Mostrando entradas con la etiqueta Ética y Empresa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ética y Empresa. Mostrar todas las entradas
miércoles, 18 de junio de 2008
La Ética de los Negocios
Robert C. Solomon
Peter Singer (ed.), Compendio de Ética
Alianza Editorial, Madrid, 1995 (cap. 31, págs. 483-498)
Maldito sea el público. Yo estoy trabajando para mis accionistas.
William Vanderbilt
1. Introducción
La ética de los negocios ocupa una posición peculiar en el campo de la «ética aplicada». Al igual que sus homólogas en profesiones como la medicina y el derecho, consiste en una aplicación insegura de algunos principios éticos muy generales (del «deber» o la «utilidad», por ejemplo) a situaciones y crisis específicas y a menudo únicas. Pero a diferencia de aquellas, la ética de los negocios se interesa por un ámbito de la empresa humana la mayoría de cuyos practicantes no gozan de estatus profesional y cuyos motivos por expresarlos suavemente, no suelen ser considerados precisamente nobles. A menudo se cita la «codicia» (antiguamente llamada «avaricia») como el único móvil de la vida de los negocios, y por consiguiente la historia de la ética de los negocios no es muy halagadora para éstos. En cierto sentido, podemos remontar esa historia a la época medieval y antigua, tiempos en los que, al margen de los ataques a los negocios desde la filosofía y la religión, pensadores prácticos como Cicerón prestaron una gran atención a la cuestión de la equidad en las transacciones comerciales ordinarias. Pero asimismo, durante una gran parte de esta historia el centro de atención estuvo casi por completo en estas transacciones particulares, impregnando este ámbito de una fuerte sensación de lo ad hoc, una práctica supuestamente no filosófica que solía rechazarse como «casuística».
Así pues, el objeto de la ética de los negocios en su acepción actual no tiene mucho más de una década. Hace sólo diez años, su materia era aún una tosca amalgama de un examen rutinario de las teorías éticas, de unas pocas consideraciones generales sobre la justicia del capitalismo, y de algunos casos de negocios ya prototípicos, la mayoría de ellos desgracias, escándalos y catástrofes que mostraban la cara más tenebrosa e irresponsable del mundo empresarial. La ética de los negocios era un asunto carente de credenciales en el conjunto de la filosofía «principal», sin un ámbito conceptual propio. Tenía una orientación excesivamente práctica incluso para la «ética aplicada» y, en un mundo filosófico cautivado por ideas no mundanas y mundos meramente «posibles», la ética de los negocios estaba demasiado interesada por la moneda corriente del intercambio cotidiano: el dinero.
Pero la propia filosofía se ha decantado de nuevo hacia el «mundo real» y la ética de los negocios ha encontrado o se ha hecho un lugar en la unión entre ambos. Las aplicaciones nuevas y la sofisticación renovada de la teoría de juegos y de la teoría de la elección social han permitido introducir un análisis más formal en la ética de los negocios y, lo que es mucho más importante, la interacción y la inmersión de los especialistas de la ética de los negocios en el mundo efectivo de los ejecutivos de empresa, de los sindicatos y de los pequeños empresarios ha consolidado los elementos antes difícilmente fusionados en un objeto propio, ha suscitado el interés y la atención de los directivos y ha convertido a los antiguos especialistas «académicos» en participantes activos en el mundo de los negocios. Podría decirse incluso que éstos consiguen hacerse oír en ocasiones.
2. Breve historia de la ética de los negocios
En sentido amplio, la actividad de los negocios existe al menos desde que los antiguos sumerios emprendiesen -según Samuel Noah Kramer- una actividad comercial amplia y registros contables hace casi seis mil años. Pero los negocios no han sido siempre la empresa básica y respetable que es en la sociedad moderna, y durante la mayor parte de la historia la concepción ética de los negocios ha sido casi totalmente negativa. Aristóteles, que merece ser reconocido como el primer economista (dos mil años antes de Adam Smith) distinguió entre dos acepciones diferentes de lo que denominamos economía. Uno era el oikonomíkos o comercio doméstico, que aprobaba y consideraba esencial para el funcionamiento de cualquier sociedad incluso poco compleja, y el chrematisike que es el comercio para el lucro. Aristóteles consideraba esta actividad totalmente desprovista de virtud y a quienes se dedicaban a estas prácticas puramente egoístas los denominaba «parásitos». El ataque de Aristóteles a la práctica repugnante e improductiva de la «usura» estuvo en vigor virtualmente hasta el siglo XVII. Sólo participaban en prácticas semejantes los foráneos, situados al margen de la sociedad, pero no los ciudadanos respetables. (El Shylock de Shakespeare en El mercader de Venecia, era un «outsider» y un usurero.) Esta es, en un gran lienzo histórico, la historia de la ética de los negocios -el ataque global a los negocios y a sus prácticas. Jesús expulsó del templo a los que cambiaban moneda, y los moralistas cristianos desde San Pablo a Santo Tomás y Martín Lutero siguieron su ejemplo condenando taxativamente la mayor parte de lo que hoy honramos como «el mundo de los negocios».
Pero si la filosofía y la religión dirigieron la condena de la ética de los negocios, también éstas protagonizaron el drástico vuelco hacia los negocios a comienzos de la época moderna. Juan Calvino y luego los puritanos ingleses enseñaron las virtudes de la frugalidad y la diligencia, y Adam Smith canonizó la nueva fe en 1776 en su obra maestra La riqueza de las naciones. Por supuesto, la nueva actitud hacia los negocios no fue una transformación de la noche al día y se asentó en tradiciones con una dilatada historia. Los gremios medievales, por ejemplo, habían creado sus propios códigos de «ética de los negocios» específicos para la industria mucho antes ele que los negocios pasaran a ser la institución central de la sociedad, pero la aceptación general de los negocios y el reconocimiento de la economía como estructura central de la sociedad dependieron de una nueva forma de concepción de la sociedad que exigió no sólo un cambio de sensibilidad religiosa y filosófica sino, subyaciendo a ésta, un nuevo sentido de la sociedad e incluso de la naturaleza humana. Esta transformación puede explicarse en parte en términos de desarrollo urbano, de sociedades mayores y más centralizadas, de la privatización de los grupos familiares como consumidores, del rápido progreso tecnológico y del crecimiento de la industria y el desarrollo asociado de las estructuras, necesidades y deseos sociales. Con la obra clásica de Adam Smith, lo chrematisike se convirtió en la institución central y la virtud principal de la sociedad moderna. Pero la devaluada versión popular («la codicia es buena») de la tesis de Smith difícilmente favoreció al objeto de la ética de los negocios («¿no es eso una contradicción en los términos?»), y la moralización sobre los negocios conservó su sesgo antiguo y medieval contra esta actividad. Hombres de negocios como Mellon y Carnegie ofrecieron conferencias públicas sobre las virtudes del éxito y la nohlesse oblige de los ricos, pero la ética de los negocios como tal fue desarrollada en su mayor parte por socialistas, como una continua diatriba contra la amoralidad de la mentalidad de los negocios. Sólo muy recientemente una concepción más moral y honorable de los negocios ha empezado a dominar el lenguaje de los negocios, y con ella se ha extendido la idea de estudiar los valores e ideales subyacentes de los negocios. Podemos comprender cómo la libertad del mercado siempre será una amenaza a los valores tradicionales y contraria al control gubernamental, pero ya no podemos llegar retóricamente a la conclusión de que el propio mercado carece de valores o de que los gobiernos sirven mejor que los mercados al bien público.
3. El mito de la motivación del beneficio
La ética de los negocios ya no está exclusivamente centrada sobre todo en la crítica de los negocios y de la práctica de éstos. Los beneficios ya no son condenados junto a la «avaricia» en sermones moralizantes, y ya no se concibe a las empresas como monolitos sin cara, sin alma y amorales. Lo que interesa ahora es simplemente cómo debe concebirse el beneficio en el contexto más amplio de la productividad y la responsabilidad social y la manera en que las corporaciones, en calidad de comunidades complejas, mejor pueden servir tanto a sus propios empleados como a la sociedad que les rodea. La ética de los negocios ha pasado de un ataque totalmente crítico al capitalismo y a la «motivación por el beneficio» a un examen más productivo y constructivo de las normas y prácticas subyacentes de los negocios. Pero el antiguo paradigma -lo que Richard DeGeorge ha denominado «el mito de los negocios amorales»- pervive, no sólo entre el público suspicaz y entre algunos filósofos de orientación socialista sino también entre muchos hombres de negocios. Por consiguiente, la primera tarea de la ética de los negocios consiste en abrirse paso a través de mitos y metáforas incriminatorios que oscurecen en vez de clarificar el ethos subyacente que hace posible los negocios.
Toda disciplina tiene su propio vocabulario autoglorificador. Los políticos se deleitan en las nociones de «servicio público» mientras persiguen el poder personal, los abogados defienden nuestros «derechos» a cambio de unos considerables honorarios y los profesores describen lo que hacen en el lenguaje noble de «la verdad y el conocimiento» mientras dedican la mayor parte de su tiempo y energías a la política universitaria. Pero en el caso de los negocios, el lenguaje autoglorificador es a menudo especialmente poco lisonjero. Por ejemplo, los ejecutivos siguen hablando de lo que hacen en términos de la «motivación por el beneficio», sin advertir que la expresión fue inventada por los socialistas del siglo pasado como un ataque a los negocios y a su cicatera búsqueda de dinero con exclusión de todas las demás consideraciones y obligaciones. Sin duda un negocio aspira a obtener beneficios, pero lo hace sólo proporcionando bienes y servicios de calidad, creando empleos y encajando en la comunidad. Individualizar el beneficio más que la productividad o el servicio público como objetivo central de la actividad de los negocios no es más que buscar problemas. Los beneficios como tales no son la meta o el fin de la actividad de los negocios: los beneficios se distribuyen y reinvierten. Los beneficios constituyen un medio para construir el negocio y remunerar a los empleados, ejecutivos e inversores. Para algunos, los beneficios pueden ser un medio de «marcarse un tanto», pero incluso en esos casos el objetivo es el estatus y la satisfacción de «ganar», y no los beneficios como tales.
Una autoimagen del ejecutivo más elaborada pero no muy diferente es aquella según la cual los directivos de un negocio están obligados ante todo por una única obligación, a saber, maximizar los beneficios de sus accionistas. No tenemos que indagar si ésta es la motivación real subyacente a la mayoría de las decisiones de la alta dirección para señalar que, si bien los directivos reconocen que sus propios roles en los negocios están definidos principalmente por obligaciones más que por la «motivación por el beneficio», esa poco lisonjera imagen simplemente se ha transferido a los accionistas (es decir, a los propietarios). ¿Es verdad que los inversores/propietarios sólose preocupan por la maximización de sus beneficios? ¿Es el accionista, en última instancia, la encarnación de ese inhumano horno oeconomicus extremadamente desprovisto de responsabilidad cívica y orgullo, desinteresado por las virtudes de la empresa que posee, aparte de aquellos riesgos que le pueden hacer vulnerable a pleitos legales costosos? Y si algunos inversores de «meter y sacar» a los cuatro meses se preocupan realmente sólo por aumentar sus inversiones en un treinta por ciento o así, por qué estamos tan seguros de que los directivos de la empresa tienen una obligación para con ellos distinta a la de no derrochar intencionadamente o desperdiciar su dinero? La búsqueda de beneficios no es el fin último, y mucho menos el único fin de los negocios. Es más bien una de las muchas metas y constituye más un medio que un fin en sí.
