



[6] Ibidem. P.16
[7] Asociación de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) Asociación no gubernamental de los economistas y contadores cubanos, creada en 1981, con filiales provinciales y municipales, cuenta hoy con más de sesenta y cuatro mil afiliados. Mantiene una destacada participación en los más transcendentales cambios de la economía, se ha convertido en una universidad con una estrategia de superación dirigida a la solución de deficiencias y problemas concretos de las empresas, calificar cuadros y a una adecuada aplicación de las resoluciones económicas en vigor.