Así es como comprendemos erróneamente los negocios: adoptamos una visión demasiado estrecha de lo que es esta actividad, por ejemplo la búsqueda de beneficios, y a continuación deducimos conclusiones no éticas o amorales. IL5 este enfoque inexcusablemente limitado a los «derechos de los accionistas», por ejemplo, el que se ha utilizado para defender algunas de las «Opas hostiles» muy destructivas y sin duda improductivas de las grandes empresas en los últimos años. Por supuesto, esto no equivale a negar el derecho de los accionistas a un rendimiento justo, ni tampoco a negar las «responsabilidades fiduciarias» de los directivos de una empresa. Sólo quiere decir que estos derechos y responsabilidades sólo tienen sentido en un contexto social más amplio y que la idea misma de la «motivación del beneficio» como fin en sí -frente a los beneficios como medios para estimular y recompensar un trabajo duro y una inversión, la construcción de un mejor negocio y un mejor servicio a la sociedad- constituye un serio obstáculo para comprender el rico tapiz de motivos y actividades que configura el mundo de los negocios.
4. Otros mitos y metáforas asociados a los negocios
Entre los mitos y metáforas más perjudiciales del discurso sobre los negocios se encuentran los conceptos machistas «darwinianos» de la «supervivencia de los más aptos» y de «los negocios son una jungla» (para el origen de estas nociones, véase el artículo 44, «El significado de la evolución»). Por supuesto, la idea subyacente es que la vida en los negocios es competitiva, y que no siempre es justa. Pero este par de ideas obvias es muy diferente de las representaciones de una «merienda de lobos» o de «cada cual va a la suya», rutinarias en el mundo de los negocios. Cierto es que los negocios son y deben ser competitivos, pero no es verdad que esta competición sea a muerte o caníbal ni que «uno hace lo que puede para sobrevivir». Por competitiva que pueda ser una industria particular, siempre se basa en un núcleo de intereses comunes y normas de conducta convenidas mutuamente, y la competencia no tiene lugar en una jungla sino en una comunidad a la que presumiblemente sirve y de la que depende a la vez. La vida de los negocios es ante todo fundamentalmente cooperativa. Y la competencia sólo es posible dentro de los límites de los intereses compartidos en común. Y al contrario de como lo quiere la metáfora de la selva -«cada cual a la suya»-, los negocios casi siempre suponen grandes grupos que cooperan y confían entre si, no sólo las propias corporaciones sino las redes de proveedores, personal de servicios, clientes e inversores.
La competencia es esencial para el capitalismo, pero concebirla como una competencia «desenfrenada» es socavar la ética y además comprender erróneamente la naturaleza de la competencia (por la misma razón también deberíamos mirar con suspicacia la conocida metáfora de la «guerra», tan popular en muchas salas de juntas y la actual metáfora del «juego», así como el énfasis por «ganar» que tiende a convertir el serio empeño de «ganarse la vida» en algo así como un deporte encerrado en sí mismo).
La metáfora más persistente, que parece resistir frente a toda evidencia en su contra, es la del individualismo atomista. La idea de que la vida de los negocios consiste totalmente en transacciones convenidas entre ciudadanos individuales (evitando la interferencia gubernamental) puede remontarse a Adam Smith y a la filosofía dominante en la Inglaterra del siglo XVIII. Pero en la actualidad la mayor parte de la vida de los negocios consiste en funciones y responsabilidades en empresas cooperativas, tanto se trate de pequeños negocios familiares o de gigantescas corporaciones multinacionales. El gobierno y los negocios son tan a menudo socios como adversarios (por frustrante que pueda parecer en ocasiones el laberinto de la «regulación»), bien por medio de subvenciones, aranceles y exenciones fiscales o bien como socios en estrecha cooperación («Japan, Inc.» y proyectos tan vastos como el transbordador espacial de National Aeronautics y la Administración del Espacio). Pero el individualismo atomista no es sólo inexacto dada la complejidad empresarial del actual mundo de los negocios; parte de la ingenua suposición de que ni siquiera la más simple promesa, contrato o intercambio están exentos de normas y prácticas institucionales. Los negocios son una práctica social, y no una actividad de individuos aislados. Esta actividad sólo es posible porque tiene lugar en una cultura con un conjunto establecido de procedimientos y expectativas, cosas que (excepto en los detalles) no están expuestas a las intervenciones individuales.
Por consiguiente, es un signo de considerable progreso el hecho de que uno de los modelos dominantes del pensamiento empresarial actual sea la idea de una «cultura empresarial». Como cualquier otra analogía, ésta tiene por supuesto sus contraejemplos, pero es importante apreciar el sentido de esta metáfora. Este sentido es social, de rechazo al individualismo atomista. Reconoce el lugar de las personas en la organización como la estructura fundamental de la vida de los negocios. Suscribe abiertamente la idea de una ética. Reconoce que los valores comunes mantienen unida a una cultura. Aún deja lugar para la actuación individualista «por libre», la del «emprendedor», pero también ésta sólo es posible en tanto deje un lugar (importante) a la excentricidad y la innovación. Pero asimismo, el problema de la metáfora de la «cultura» es que tiende a estar demasiado encerrada en sí misma. Una empresa no es como una tribu aislada de las Islas Trobriand. Una cultura empresarial es una parte inseparable de una cultura más amplia, a lo sumo una subcultura (o una cultura de subcultura), un organelo especializado de un órgano de un organismo. En realidad lo que caracteriza a todos estos mitos y metáforas es la tendencia a concebir los negocios como un empeño aislado y encapsulado, con valores diferentes de los valores de la sociedad que los rodea. La primera tarea de la ética de los negocios es romper esta sensación de aislamiento.
5. Microética, macroética y ética molar
Podemos distinguir bien entre tres (o más) niveles de los negocios y de la ética de los negocios, desde el ámbito micro -las normas de intercambio justo entre dos individuos-, al ámbito macro -las normas institucionales o culturales del comercio para toda una sociedad («el mundo de los negocios»). También deberíamos delimitar un área que podemos denominar el nivel molar de la ética de los negocios, que versa sobre la unidad básica del comercio actual: la corporación. Por supuesto, la microética de los negocios es en gran medida una parte de la ética tradicional: la naturaleza de las promesas y otras obligaciones, las intenciones, consecuencias y otras implicaciones de las acciones de un individuo, la fundamentación y la naturaleza de los diversos derechos individuales. Lo peculiar a la microética de los negocios es la idea de intercambio justo y, con ella, la noción de salario justo, trato justo, y de lo que se puede considerar una «negociación» frente a lo que es un «robo». Aquí es especialmente pertinente la noción aristotélica de justicia «conmutativa», e incluso los antiguos solían preocuparse, de tanto en cuanto, de si, por ejemplo, el vendedor de una casa estaba obligado a comunicar al comprador en potencia que el techo estaba en mal estado y podía dejar pasar el agua con las primeras lluvias copiosas.
Por su parte, la macroética está integrada en las cuestiones más amplias sobre la justicia, la legitimidad y la naturaleza de la sociedad que en conjunto constituyen la filosofía social y política. ¿Cuál es el objeto del «libre mercado»?, o ¿existe en algún sentido un bien en sí, con su propio telos? ¿Son primarios los derechos de propiedad privada, en algún sentido previos al contrato social (como han afirmado John Locke y más recientemente Robert Nozick) o bien también hemos de concebir el mercado como una práctica social compleja de la cual los derechos son sólo un componente? ¿Es «justo» ~ sistema de libre mercado? ¿Es la forma más eficaz de distribuir bienes y servicios en la sociedad? ¿Presta suficiente atención a los casos de necesidades desesperadas (en las que no se trata de un «intercambio justo»)? ¿Presta suficiente atención a los méritos, cuando en modo alguno está garantizado que haya una suficiente demanda de virtud como para ser recompensada? ¿Cuáles son las funciones legítimas (e ilegítimas) del gobierno en la vida de los negocios y cuál es la función de la regulación gubernamental? En otras palabras, la macroética es el intento por obtener la «gran foto», por comprender la naturaleza del mundo de los negocios y sus funciones propias.
Sin embargo, la unidad «molar» definitiva del negocio moderno es la corporación, y las cuestiones centrales de la ética de los negocios tienden a estar descaradamente dirigidas a los directivos y empleados de los aproximadamente pocos miles de empresas que rigen gran parte de la vida comercial de todo el mundo. En particular, son cuestiones relativas a la función de la corporación en la sociedad y al papel del individuo en la corporación. No es de extrañar que muchas de las cuestiones más críticas se encuentran en los intersticios de los tres niveles del discurso ético, como por ejemplo la cuestión de la responsabilidad social corporativa -el papel de la corporación en el conjunto de la sociedad-, y las cuestiones de las responsabilidades propias de cada puesto -el papel del individuo en la corporación.
6. La corporación en la sociedad: la idea de responsabilidad social
El concepto central de gran parte de la ética de los negocios reciente es la idea de responsabilidad social. También es un concepto que ha irritado a muchos entusiastas tradicionales del libre mercado y desencadenado diversas polémicas malas o equívocas. Quizás la más famosa de éstas sea la diatriba del economista y premio Nobel Milton Friedman en The New York Times (13 de septiembre de 197C) titulada «La responsabilidad social del negocio es aumentar sus beneficios». En este artículo, Friedman tildaba a los hombres de negocios que defendían la idea de responsabilidad social corporativa de «marionetas inconscientes de las fuerzas intelectuales que han estado socavando la base de una sociedad libre» y les acusaba de «predicar un socialismo puro y no adulterado». El argumento de Friedman es, en esencia, que los directivos de una corporación son los empleados de los accionistas y, como tales, tienen una «responsabilidad fiduciaria» de maximizar sus beneficios. El dar dinero a obras benéficas u otras causas sociales (excepto a las relaciones públicas orientadas a aumentar el negocio) y participar en proyectos comunitarios (que no aumentan el negocio de la empresa) equivale a robar a los accionistas. Además, no hay razón para suponer que una corporación o sus directivos tengan una cualificación o conocimiento especial en el campo de la política pública, y por lo tanto están extralimitándose en sus competencias además de violar sus obligaciones cuando participan en actividades comunitarias (es decir, como directivos de Ja empresa, y no como ciudadanos individuales que actúan por iniciativa propia).
Algunas de las falacias que contiene este razonamiento se desprenden de la concepción estrecha «orientada al beneficio» de los negocios y a la imagen extremadamente poco lisonjera y realista del accionista que antes hemos citado; otras (como el «socialismo puro y no adulterado» y el «robo») no son más que excesos retóricos. El argumento de la «competencia» (también defendido por Peter Drucker en su influyente libro sobre La Dirección) sólo tiene sentido en tanto en cuanto las corporaciones llevan a cabo proyectos de ingeniería social que están más allá de sus capacidades; pero ¿exige conocimientos especiales o avanzados interesarse por la contratación discriminatoria o las prácticas de promoción en la propia empresa o por los efectos devastadores de los residuos de ésta sobre la campiña circundante? La crítica general a los argumentos friedmanianos de este tipo recientemente popularizada en la ética de los negocios puede resumirse en un modesto juego de palabras; en vez de «accionistas», los beneficiarios de las responsabilidades sociales de la corporación son recolectores de apuestas [juego de palabras entre stockholder (accionista) y stakeholder (recolector de apuestas)], de los cuales los accionistas constituyen una única subclase. Los recolectores de apuestas de una empresa son todos aquellos que están afectados y tienen expectativas y derechos legítimos por las acciones de la empresa, y entre éstos se encuentran los empleados, los consumidores y los proveedores así como la comunidad circundante y la sociedad en general. 11 alcance de este concepto es que amplía considerablemente el centro de interés de la corporación, sin perder de vista las virtudes y capacidades particulares de la propia corporación. Así considerada, la responsabilidad social no es una carga adicional a la corporación sino una parte integrante de sus intereses esenciales, atender a las necesidades y ser equitativa no sólo con sus inversores/propietarios sino con quienes trabajan para ella, compran de ella, para sus proveedores, para quienes viven cerca o están afectados de otro modo por las actividades demandadas y compensadas por el sistema de libre mercado.
7. Obligaciones para con los recolectores de apuestas: los consumidores y la comunidad
Los directivos de las corporaciones tienen obligaciones para con sus accionistas, pero también tienen obligaciones para con otros recolectores de apuestas. En particular tienen obligaciones para con los consumidores y para con la comunidad que les rodea así como para con sus propios empleados (véase la sección 8). Después de todo, el objetivo de la empresa es servir al público, tanto proporcionándole los productos y servicios deseados y deseables como no perjudicando a la comunidad y a sus ciudadanos. Por ejemplo, una corporación difícilmente sirve su finalidad pública si contamina el suministro de aire o de agua, si enreda el tráfico o agota los recursos comunitarios, si fomenta (incluso de manera indirecta) el racismo o los prejuicios, si destruye la belleza natural del entorno o pone en peligro el bienestar financiero o social de los ciudadanos del lugar. Para los consumidores, la empresa tiene la obligación de proporcionar productos y servicios de calidad. Tiene la obligación de asegurar que éstos son seguros, mediante la investigación y las instrucciones adecuadas y, cuando corresponda, advertir de un posible uso indebido. Los fabricantes son y deben ser responsables de los efectos peligrosos y el abuso predecible de sus productos, por ejemplo, por la probabilidad de que un niño pequeño se trague una pieza pequeña y fácil de separar de un juguete hecho especialmente para ese grupo de edad, y algunos grupos de defensa de los consumidores sugieren actualmente que esta responsabilidad no debe matizarse excesivamente con la excusa de que «se trataba de adultos maduros que conocían o debían haber conocido los riesgos de lo que estaban haciendo». Sin embargo, esta última exigencia apunta a diversos focos de interés actualmente problemáticos, en especial a la presunción general de madurez, inteligencia y responsabilidad por parte del consumidor y a la cuestión de los límites razonables de la responsabilidad por parte del productor (obviamente con los niños son aplicables consideraciones especiales). ¿En qué medida el fabricante debe adoptar precauciones contra usos claramente peculiares o incluso absurdos de sus productos? ¿Qué restricciones deben imponerse a los fabricantes que venden y distribuyen productos peligrosos, por ejemplo, cigarrillos y armas de fuego, incluso si hay una considerable demanda de estos artículos?; ¿debe ser responsable el productor de lo que es claramente un riesgo previsible por parte del consumidor? En realidad, cada vez más gente se pregunta si en alguna medida deberíamos retomar la hoy antigua advertencia de «tenga precaución el comprador» para contrarrestar la tendencia escapista a la falta de responsabilidad del consumidor y a la responsabilidad absoluta de la empresa.
La inteligencia y responsabilidad del consumidor también están en juego en el debatido tema de la publicidad, contra el cual se han dirigido algunas de las críticas más graves a las prácticas actuales de los negocios. La defensa clásica del sistema del mercado libre es que abastece y satisface las demandas existentes. Pero silos fabricantes crean realmente la demanda de los productos que producen, esta defensa clásica pierde claramente su base. En realidad incluso se ha acusado que la publicidad es en sí coercitiva por cuanto interfiere en la libre elección del consumidor, que ya no está en condiciones de decidir cómo satisfacer mejor sus necesidades sino que en cambio se ve sujeto a toda una lluvia de influencias que pueden ser bastante irrelevantes o incluso opuestas a aquellas necesidades. E incluso cuando no se cuestiona la deseabilidad del producto, se plantean las nada desdeñables cuestiones relativas a la publicidad de determinadas marcas comerciales y a la creación artificial de una «diferenciación del producto». Y también se plantean las conocidas cuestiones relativas al gusto -relativas al límite entre la ética y la estética (y en ocasiones más allá de él). Se utiliza el sexo -en ocasiones de manera seductora y en otras de forma clara- para mejorar el aspecto de productos que van desde la goma de mascar a los automóviles, se ofrecen promesas implícitas pero obviamente falsas de éxito social \; aceptabilidad si uno compra este jabón o pasta de dientes; y hay presentaciones ofensivas de las mujeres y minorías y a menudo de la naturaleza humana en cuanto tal, simplemente para vender productos de los que la mayoría de nosotros podríamos prescindir perfectamente. Este consumo superfluo y el gusto (o la falta de él) que vende ,¿es una cuestión ética? ¿Se espera realmente que alguien crea que su vida va a cambiar añadiendo un aroma de menta o un suelo de cocina sin cera y no amarillento?
Mucho más grave es, por supuesto, el engaño directo en la publicidad. Pero en este mundo de seducción, kitsch e hipérbole no está en modo alguno claro qué constituye un «engaño». Quizás en realidad nadie crea que una determinada pasta de dientes o unos tejanos de diseño le garanticen el éxito con el ser querido de sus sueños (aunque millones están dispuestos a probarlo, por si acaso), pero cuando un producto tiene efectos que bien pueden ser fatales, se somete a un examen más detenido la exactitud de la publicidad. Cuando se anuncia un producto médico mediante una información técnica errónea, incompleta o sencillamente falsa, cuando se vende un «remedio contra el resfriado» sin receta con la promesa pero sin una evidencia seria de que puede aliviar los síntomas y evitar las complicaciones, cuando se ocultan efectos secundarios conocidos y peligrosos detrás de un genérico «con ésta como con todas las medicinas, consulte con su médico», la aparentemente simple «verdad de la publicidad» se convierte en un imperativo moral y se han violado los principios éticos (si no también la ley).
A menudo se ha afirmado que en un mercado libre ideal la única publicidad que seria necesaria o permitida sería la pura información sobre el uso y características del producto. Pero en determinadas circunstancias el consumidor medio puede no ser capaz de comprender la información relevante relativa al producto en cuestión. Sin embargo en la gran mayoría de casos, los consumidores se responsabilizan muy poco por sus propias decisiones, y en realidad no se puede culpar a la publicidad de la irresponsabilidad o irracionalidad de aquéllos. Las empresas tienen responsabilidades para con sus clientes, pero los clientes también tienen responsabilidades. Como sucede a menudo, la ética de los negocios no es sólo cuestión de la responsabilidad empresarial sino un conjunto entrelazado de responsabilidades recíprocas.
8. El individuo en la empresa: responsabilidades y expectativas
Quizás el recolector de apuestas que ha sido objeto de más abusos en el modelo de las responsabilidades corporativas sea el empleado de la empresa. En la teoría tradicional del libre mercado, el trabajo del empleado es en sí mismo simplemente una mercancía más, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda. Pero mientras que uno puede vender a precio «reventado» o simplemente desechar los pernos o partes de una maquinaria que ya no se demandan, el empleado es un ser humano, con necesidades y derechos reales aparte de su función en la producción o en el mercado. Un espacio de trabajo estrecho e incómodo, o una jornada de trabajo penosa puede reducir los gastos generales o aumentar la productividad, y el pago de salarios de subsistencia a los empleados que por una u otra razón no pueden, no se atreven o no saben cómo quejarse, pueden aumentar los beneficios, pero en la actualidad todos -menos los irreductibles «darwinianos»- reconocen que estas condiciones y prácticas no son éticas y legalmente son inexcusables. Y sin embargo, el modelo del trabajo como «mercancía» tiene aún una gran influencia en gran parte de la teoría de los negocios, y afecta tanto a los directivos y ejecutivos como a los trabajadores cualificados y no cualificados. Ésta es la razón por la que gran parte de la ética de los negocios reciente se ha centrado en ideas como los derechos de los empleados y, desde una óptica muy diferente, la razón por la que también se ha recuperado la antigua noción de «lealtad de la empresa». Después de todo, si una empresa trata a sus empleados como piezas desechables, nadie debería sorprenderse si éstos empiezan a tratar a la empresa sólo como una fuente transitoria de salarios y beneficios.
Sin embargo, el otro lado de esta inquietante imagen es el también renovado acento en la noción de las funciones y responsabilidades de los empleados, una de las cuales es la lealtad hacia la empresa. Sin duda, la «lealtad» es aquí un interés en d05 direcciones; en virtud de su empleo, el empleado tiene obligaciones especiales para con la empresa, pero ésta tiene a su vez obligaciones para con el empleado. Pero existe el peligro de subrayar conceptos como el de «lealtad» sin tener muy claro que la lealtad no está sólo vinculada al empleo en general sino también al rol particular y a las responsabilidades de uno. Según R. 5. Downie, un rol es «un racimo de derechos y deber es con algún tipo de función social» -en este caso, una función en la empresa (Rolesand values, pág. 128). En el contrato de trabajo y en la legislación pueden especificarse algunos aspectos de este rol y responsabilidades, pero muchos de ellos -por ejemplo, las costumbres locales, las pautas de cortesía y otros aspectos de lo que antes llamamos la «cultura empresarial»- pueden apreciarse sólo con el tiempo en el puesto y el contacto continuado con otros empleados.
Además, no es sólo cuestión de que cada cual «cumpla con su labor» sino, tanto por razones éticas como económicas, de hacer ésta lo mejor posible. Norman Bowie afirma al respecto, y creo que con razón, que «un puesto de trabajo no es nunca sólo un puesto de trabajo». Tiene también una dimensión moral: el orgullo en lo producido, la cooperación con los compañeros y el interés por el bienestar de la empresa. Pero por supuesto estas obligaciones definidas por el rol tienen sus límites (por mucho que a algunos directivos les convenga negarlo). El negocio no es un fin en sí mismo sino que está inserto y apoyado por una sociedad que tiene otros intereses, normas y expectativas dominantes.
En ocasiones oímos quejarse a los empleados (e incluso a los ejecutivos de alto nivel) que sus «valores corporativos chocan con sus valores personales». Lo que esto suele querer decir, creo, es que ciertas exigencias formuladas por sus empresas son poco éticas o inmorales. Lo que la mayoría de las personas denominan sus «valores personales» son de hecho los valores más profundos de su cultura. Y es en este contexto como deberíamos comprender esa imagen trágica hoy familiar de la vida empresarial contemporánea: el soplón». El soplón no es sólo un excéntrico que no puede «encajar» en la organización a la que amenaza con descubrir. El soplón reconoce que no puede tolerar la violación de la moralidad o de la confianza pública y se siente obligado a hacer algo por ello. Las biografías de la mayoría de los soplones no son edificantes, pero su misma existencia y éxito ocasional es buena prueba de las obligaciones recíprocas de la empresa, el individuo y la sociedad. En realidad, quizás el resultado más importante de la aparición de la ética de los negocios en el espacio público ha sido el resaltar a estos individuos y otorgarles una renovada respetabilidad por lo que sus empleadores perciben erróneamente una simple falta de lealtad. Pero cuando las exigencias del negocio chocan con la moralidad o el bienestar de la sociedad, el que debe ceder es el negocio, y éste es quizás el sentido último de la ética de los negocios.
Peter Singer (ed.), Compendio de Ética
Alianza Editorial, Madrid, 1995 (cap. 31, págs. 483-498)
Maldito sea el público. Yo estoy trabajando para mis accionistas.
William Vanderbilt
1. Introducción
La ética de los negocios ocupa una posición peculiar en el campo de la «ética aplicada». Al igual que sus homólogas en profesiones como la medicina y el derecho, consiste en una aplicación insegura de algunos principios éticos muy generales (del «deber» o la «utilidad», por ejemplo) a situaciones y crisis específicas y a menudo únicas. Pero a diferencia de aquellas, la ética de los negocios se interesa por un ámbito de la empresa humana la mayoría de cuyos practicantes no gozan de estatus profesional y cuyos motivos por expresarlos suavemente, no suelen ser considerados precisamente nobles. A menudo se cita la «codicia» (antiguamente llamada «avaricia») como el único móvil de la vida de los negocios, y por consiguiente la historia de la ética de los negocios no es muy halagadora para éstos. En cierto sentido, podemos remontar esa historia a la época medieval y antigua, tiempos en los que, al margen de los ataques a los negocios desde la filosofía y la religión, pensadores prácticos como Cicerón prestaron una gran atención a la cuestión de la equidad en las transacciones comerciales ordinarias. Pero asimismo, durante una gran parte de esta historia el centro de atención estuvo casi por completo en estas transacciones particulares, impregnando este ámbito de una fuerte sensación de lo ad hoc, una práctica supuestamente no filosófica que solía rechazarse como «casuística».
Así pues, el objeto de la ética de los negocios en su acepción actual no tiene mucho más de una década. Hace sólo diez años, su materia era aún una tosca amalgama de un examen rutinario de las teorías éticas, de unas pocas consideraciones generales sobre la justicia del capitalismo, y de algunos casos de negocios ya prototípicos, la mayoría de ellos desgracias, escándalos y catástrofes que mostraban la cara más tenebrosa e irresponsable del mundo empresarial. La ética de los negocios era un asunto carente de credenciales en el conjunto de la filosofía «principal», sin un ámbito conceptual propio. Tenía una orientación excesivamente práctica incluso para la «ética aplicada» y, en un mundo filosófico cautivado por ideas no mundanas y mundos meramente «posibles», la ética de los negocios estaba demasiado interesada por la moneda corriente del intercambio cotidiano: el dinero.
Pero la propia filosofía se ha decantado de nuevo hacia el «mundo real» y la ética de los negocios ha encontrado o se ha hecho un lugar en la unión entre ambos. Las aplicaciones nuevas y la sofisticación renovada de la teoría de juegos y de la teoría de la elección social han permitido introducir un análisis más formal en la ética de los negocios y, lo que es mucho más importante, la interacción y la inmersión de los especialistas de la ética de los negocios en el mundo efectivo de los ejecutivos de empresa, de los sindicatos y de los pequeños empresarios ha consolidado los elementos antes difícilmente fusionados en un objeto propio, ha suscitado el interés y la atención de los directivos y ha convertido a los antiguos especialistas «académicos» en participantes activos en el mundo de los negocios. Podría decirse incluso que éstos consiguen hacerse oír en ocasiones.
2. Breve historia de la ética de los negocios
En sentido amplio, la actividad de los negocios existe al menos desde que los antiguos sumerios emprendiesen -según Samuel Noah Kramer- una actividad comercial amplia y registros contables hace casi seis mil años. Pero los negocios no han sido siempre la empresa básica y respetable que es en la sociedad moderna, y durante la mayor parte de la historia la concepción ética de los negocios ha sido casi totalmente negativa. Aristóteles, que merece ser reconocido como el primer economista (dos mil años antes de Adam Smith) distinguió entre dos acepciones diferentes de lo que denominamos economía. Uno era el oikonomíkos o comercio doméstico, que aprobaba y consideraba esencial para el funcionamiento de cualquier sociedad incluso poco compleja, y el chrematisike que es el comercio para el lucro. Aristóteles consideraba esta actividad totalmente desprovista de virtud y a quienes se dedicaban a estas prácticas puramente egoístas los denominaba «parásitos». El ataque de Aristóteles a la práctica repugnante e improductiva de la «usura» estuvo en vigor virtualmente hasta el siglo XVII. Sólo participaban en prácticas semejantes los foráneos, situados al margen de la sociedad, pero no los ciudadanos respetables. (El Shylock de Shakespeare en El mercader de Venecia, era un «outsider» y un usurero.) Esta es, en un gran lienzo histórico, la historia de la ética de los negocios -el ataque global a los negocios y a sus prácticas. Jesús expulsó del templo a los que cambiaban moneda, y los moralistas cristianos desde San Pablo a Santo Tomás y Martín Lutero siguieron su ejemplo condenando taxativamente la mayor parte de lo que hoy honramos como «el mundo de los negocios».
Pero si la filosofía y la religión dirigieron la condena de la ética de los negocios, también éstas protagonizaron el drástico vuelco hacia los negocios a comienzos de la época moderna. Juan Calvino y luego los puritanos ingleses enseñaron las virtudes de la frugalidad y la diligencia, y Adam Smith canonizó la nueva fe en 1776 en su obra maestra La riqueza de las naciones. Por supuesto, la nueva actitud hacia los negocios no fue una transformación de la noche al día y se asentó en tradiciones con una dilatada historia. Los gremios medievales, por ejemplo, habían creado sus propios códigos de «ética de los negocios» específicos para la industria mucho antes ele que los negocios pasaran a ser la institución central de la sociedad, pero la aceptación general de los negocios y el reconocimiento de la economía como estructura central de la sociedad dependieron de una nueva forma de concepción de la sociedad que exigió no sólo un cambio de sensibilidad religiosa y filosófica sino, subyaciendo a ésta, un nuevo sentido de la sociedad e incluso de la naturaleza humana. Esta transformación puede explicarse en parte en términos de desarrollo urbano, de sociedades mayores y más centralizadas, de la privatización de los grupos familiares como consumidores, del rápido progreso tecnológico y del crecimiento de la industria y el desarrollo asociado de las estructuras, necesidades y deseos sociales. Con la obra clásica de Adam Smith, lo chrematisike se convirtió en la institución central y la virtud principal de la sociedad moderna. Pero la devaluada versión popular («la codicia es buena») de la tesis de Smith difícilmente favoreció al objeto de la ética de los negocios («¿no es eso una contradicción en los términos?»), y la moralización sobre los negocios conservó su sesgo antiguo y medieval contra esta actividad. Hombres de negocios como Mellon y Carnegie ofrecieron conferencias públicas sobre las virtudes del éxito y la nohlesse oblige de los ricos, pero la ética de los negocios como tal fue desarrollada en su mayor parte por socialistas, como una continua diatriba contra la amoralidad de la mentalidad de los negocios. Sólo muy recientemente una concepción más moral y honorable de los negocios ha empezado a dominar el lenguaje de los negocios, y con ella se ha extendido la idea de estudiar los valores e ideales subyacentes de los negocios. Podemos comprender cómo la libertad del mercado siempre será una amenaza a los valores tradicionales y contraria al control gubernamental, pero ya no podemos llegar retóricamente a la conclusión de que el propio mercado carece de valores o de que los gobiernos sirven mejor que los mercados al bien público.
3. El mito de la motivación del beneficio
La ética de los negocios ya no está exclusivamente centrada sobre todo en la crítica de los negocios y de la práctica de éstos. Los beneficios ya no son condenados junto a la «avaricia» en sermones moralizantes, y ya no se concibe a las empresas como monolitos sin cara, sin alma y amorales. Lo que interesa ahora es simplemente cómo debe concebirse el beneficio en el contexto más amplio de la productividad y la responsabilidad social y la manera en que las corporaciones, en calidad de comunidades complejas, mejor pueden servir tanto a sus propios empleados como a la sociedad que les rodea. La ética de los negocios ha pasado de un ataque totalmente crítico al capitalismo y a la «motivación por el beneficio» a un examen más productivo y constructivo de las normas y prácticas subyacentes de los negocios. Pero el antiguo paradigma -lo que Richard DeGeorge ha denominado «el mito de los negocios amorales»- pervive, no sólo entre el público suspicaz y entre algunos filósofos de orientación socialista sino también entre muchos hombres de negocios. Por consiguiente, la primera tarea de la ética de los negocios consiste en abrirse paso a través de mitos y metáforas incriminatorios que oscurecen en vez de clarificar el ethos subyacente que hace posible los negocios.
Toda disciplina tiene su propio vocabulario autoglorificador. Los políticos se deleitan en las nociones de «servicio público» mientras persiguen el poder personal, los abogados defienden nuestros «derechos» a cambio de unos considerables honorarios y los profesores describen lo que hacen en el lenguaje noble de «la verdad y el conocimiento» mientras dedican la mayor parte de su tiempo y energías a la política universitaria. Pero en el caso de los negocios, el lenguaje autoglorificador es a menudo especialmente poco lisonjero. Por ejemplo, los ejecutivos siguen hablando de lo que hacen en términos de la «motivación por el beneficio», sin advertir que la expresión fue inventada por los socialistas del siglo pasado como un ataque a los negocios y a su cicatera búsqueda de dinero con exclusión de todas las demás consideraciones y obligaciones. Sin duda un negocio aspira a obtener beneficios, pero lo hace sólo proporcionando bienes y servicios de calidad, creando empleos y encajando en la comunidad. Individualizar el beneficio más que la productividad o el servicio público como objetivo central de la actividad de los negocios no es más que buscar problemas. Los beneficios como tales no son la meta o el fin de la actividad de los negocios: los beneficios se distribuyen y reinvierten. Los beneficios constituyen un medio para construir el negocio y remunerar a los empleados, ejecutivos e inversores. Para algunos, los beneficios pueden ser un medio de «marcarse un tanto», pero incluso en esos casos el objetivo es el estatus y la satisfacción de «ganar», y no los beneficios como tales.
Una autoimagen del ejecutivo más elaborada pero no muy diferente es aquella según la cual los directivos de un negocio están obligados ante todo por una única obligación, a saber, maximizar los beneficios de sus accionistas. No tenemos que indagar si ésta es la motivación real subyacente a la mayoría de las decisiones de la alta dirección para señalar que, si bien los directivos reconocen que sus propios roles en los negocios están definidos principalmente por obligaciones más que por la «motivación por el beneficio», esa poco lisonjera imagen simplemente se ha transferido a los accionistas (es decir, a los propietarios). ¿Es verdad que los inversores/propietarios sólose preocupan por la maximización de sus beneficios? ¿Es el accionista, en última instancia, la encarnación de ese inhumano horno oeconomicus extremadamente desprovisto de responsabilidad cívica y orgullo, desinteresado por las virtudes de la empresa que posee, aparte de aquellos riesgos que le pueden hacer vulnerable a pleitos legales costosos? Y si algunos inversores de «meter y sacar» a los cuatro meses se preocupan realmente sólo por aumentar sus inversiones en un treinta por ciento o así, por qué estamos tan seguros de que los directivos de la empresa tienen una obligación para con ellos distinta a la de no derrochar intencionadamente o desperdiciar su dinero? La búsqueda de beneficios no es el fin último, y mucho menos el único fin de los negocios. Es más bien una de las muchas metas y constituye más un medio que un fin en sí.
Así es como comprendemos erróneamente los negocios: adoptamos una visión demasiado estrecha de lo que es esta actividad, por ejemplo la búsqueda de beneficios, y a continuación deducimos conclusiones no éticas o amorales. IL5 este enfoque inexcusablemente limitado a los «derechos de los accionistas», por ejemplo, el que se ha utilizado para defender algunas de las «Opas hostiles» muy destructivas y sin duda improductivas de las grandes empresas en los últimos años. Por supuesto, esto no equivale a negar el derecho de los accionistas a un rendimiento justo, ni tampoco a negar las «responsabilidades fiduciarias» de los directivos de una empresa. Sólo quiere decir que estos derechos y responsabilidades sólo tienen sentido en un contexto social más amplio y que la idea misma de la «motivación del beneficio» como fin en sí -frente a los beneficios como medios para estimular y recompensar un trabajo duro y una inversión, la construcción de un mejor negocio y un mejor servicio a la sociedad- constituye un serio obstáculo para comprender el rico tapiz de motivos y actividades que configura el mundo de los negocios.
4. Otros mitos y metáforas asociados a los negocios
Entre los mitos y metáforas más perjudiciales del discurso sobre los negocios se encuentran los conceptos machistas «darwinianos» de la «supervivencia de los más aptos» y de «los negocios son una jungla» (para el origen de estas nociones, véase el artículo 44, «El significado de la evolución»). Por supuesto, la idea subyacente es que la vida en los negocios es competitiva, y que no siempre es justa. Pero este par de ideas obvias es muy diferente de las representaciones de una «merienda de lobos» o de «cada cual va a la suya», rutinarias en el mundo de los negocios. Cierto es que los negocios son y deben ser competitivos, pero no es verdad que esta competición sea a muerte o caníbal ni que «uno hace lo que puede para sobrevivir». Por competitiva que pueda ser una industria particular, siempre se basa en un núcleo de intereses comunes y normas de conducta convenidas mutuamente, y la competencia no tiene lugar en una jungla sino en una comunidad a la que presumiblemente sirve y de la que depende a la vez. La vida de los negocios es ante todo fundamentalmente cooperativa. Y la competencia sólo es posible dentro de los límites de los intereses compartidos en común. Y al contrario de como lo quiere la metáfora de la selva -«cada cual a la suya»-, los negocios casi siempre suponen grandes grupos que cooperan y confían entre si, no sólo las propias corporaciones sino las redes de proveedores, personal de servicios, clientes e inversores.
La competencia es esencial para el capitalismo, pero concebirla como una competencia «desenfrenada» es socavar la ética y además comprender erróneamente la naturaleza de la competencia (por la misma razón también deberíamos mirar con suspicacia la conocida metáfora de la «guerra», tan popular en muchas salas de juntas y la actual metáfora del «juego», así como el énfasis por «ganar» que tiende a convertir el serio empeño de «ganarse la vida» en algo así como un deporte encerrado en sí mismo).
La metáfora más persistente, que parece resistir frente a toda evidencia en su contra, es la del individualismo atomista. La idea de que la vida de los negocios consiste totalmente en transacciones convenidas entre ciudadanos individuales (evitando la interferencia gubernamental) puede remontarse a Adam Smith y a la filosofía dominante en la Inglaterra del siglo XVIII. Pero en la actualidad la mayor parte de la vida de los negocios consiste en funciones y responsabilidades en empresas cooperativas, tanto se trate de pequeños negocios familiares o de gigantescas corporaciones multinacionales. El gobierno y los negocios son tan a menudo socios como adversarios (por frustrante que pueda parecer en ocasiones el laberinto de la «regulación»), bien por medio de subvenciones, aranceles y exenciones fiscales o bien como socios en estrecha cooperación («Japan, Inc.» y proyectos tan vastos como el transbordador espacial de National Aeronautics y la Administración del Espacio). Pero el individualismo atomista no es sólo inexacto dada la complejidad empresarial del actual mundo de los negocios; parte de la ingenua suposición de que ni siquiera la más simple promesa, contrato o intercambio están exentos de normas y prácticas institucionales. Los negocios son una práctica social, y no una actividad de individuos aislados. Esta actividad sólo es posible porque tiene lugar en una cultura con un conjunto establecido de procedimientos y expectativas, cosas que (excepto en los detalles) no están expuestas a las intervenciones individuales.
Por consiguiente, es un signo de considerable progreso el hecho de que uno de los modelos dominantes del pensamiento empresarial actual sea la idea de una «cultura empresarial». Como cualquier otra analogía, ésta tiene por supuesto sus contraejemplos, pero es importante apreciar el sentido de esta metáfora. Este sentido es social, de rechazo al individualismo atomista. Reconoce el lugar de las personas en la organización como la estructura fundamental de la vida de los negocios. Suscribe abiertamente la idea de una ética. Reconoce que los valores comunes mantienen unida a una cultura. Aún deja lugar para la actuación individualista «por libre», la del «emprendedor», pero también ésta sólo es posible en tanto deje un lugar (importante) a la excentricidad y la innovación. Pero asimismo, el problema de la metáfora de la «cultura» es que tiende a estar demasiado encerrada en sí misma. Una empresa no es como una tribu aislada de las Islas Trobriand. Una cultura empresarial es una parte inseparable de una cultura más amplia, a lo sumo una subcultura (o una cultura de subcultura), un organelo especializado de un órgano de un organismo. En realidad lo que caracteriza a todos estos mitos y metáforas es la tendencia a concebir los negocios como un empeño aislado y encapsulado, con valores diferentes de los valores de la sociedad que los rodea. La primera tarea de la ética de los negocios es romper esta sensación de aislamiento.
5. Microética, macroética y ética molar
Podemos distinguir bien entre tres (o más) niveles de los negocios y de la ética de los negocios, desde el ámbito micro -las normas de intercambio justo entre dos individuos-, al ámbito macro -las normas institucionales o culturales del comercio para toda una sociedad («el mundo de los negocios»). También deberíamos delimitar un área que podemos denominar el nivel molar de la ética de los negocios, que versa sobre la unidad básica del comercio actual: la corporación. Por supuesto, la microética de los negocios es en gran medida una parte de la ética tradicional: la naturaleza de las promesas y otras obligaciones, las intenciones, consecuencias y otras implicaciones de las acciones de un individuo, la fundamentación y la naturaleza de los diversos derechos individuales. Lo peculiar a la microética de los negocios es la idea de intercambio justo y, con ella, la noción de salario justo, trato justo, y de lo que se puede considerar una «negociación» frente a lo que es un «robo». Aquí es especialmente pertinente la noción aristotélica de justicia «conmutativa», e incluso los antiguos solían preocuparse, de tanto en cuanto, de si, por ejemplo, el vendedor de una casa estaba obligado a comunicar al comprador en potencia que el techo estaba en mal estado y podía dejar pasar el agua con las primeras lluvias copiosas.
Por su parte, la macroética está integrada en las cuestiones más amplias sobre la justicia, la legitimidad y la naturaleza de la sociedad que en conjunto constituyen la filosofía social y política. ¿Cuál es el objeto del «libre mercado»?, o ¿existe en algún sentido un bien en sí, con su propio telos? ¿Son primarios los derechos de propiedad privada, en algún sentido previos al contrato social (como han afirmado John Locke y más recientemente Robert Nozick) o bien también hemos de concebir el mercado como una práctica social compleja de la cual los derechos son sólo un componente? ¿Es «justo» ~ sistema de libre mercado? ¿Es la forma más eficaz de distribuir bienes y servicios en la sociedad? ¿Presta suficiente atención a los casos de necesidades desesperadas (en las que no se trata de un «intercambio justo»)? ¿Presta suficiente atención a los méritos, cuando en modo alguno está garantizado que haya una suficiente demanda de virtud como para ser recompensada? ¿Cuáles son las funciones legítimas (e ilegítimas) del gobierno en la vida de los negocios y cuál es la función de la regulación gubernamental? En otras palabras, la macroética es el intento por obtener la «gran foto», por comprender la naturaleza del mundo de los negocios y sus funciones propias.
Sin embargo, la unidad «molar» definitiva del negocio moderno es la corporación, y las cuestiones centrales de la ética de los negocios tienden a estar descaradamente dirigidas a los directivos y empleados de los aproximadamente pocos miles de empresas que rigen gran parte de la vida comercial de todo el mundo. En particular, son cuestiones relativas a la función de la corporación en la sociedad y al papel del individuo en la corporación. No es de extrañar que muchas de las cuestiones más críticas se encuentran en los intersticios de los tres niveles del discurso ético, como por ejemplo la cuestión de la responsabilidad social corporativa -el papel de la corporación en el conjunto de la sociedad-, y las cuestiones de las responsabilidades propias de cada puesto -el papel del individuo en la corporación.
6. La corporación en la sociedad: la idea de responsabilidad social
El concepto central de gran parte de la ética de los negocios reciente es la idea de responsabilidad social. También es un concepto que ha irritado a muchos entusiastas tradicionales del libre mercado y desencadenado diversas polémicas malas o equívocas. Quizás la más famosa de éstas sea la diatriba del economista y premio Nobel Milton Friedman en The New York Times (13 de septiembre de 197C) titulada «La responsabilidad social del negocio es aumentar sus beneficios». En este artículo, Friedman tildaba a los hombres de negocios que defendían la idea de responsabilidad social corporativa de «marionetas inconscientes de las fuerzas intelectuales que han estado socavando la base de una sociedad libre» y les acusaba de «predicar un socialismo puro y no adulterado». El argumento de Friedman es, en esencia, que los directivos de una corporación son los empleados de los accionistas y, como tales, tienen una «responsabilidad fiduciaria» de maximizar sus beneficios. El dar dinero a obras benéficas u otras causas sociales (excepto a las relaciones públicas orientadas a aumentar el negocio) y participar en proyectos comunitarios (que no aumentan el negocio de la empresa) equivale a robar a los accionistas. Además, no hay razón para suponer que una corporación o sus directivos tengan una cualificación o conocimiento especial en el campo de la política pública, y por lo tanto están extralimitándose en sus competencias además de violar sus obligaciones cuando participan en actividades comunitarias (es decir, como directivos de Ja empresa, y no como ciudadanos individuales que actúan por iniciativa propia).
Algunas de las falacias que contiene este razonamiento se desprenden de la concepción estrecha «orientada al beneficio» de los negocios y a la imagen extremadamente poco lisonjera y realista del accionista que antes hemos citado; otras (como el «socialismo puro y no adulterado» y el «robo») no son más que excesos retóricos. El argumento de la «competencia» (también defendido por Peter Drucker en su influyente libro sobre La Dirección) sólo tiene sentido en tanto en cuanto las corporaciones llevan a cabo proyectos de ingeniería social que están más allá de sus capacidades; pero ¿exige conocimientos especiales o avanzados interesarse por la contratación discriminatoria o las prácticas de promoción en la propia empresa o por los efectos devastadores de los residuos de ésta sobre la campiña circundante? La crítica general a los argumentos friedmanianos de este tipo recientemente popularizada en la ética de los negocios puede resumirse en un modesto juego de palabras; en vez de «accionistas», los beneficiarios de las responsabilidades sociales de la corporación son recolectores de apuestas [juego de palabras entre stockholder (accionista) y stakeholder (recolector de apuestas)], de los cuales los accionistas constituyen una única subclase. Los recolectores de apuestas de una empresa son todos aquellos que están afectados y tienen expectativas y derechos legítimos por las acciones de la empresa, y entre éstos se encuentran los empleados, los consumidores y los proveedores así como la comunidad circundante y la sociedad en general. 11 alcance de este concepto es que amplía considerablemente el centro de interés de la corporación, sin perder de vista las virtudes y capacidades particulares de la propia corporación. Así considerada, la responsabilidad social no es una carga adicional a la corporación sino una parte integrante de sus intereses esenciales, atender a las necesidades y ser equitativa no sólo con sus inversores/propietarios sino con quienes trabajan para ella, compran de ella, para sus proveedores, para quienes viven cerca o están afectados de otro modo por las actividades demandadas y compensadas por el sistema de libre mercado.
7. Obligaciones para con los recolectores de apuestas: los consumidores y la comunidad
Los directivos de las corporaciones tienen obligaciones para con sus accionistas, pero también tienen obligaciones para con otros recolectores de apuestas. En particular tienen obligaciones para con los consumidores y para con la comunidad que les rodea así como para con sus propios empleados (véase la sección 8). Después de todo, el objetivo de la empresa es servir al público, tanto proporcionándole los productos y servicios deseados y deseables como no perjudicando a la comunidad y a sus ciudadanos. Por ejemplo, una corporación difícilmente sirve su finalidad pública si contamina el suministro de aire o de agua, si enreda el tráfico o agota los recursos comunitarios, si fomenta (incluso de manera indirecta) el racismo o los prejuicios, si destruye la belleza natural del entorno o pone en peligro el bienestar financiero o social de los ciudadanos del lugar. Para los consumidores, la empresa tiene la obligación de proporcionar productos y servicios de calidad. Tiene la obligación de asegurar que éstos son seguros, mediante la investigación y las instrucciones adecuadas y, cuando corresponda, advertir de un posible uso indebido. Los fabricantes son y deben ser responsables de los efectos peligrosos y el abuso predecible de sus productos, por ejemplo, por la probabilidad de que un niño pequeño se trague una pieza pequeña y fácil de separar de un juguete hecho especialmente para ese grupo de edad, y algunos grupos de defensa de los consumidores sugieren actualmente que esta responsabilidad no debe matizarse excesivamente con la excusa de que «se trataba de adultos maduros que conocían o debían haber conocido los riesgos de lo que estaban haciendo». Sin embargo, esta última exigencia apunta a diversos focos de interés actualmente problemáticos, en especial a la presunción general de madurez, inteligencia y responsabilidad por parte del consumidor y a la cuestión de los límites razonables de la responsabilidad por parte del productor (obviamente con los niños son aplicables consideraciones especiales). ¿En qué medida el fabricante debe adoptar precauciones contra usos claramente peculiares o incluso absurdos de sus productos? ¿Qué restricciones deben imponerse a los fabricantes que venden y distribuyen productos peligrosos, por ejemplo, cigarrillos y armas de fuego, incluso si hay una considerable demanda de estos artículos?; ¿debe ser responsable el productor de lo que es claramente un riesgo previsible por parte del consumidor? En realidad, cada vez más gente se pregunta si en alguna medida deberíamos retomar la hoy antigua advertencia de «tenga precaución el comprador» para contrarrestar la tendencia escapista a la falta de responsabilidad del consumidor y a la responsabilidad absoluta de la empresa.
La inteligencia y responsabilidad del consumidor también están en juego en el debatido tema de la publicidad, contra el cual se han dirigido algunas de las críticas más graves a las prácticas actuales de los negocios. La defensa clásica del sistema del mercado libre es que abastece y satisface las demandas existentes. Pero silos fabricantes crean realmente la demanda de los productos que producen, esta defensa clásica pierde claramente su base. En realidad incluso se ha acusado que la publicidad es en sí coercitiva por cuanto interfiere en la libre elección del consumidor, que ya no está en condiciones de decidir cómo satisfacer mejor sus necesidades sino que en cambio se ve sujeto a toda una lluvia de influencias que pueden ser bastante irrelevantes o incluso opuestas a aquellas necesidades. E incluso cuando no se cuestiona la deseabilidad del producto, se plantean las nada desdeñables cuestiones relativas a la publicidad de determinadas marcas comerciales y a la creación artificial de una «diferenciación del producto». Y también se plantean las conocidas cuestiones relativas al gusto -relativas al límite entre la ética y la estética (y en ocasiones más allá de él). Se utiliza el sexo -en ocasiones de manera seductora y en otras de forma clara- para mejorar el aspecto de productos que van desde la goma de mascar a los automóviles, se ofrecen promesas implícitas pero obviamente falsas de éxito social \; aceptabilidad si uno compra este jabón o pasta de dientes; y hay presentaciones ofensivas de las mujeres y minorías y a menudo de la naturaleza humana en cuanto tal, simplemente para vender productos de los que la mayoría de nosotros podríamos prescindir perfectamente. Este consumo superfluo y el gusto (o la falta de él) que vende ,¿es una cuestión ética? ¿Se espera realmente que alguien crea que su vida va a cambiar añadiendo un aroma de menta o un suelo de cocina sin cera y no amarillento?
Mucho más grave es, por supuesto, el engaño directo en la publicidad. Pero en este mundo de seducción, kitsch e hipérbole no está en modo alguno claro qué constituye un «engaño». Quizás en realidad nadie crea que una determinada pasta de dientes o unos tejanos de diseño le garanticen el éxito con el ser querido de sus sueños (aunque millones están dispuestos a probarlo, por si acaso), pero cuando un producto tiene efectos que bien pueden ser fatales, se somete a un examen más detenido la exactitud de la publicidad. Cuando se anuncia un producto médico mediante una información técnica errónea, incompleta o sencillamente falsa, cuando se vende un «remedio contra el resfriado» sin receta con la promesa pero sin una evidencia seria de que puede aliviar los síntomas y evitar las complicaciones, cuando se ocultan efectos secundarios conocidos y peligrosos detrás de un genérico «con ésta como con todas las medicinas, consulte con su médico», la aparentemente simple «verdad de la publicidad» se convierte en un imperativo moral y se han violado los principios éticos (si no también la ley).
A menudo se ha afirmado que en un mercado libre ideal la única publicidad que seria necesaria o permitida sería la pura información sobre el uso y características del producto. Pero en determinadas circunstancias el consumidor medio puede no ser capaz de comprender la información relevante relativa al producto en cuestión. Sin embargo en la gran mayoría de casos, los consumidores se responsabilizan muy poco por sus propias decisiones, y en realidad no se puede culpar a la publicidad de la irresponsabilidad o irracionalidad de aquéllos. Las empresas tienen responsabilidades para con sus clientes, pero los clientes también tienen responsabilidades. Como sucede a menudo, la ética de los negocios no es sólo cuestión de la responsabilidad empresarial sino un conjunto entrelazado de responsabilidades recíprocas.
8. El individuo en la empresa: responsabilidades y expectativas
Quizás el recolector de apuestas que ha sido objeto de más abusos en el modelo de las responsabilidades corporativas sea el empleado de la empresa. En la teoría tradicional del libre mercado, el trabajo del empleado es en sí mismo simplemente una mercancía más, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda. Pero mientras que uno puede vender a precio «reventado» o simplemente desechar los pernos o partes de una maquinaria que ya no se demandan, el empleado es un ser humano, con necesidades y derechos reales aparte de su función en la producción o en el mercado. Un espacio de trabajo estrecho e incómodo, o una jornada de trabajo penosa puede reducir los gastos generales o aumentar la productividad, y el pago de salarios de subsistencia a los empleados que por una u otra razón no pueden, no se atreven o no saben cómo quejarse, pueden aumentar los beneficios, pero en la actualidad todos -menos los irreductibles «darwinianos»- reconocen que estas condiciones y prácticas no son éticas y legalmente son inexcusables. Y sin embargo, el modelo del trabajo como «mercancía» tiene aún una gran influencia en gran parte de la teoría de los negocios, y afecta tanto a los directivos y ejecutivos como a los trabajadores cualificados y no cualificados. Ésta es la razón por la que gran parte de la ética de los negocios reciente se ha centrado en ideas como los derechos de los empleados y, desde una óptica muy diferente, la razón por la que también se ha recuperado la antigua noción de «lealtad de la empresa». Después de todo, si una empresa trata a sus empleados como piezas desechables, nadie debería sorprenderse si éstos empiezan a tratar a la empresa sólo como una fuente transitoria de salarios y beneficios.
Sin embargo, el otro lado de esta inquietante imagen es el también renovado acento en la noción de las funciones y responsabilidades de los empleados, una de las cuales es la lealtad hacia la empresa. Sin duda, la «lealtad» es aquí un interés en d05 direcciones; en virtud de su empleo, el empleado tiene obligaciones especiales para con la empresa, pero ésta tiene a su vez obligaciones para con el empleado. Pero existe el peligro de subrayar conceptos como el de «lealtad» sin tener muy claro que la lealtad no está sólo vinculada al empleo en general sino también al rol particular y a las responsabilidades de uno. Según R. 5. Downie, un rol es «un racimo de derechos y deber es con algún tipo de función social» -en este caso, una función en la empresa (Rolesand values, pág. 128). En el contrato de trabajo y en la legislación pueden especificarse algunos aspectos de este rol y responsabilidades, pero muchos de ellos -por ejemplo, las costumbres locales, las pautas de cortesía y otros aspectos de lo que antes llamamos la «cultura empresarial»- pueden apreciarse sólo con el tiempo en el puesto y el contacto continuado con otros empleados.
Además, no es sólo cuestión de que cada cual «cumpla con su labor» sino, tanto por razones éticas como económicas, de hacer ésta lo mejor posible. Norman Bowie afirma al respecto, y creo que con razón, que «un puesto de trabajo no es nunca sólo un puesto de trabajo». Tiene también una dimensión moral: el orgullo en lo producido, la cooperación con los compañeros y el interés por el bienestar de la empresa. Pero por supuesto estas obligaciones definidas por el rol tienen sus límites (por mucho que a algunos directivos les convenga negarlo). El negocio no es un fin en sí mismo sino que está inserto y apoyado por una sociedad que tiene otros intereses, normas y expectativas dominantes.
En ocasiones oímos quejarse a los empleados (e incluso a los ejecutivos de alto nivel) que sus «valores corporativos chocan con sus valores personales». Lo que esto suele querer decir, creo, es que ciertas exigencias formuladas por sus empresas son poco éticas o inmorales. Lo que la mayoría de las personas denominan sus «valores personales» son de hecho los valores más profundos de su cultura. Y es en este contexto como deberíamos comprender esa imagen trágica hoy familiar de la vida empresarial contemporánea: el soplón». El soplón no es sólo un excéntrico que no puede «encajar» en la organización a la que amenaza con descubrir. El soplón reconoce que no puede tolerar la violación de la moralidad o de la confianza pública y se siente obligado a hacer algo por ello. Las biografías de la mayoría de los soplones no son edificantes, pero su misma existencia y éxito ocasional es buena prueba de las obligaciones recíprocas de la empresa, el individuo y la sociedad. En realidad, quizás el resultado más importante de la aparición de la ética de los negocios en el espacio público ha sido el resaltar a estos individuos y otorgarles una renovada respetabilidad por lo que sus empleadores perciben erróneamente una simple falta de lealtad. Pero cuando las exigencias del negocio chocan con la moralidad o el bienestar de la sociedad, el que debe ceder es el negocio, y éste es quizás el sentido último de la ética de los negocios.
miércoles, 7 de mayo de 2008
LA ÉTICA COMO ELEMENTO NECESARIO PARA LA IMAGEN Y SUPERVIVENCIA DE LA EMPRESA.
Sebastián Pla Colomina.
Vicepresidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navega¬ción de Castellón
Cada vez con mayor fuerza se impone la necesidad de un comporta¬miento éticamente correcto en las relaciones de las empresas con sus clientes y también con sus proveedores. No puede ser ya una cuestión secundaria, ni pensar que el límite está en el respeto a la legalidad vigen¬te, que de entrada se supone. En la medida en que consigamos crear esa imagen, estamos ofertando calidad y asegurando el futuro a medio y largo plazo. La mejor forma de crear una imagen es cuidarla día a día y en cada transacción comercial.
Es evidente que una adecuada política de imagen favorecerá el objetivo de la empresa en este campo, pero se debe refrendar en cada operación, ya que en caso contrario se corre el riesgo no sólo de gastar recursos inútilmente, sino que además podemos perjudicar seriamente la credibilidad y comprometer el futuro de la firma. Por ejemplo: no le serviría de nada a la empresa que la gente identifique yogur con DANONE, si el producto no fuese bueno, sobre todo desde el convencimiento del propio fabricante.
El objetivo empresarial de obtener el máximo beneficio posible en el menor tiempo, debe al menos compatibilizarse con la necesidad de planificar el futuro. Quizá la clave esté en la palabra «posible». No se puede garantizar la supervivencia de la empresa con movimientos pura¬mente especulativos que persigan grandes e inmediatos beneficios.
La honradez en las relaciones con otras empresas y la garantía al usua¬rio y calidad en el servicio son componentes necesarios para una co¬rrecta política de imagen.
Un elemento fundamental es la transmisión de estos valores éticos a todo el organigrama de la empresa. Todos los miembros de la empresa deben asumir como básica la norma de comportamiento correcta, para así poder transmitir seriedad y seguridad en cada momento de la tran¬sacción comercial. Conseguir lo que podríamos denominar orgullo de marca significará que todo el personal se sienta integrado en la em¬presa y corresponsable en su funcionamiento. Debe llegarse al conven¬cimiento de que merece la pena luchar por la empresa. Será uno de los. mejores caminos para transmitir seguridad, imagen e incluso calidad.
La inversión en conseguir comportamientos éticos tanto en las relacio¬nes internas como en las externas puede convertirse en una de las más rentables,. Sin embargo, es muy difícil observar resultados tangibles a corto plazo. A medio y largo plazo puede suponer un pilar básico sobre el que se asienta una empresa sólida y con una ventaja importante de cara a la necesaria competitividad.
Ética y empresa, conceptos que hasta el momento no se han tenido muy en cuenta en España, es más, se han considerado como divergen¬tes, pueden suponer, si se concilian, la mejor baza para obtener una buena imagen y favorecer la competitividad.
Este nuevo concepto de empresa, como lo define el profesor Domin¬go García, tiene bastantes mas años de experiencia (positiva) en países como EE.UU. donde hace ya muchos años que se reconoce como prácticamente imprescindible.
Otro aspecto a tener en cuenta es la posibilidad o no de aplicar deter¬minados comportamientos que, en principio, podríamos considerar como muy convenientes desde el punto vista de ética e imagen de empresa y que están condicionados a la legalidad vigente y la necesaria competitividad.
La legalidad vigente condiciona aquello que se puede aplicar, de mane¬ra que algunos comportamientos lo son en función de una legalidad restrictiva o anticuada.
Muchas veces la realidad económica supera la capacidad de puesta al día de la norma aplicable y provoca decisiones que en principio pueden perjudicar la imagen de la empresa, pero que son necesarias para intentar sobrevivir. Sobre todo si tenemos en cuenta la globalización de la economía. Ya no se trata del marco de nuestra legalidad o de la comunitaria. Competimos con todos los países del mundo y cada uno tiene unas normas diferentes.
A titulo de ejemplo, una legislación socialmente avanzada en los países occidentales relativa a las tripulaciones de los buques, ha provocado que desaparezcan las flotas y que los armadores abanderen sus bu¬ques en otros países con legislaciones menos restrictivas y que las tripulaciones provengan de países cuyas normas son absolutamente diferentes. Llega la situación a tal punto que un país como Reino Unido crea un segundo registro en Gibraltar con normas mucho mas suaves para evitar la fuga hacia banderas de otros países. Lo mismo hizo Fran¬cia, y España lo estudia con el registro Canario.
La evolución rápida de la norma aplicable, acoplándose a los momen¬tos económicos con la mayor velocidad, es fundamental para mante¬ner políticas económicas coherentes en las empresas.
También sería deseable armonizar a nivel global la mayor parte de las normas aplicables para evitar desequilibrios y movimientos cuando menos extraños. Todavía se hace mas necesario en las zonas de libre¬cambio donde se desmontan barreras arancelarias y cualquier tipo de corrección que signifique algún tipo de restricción al comercio.
El objetivo mundial de liberalizar los intercambios y evitar barreras de todo tipo puede convertirse en un problema a gran escala si la legisla¬ción, las normas, los comportamientos éticos, ecológicos y de imagen no están armonizados o se estudian las medidas correctoras necesa¬rias para evitar desequilibrios que podrían devolvernos a un nuevo pro¬teccionismo quizá mas sofisticado.
Vicepresidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navega¬ción de Castellón
Cada vez con mayor fuerza se impone la necesidad de un comporta¬miento éticamente correcto en las relaciones de las empresas con sus clientes y también con sus proveedores. No puede ser ya una cuestión secundaria, ni pensar que el límite está en el respeto a la legalidad vigen¬te, que de entrada se supone. En la medida en que consigamos crear esa imagen, estamos ofertando calidad y asegurando el futuro a medio y largo plazo. La mejor forma de crear una imagen es cuidarla día a día y en cada transacción comercial.
Es evidente que una adecuada política de imagen favorecerá el objetivo de la empresa en este campo, pero se debe refrendar en cada operación, ya que en caso contrario se corre el riesgo no sólo de gastar recursos inútilmente, sino que además podemos perjudicar seriamente la credibilidad y comprometer el futuro de la firma. Por ejemplo: no le serviría de nada a la empresa que la gente identifique yogur con DANONE, si el producto no fuese bueno, sobre todo desde el convencimiento del propio fabricante.
El objetivo empresarial de obtener el máximo beneficio posible en el menor tiempo, debe al menos compatibilizarse con la necesidad de planificar el futuro. Quizá la clave esté en la palabra «posible». No se puede garantizar la supervivencia de la empresa con movimientos pura¬mente especulativos que persigan grandes e inmediatos beneficios.
La honradez en las relaciones con otras empresas y la garantía al usua¬rio y calidad en el servicio son componentes necesarios para una co¬rrecta política de imagen.
Un elemento fundamental es la transmisión de estos valores éticos a todo el organigrama de la empresa. Todos los miembros de la empresa deben asumir como básica la norma de comportamiento correcta, para así poder transmitir seriedad y seguridad en cada momento de la tran¬sacción comercial. Conseguir lo que podríamos denominar orgullo de marca significará que todo el personal se sienta integrado en la em¬presa y corresponsable en su funcionamiento. Debe llegarse al conven¬cimiento de que merece la pena luchar por la empresa. Será uno de los. mejores caminos para transmitir seguridad, imagen e incluso calidad.
La inversión en conseguir comportamientos éticos tanto en las relacio¬nes internas como en las externas puede convertirse en una de las más rentables,. Sin embargo, es muy difícil observar resultados tangibles a corto plazo. A medio y largo plazo puede suponer un pilar básico sobre el que se asienta una empresa sólida y con una ventaja importante de cara a la necesaria competitividad.
Ética y empresa, conceptos que hasta el momento no se han tenido muy en cuenta en España, es más, se han considerado como divergen¬tes, pueden suponer, si se concilian, la mejor baza para obtener una buena imagen y favorecer la competitividad.
Este nuevo concepto de empresa, como lo define el profesor Domin¬go García, tiene bastantes mas años de experiencia (positiva) en países como EE.UU. donde hace ya muchos años que se reconoce como prácticamente imprescindible.
Otro aspecto a tener en cuenta es la posibilidad o no de aplicar deter¬minados comportamientos que, en principio, podríamos considerar como muy convenientes desde el punto vista de ética e imagen de empresa y que están condicionados a la legalidad vigente y la necesaria competitividad.
La legalidad vigente condiciona aquello que se puede aplicar, de mane¬ra que algunos comportamientos lo son en función de una legalidad restrictiva o anticuada.
Muchas veces la realidad económica supera la capacidad de puesta al día de la norma aplicable y provoca decisiones que en principio pueden perjudicar la imagen de la empresa, pero que son necesarias para intentar sobrevivir. Sobre todo si tenemos en cuenta la globalización de la economía. Ya no se trata del marco de nuestra legalidad o de la comunitaria. Competimos con todos los países del mundo y cada uno tiene unas normas diferentes.
A titulo de ejemplo, una legislación socialmente avanzada en los países occidentales relativa a las tripulaciones de los buques, ha provocado que desaparezcan las flotas y que los armadores abanderen sus bu¬ques en otros países con legislaciones menos restrictivas y que las tripulaciones provengan de países cuyas normas son absolutamente diferentes. Llega la situación a tal punto que un país como Reino Unido crea un segundo registro en Gibraltar con normas mucho mas suaves para evitar la fuga hacia banderas de otros países. Lo mismo hizo Fran¬cia, y España lo estudia con el registro Canario.
La evolución rápida de la norma aplicable, acoplándose a los momen¬tos económicos con la mayor velocidad, es fundamental para mante¬ner políticas económicas coherentes en las empresas.
También sería deseable armonizar a nivel global la mayor parte de las normas aplicables para evitar desequilibrios y movimientos cuando menos extraños. Todavía se hace mas necesario en las zonas de libre¬cambio donde se desmontan barreras arancelarias y cualquier tipo de corrección que signifique algún tipo de restricción al comercio.
El objetivo mundial de liberalizar los intercambios y evitar barreras de todo tipo puede convertirse en un problema a gran escala si la legisla¬ción, las normas, los comportamientos éticos, ecológicos y de imagen no están armonizados o se estudian las medidas correctoras necesa¬rias para evitar desequilibrios que podrían devolvernos a un nuevo pro¬teccionismo quizá mas sofisticado.
Legislación Chilena y RSE
Se dice que la RSE comienza donde la ley termina. En Chile, la implantación de esta visión de negocios se caracteriza por su foco en la transformación social y el desarrollo de una conciencia democrática, con un énfasis en la solución de las necesidades sociales. Es por ello que existe una extensa lista de legislaciones asociadas a las áreas temáticas de la RSE, que se enumeran a continuación y cuyos textos completos pueden ser encontrados fácilmente ingresando el número y artículo en el sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional www.bcn.cl
Ética Empresarial
• Normas para la Defensa de la Libre Competencia. DL 211 de 1973.
• Ley que crea el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia. Ley N° 19.911 de 2003.
• Operaciones de Crédito de Dinero (anti usura). Ley 18010, 27 de junio de 1981.
• Ley de Protección de Datos y Privacidad. Ley 19628, 28 de agosto de 1999.
Medioambiente
• Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente. Ley 19300, 9 de marzo de 1994.
• Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. DFL 33, 27 de octubre de 1981.
Compromiso con la Comunidad
• Ley de Donaciones con Fines Educacionales. Ley 19247 Art. 3, 15 de septiembre de 1993.
• Ley de Donaciones con Fines Culturales. Ley 18985 Art. 8, 28 de junio de 1990.
• Ley de Donaciones con Fines Deportivos. Ley 19712, 9 de febrero de 2001.
• Ley sobre Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias. Ley Nº 19418 de 1997.
• Ley sobre Impuesto a la Renta. Decreto Ley Nº 824 de 1974.
• Ley sobre Rentas Municipales. Decreto Ley Nº 3063 de 1979.
Marketing Responsable
• Ley de Protección al Consumidor. Ley 19496, 7 de marzo de 1997.•
Calidad de Vida Laboral
• Integración social de personas con discapacidad. Ley 19284, 14 de enero de 1994.
• Instituciones de Salud Previsional ISAPRES. Ley 18933, 9 de marzo de 1990.
• Fondo Único de Prestaciones de Familia y Subsidio de Cesantía. DFL 150 Art. 20, 25 de marzo de 1982.
• Fondo para la Capacitación y Formación Sindical. Ley 19214, 6 de mayo de 1993.
• Fondo Nacional de Subsidio Familiar. Ley 18611, 23 de abril de 1987.
• Fondos para la Vivienda. Ley 19281 Tit. VI, 27 de diciembre de 1993.
• Fondo Nacional de Salud FONASA. DL 2763 capítulo III, 3 de agosto de 1979.
• Dirección del Trabajo. DFL 308, 6 de abril de 1960.
• Ley de Centrales Sindicales. Ley 19049, 19 de febrero de 1991.
• Ley sobre Trabajos Pesados. Ley 19404, 21 de agosto de 1995.
• Ley sobre Trabajadores Temporeros. Ley 19988, 18 de diciembre de 2004.
• Ley sobre Trabajo Extraordinario. DFL 1046, 20 de diciembre de 1977.
• Sistema de Subsidio de Cesantía. DFL 150, 25 de marzo de 1982.
• Ley de Seguro de Desempleo. Ley 19728, 14 de mayo de 2001.
• Ley de Seguridad Social. Ley 19350, 14 de noviembre de 1994.
• Régimen de Prestaciones y Protección de Salud. Ley 18469, 23 de noviembre de 1985.
• Regula Peso Máximo de Carga Humana. Ley 20001, 5 de febrero del 2005.
• Registro Nacional de Discapacidad. Ley 19284 Titulo V, 14 de enero de 1994.
• Protección a la Maternidad. DFL 1 Arts. 194 al 208, 16 de enero de 2003.
• Plan de Salud AUGE. Ley 19966, 03 de septiembre de 2004.
• Organizaciones Sindicales y Negociación Colectiva. Ley 19069, 30 de julio de 1991.
• Ley de Medicina Preventiva. Ley 6174, 9 de febrero de 1938.
• Ley de Medicina Curativa. Ley 16781, 2 de mayo de 1968.
• Permiso especial (a trabajadores en caso de enfermedad grave de sus hijos menores). Ley 19505, 25 de julio de 1997.
Ética Empresarial
• Normas para la Defensa de la Libre Competencia. DL 211 de 1973.
• Ley que crea el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia. Ley N° 19.911 de 2003.
• Operaciones de Crédito de Dinero (anti usura). Ley 18010, 27 de junio de 1981.
• Ley de Protección de Datos y Privacidad. Ley 19628, 28 de agosto de 1999.
Medioambiente
• Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente. Ley 19300, 9 de marzo de 1994.
• Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. DFL 33, 27 de octubre de 1981.
Compromiso con la Comunidad
• Ley de Donaciones con Fines Educacionales. Ley 19247 Art. 3, 15 de septiembre de 1993.
• Ley de Donaciones con Fines Culturales. Ley 18985 Art. 8, 28 de junio de 1990.
• Ley de Donaciones con Fines Deportivos. Ley 19712, 9 de febrero de 2001.
• Ley sobre Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias. Ley Nº 19418 de 1997.
• Ley sobre Impuesto a la Renta. Decreto Ley Nº 824 de 1974.
• Ley sobre Rentas Municipales. Decreto Ley Nº 3063 de 1979.
Marketing Responsable
• Ley de Protección al Consumidor. Ley 19496, 7 de marzo de 1997.•
Calidad de Vida Laboral
• Integración social de personas con discapacidad. Ley 19284, 14 de enero de 1994.
• Instituciones de Salud Previsional ISAPRES. Ley 18933, 9 de marzo de 1990.
• Fondo Único de Prestaciones de Familia y Subsidio de Cesantía. DFL 150 Art. 20, 25 de marzo de 1982.
• Fondo para la Capacitación y Formación Sindical. Ley 19214, 6 de mayo de 1993.
• Fondo Nacional de Subsidio Familiar. Ley 18611, 23 de abril de 1987.
• Fondos para la Vivienda. Ley 19281 Tit. VI, 27 de diciembre de 1993.
• Fondo Nacional de Salud FONASA. DL 2763 capítulo III, 3 de agosto de 1979.
• Dirección del Trabajo. DFL 308, 6 de abril de 1960.
• Ley de Centrales Sindicales. Ley 19049, 19 de febrero de 1991.
• Ley sobre Trabajos Pesados. Ley 19404, 21 de agosto de 1995.
• Ley sobre Trabajadores Temporeros. Ley 19988, 18 de diciembre de 2004.
• Ley sobre Trabajo Extraordinario. DFL 1046, 20 de diciembre de 1977.
• Sistema de Subsidio de Cesantía. DFL 150, 25 de marzo de 1982.
• Ley de Seguro de Desempleo. Ley 19728, 14 de mayo de 2001.
• Ley de Seguridad Social. Ley 19350, 14 de noviembre de 1994.
• Régimen de Prestaciones y Protección de Salud. Ley 18469, 23 de noviembre de 1985.
• Regula Peso Máximo de Carga Humana. Ley 20001, 5 de febrero del 2005.
• Registro Nacional de Discapacidad. Ley 19284 Titulo V, 14 de enero de 1994.
• Protección a la Maternidad. DFL 1 Arts. 194 al 208, 16 de enero de 2003.
• Plan de Salud AUGE. Ley 19966, 03 de septiembre de 2004.
• Organizaciones Sindicales y Negociación Colectiva. Ley 19069, 30 de julio de 1991.
• Ley de Medicina Preventiva. Ley 6174, 9 de febrero de 1938.
• Ley de Medicina Curativa. Ley 16781, 2 de mayo de 1968.
• Permiso especial (a trabajadores en caso de enfermedad grave de sus hijos menores). Ley 19505, 25 de julio de 1997.
¿Qué es la RSE?
fuente: www.accionrse.cl
Las empresas hoy en día juegan un rol cada vez más activo en las sociedades en las que operan; ya no sólo son generadoras de empleo y riqueza sino que aportan al desarrollo de las comunidades en las que están insertas.
En Chile y Latinoamérica la opinión pública como la sociedad civil, en general han comenzado no tan sólo a esperar sino que a exigir que las empresas se comporten como "buenos ciudadanos corporativos". Desde el punto de vista de las empresas que operan en Chile, esto ya no es sólo una condición ética sino un imperativo para el éxito de sus negocios en el largo plazo.
Aunque no existe una definición única de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), esta generalmente se refiere a una visión de los negocios que incorpora el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente.
La RSE es vista por las compañías líderes como algo más que un conjunto de prácticas puntuales, iniciativas ocasionales o motivadas por el marketing, las relaciones públicas u otros beneficios empresariales. Ella es vista como un amplio set de políticas, prácticas y programas que son integrados a través de la operación empresarial y que soporta el proceso de toma de decisiones y es premiado por la administración.
En la última década, un gran número de empresas ha reconocido los beneficios en el bottom-line de incorporar prácticas y políticas socialmente responsables. Sus experiencias han sido respaldadas por una serie de estudios empíricos que demuestran que la RSE tiene impactos positivos sobre los valores empresariales, medidos en varias formas.
Las Compañías además se han alentado a adoptar o expandir esfuerzos de RSE como resultado de la presión proveniente de los consumidores, los proveedores, la comunidad, los inversionistas, las organizaciones activistas y otros stakeholders.
Beneficios para el Negocio
Mejoramiento del Desempeño Financiero
Reducción de Costos Operativos
Mejora de la Imagen de Marca y Reputación
Mejoramiento del Desempeño Financiero
Las comunidades empresariales y de inversión han debatido extensamente sobre la real conexión entre las prácticas empresariales socialmente responsables y un desempeño financiero positivo. Diversos estudios académicos han demostrado tal correlación:
En 1999, un estudio publicado en Business and Society Review, mostró que 300 grandes corporaciones descubrieron que las empresas que hacían público su compromiso de honrar a sus códigos de ética, mostraron un desempeño tres veces mayor a aquellas que no lo hicieron, tomando como parámetro el valor agregado en el mercado.
En 1997, un estudio de la Universidad DePaul, demostró que las empresas con un compromiso corporativo definido en cuanto a principios éticos, tenían un mejor desempeño financiero que las que no lo hacían, como base en las ventas e ingresos anuales.
Un estudio longitudinal reciente efectuado por la Universidad de Harvard se descubrió que las empresas con acciones balanceadas entre empleados y accionistas mostraron una taza de crecimiento cuatro veces mayor y una taza de crecimiento de empleo ocho veces mayor a las de empresas enfocadas solamente a accionistas.
Por solicitud de IBM Corp., David Lewin, profesor de la UCLA estudió a 156 empresas con el fin de determinar la relación entre las donaciones corporativas y el desempeño corporativo. El estudio demostró que las firmas más propensas a la filantropía obtenían tazas de retorno a sus inversiones significativamente más altas. Lewin concluyó que "la filantropía corporativa puede, con el tiempo, fortalecer el desempeño de los negocios".
Numerosos estudios han demostrado que las empresas con una sólida trayectoria en el área de medio ambiente, experimentan un desempeño financiero superior. Por ejemplo:
El índice del Dow Jones Sustainability Group, muestra que las compañías que se enfocan en una sustentación económica de "línea de base triple", ambiental y ética, superan a otras compañías en el mercado de valores.
En una comparación reciente entre las seis empresas de la industria química, con más altos desempeños ambientales y seis empresas con los más bajos desempeños ambientales, se encontró que aquellas con mejor comportamiento ambiental producen un retorno anual 9.2% mayor al de aquellas que se encuentran en los niveles más bajos de desempeño ambiental.
Reducción de Costos Operativos
Diversas iniciativas de RSE, particularmente aquellas que están orientadas al medio ambiente y ambiente laboral, pueden reducir los costos drásticamente, disminuir los gastos e improductividad. Por ejemplo, muchas iniciativas que favorecen la reducción de los gases del efecto invernadero, también incrementan la eficiencia energética, reduciendo así los gastos. Asimismo, muchas iniciativas de reciclaje eliminan los costos de desechos y generan ingresos mediante la venta de materiales reciclados. En el área de recursos humanos, programas de balance entre la vida personal y el trabajo, reducen el ausentismo e incrementan la retención de empleados, también permiten a las empresas ahorrar dinero gracias a un incremento en la y reducción de costos de contratación y entrenamiento.
Existen cientos de casos prácticos de empresas que han reducido drásticamente sus costos debido a una disminución en sus desechos, la eficiencia energética, prevención de la contaminación y aprovechamiento de los recursos. Por ejemplo, Dow Chemical Co. y la National Resource Defense Council (NRDC) se asociaron para un proyecto de tres años que tiene el fin de reducir la producción de 26 químicos tóxicos a tan solo uno, en una de las plantas de Dow. La inversión de Dow de 3.1 millones de dólares le está ahorrando a la empresa 5.4 millones al año y, para muchos de sus negocios, se ha incrementado la calidad de los productos y la capacidad de producción. Dow planea replicar este proyecto en una planta petroquímica mayor.
En el año 2000, un estudio de 200 ejecutivos de 158 grandes empresas internacionales demostró que un número creciente de compañías multinacionales realizan grandes reducciones de costos e incrementan su desempeño después de implantar nuevas formas de trabajar que estimulen a los trabajadores a crear y compartir sus conocimientos. Por ejemplo, BP Amoco y Ford Motor Company han ahorrado cada uno más de 600 millones de dólares gracias a sus programas de administración del conocimiento.
En 1997, una encuesta a más de 150 ejecutivos conducida por la Whirlpool Foudation, Working Mother Magazine y Family Newsbrief relaciono a más de 40 programas e iniciativas del ambiente laboral (en áreas tales como el cuidado de bebés y ancianos, flexibilidad, salud y bienestar, diversidad entre otras) el resultado fue un listado de 16 ventajas para los negocios, como: reducción del ausentismo y rotación, mayor satisfacción de los empleados y los consumidores, reducción de costos de salud, etc.
En 1999, HR Focus reportó que la oficina de recursos humanos de Ernst & Young definió unos programas de retención los cuales incrementaron la promoción de empleados a puestos de alta gerencia, la apreciación para el balance entre vida personal y el trabajo, y la asignación de personas para funcionar como modelos a seguir en comportamiento. Estos programas le hicieron ahorrar a la empresa un estimado de 21 millones de dólares.
Mejora de la Imagen de Marca y Reputación
Frecuentemente los consumidores son llevados hacia marcas y compañías consideradas por tener una buena reputación en áreas relacionadas con la RSE. Una empresa considerada socialmente responsable, puede beneficiarse de su reputación entre el público, así como de su reputación entre la comunidad empresarial, incrementando así la habilidad de la empresa para atraer capital y asociados. Por ejemplo, en 1997 un estudio llevado a cabo por dos profesores de gestión del Boston College demostró que excelentes relaciones con los empleados, los consumidores y la comunidad son más importantes que las grandes utilidades para lograr ser parte de la lista anual de Empresas mas admiradas según la revista Fortune.
La participación activa en actividades de la comunidad, genera una reputación positiva con los empleados dentro de la empresa. Según un estudio de Hill and Knowlton and Yankelovich Partners, los estadounidenses piensan más favorablemente de aquellas empresas que focalizan sus esfuerzos filantrópicos en la donación de productos y el estímulo del voluntariado de los empleados en la comunidad. Sólo un pequeño porcentaje consideran que "dar una gran suma de dinero" es la acción corporativa más impresionante. Empresas líderes son frecuentemente citadas en los medios de comunicación y son recomendadas a los inversionistas que buscan empresas socialmente responsables. Muchas de las listas anuales sobre empresas incluyen la participación activa en la comunidad como parte de los parámetros a medir. Por ejemplo, le revista Fortune, sitúa la "responsabilidad social" entre los ocho criterios usados en su encuesta anual de las Empresas más admiradas, conjuntamente con solidez financiera y calidad en la administración.
Las empresas han utilizado la responsabilidad medio ambiental como una manera de reforzar su reputación o imagen de marca, lo que, en retorno, ha servido para incrementar las ventas y atraer capital de inversión. En los Países Bajos, el valor en el mercado de ITT Nokia para televisores de 24 pulgadas se incrementó de 57% y su ingreso bruto de 73% un mes después de que una revista de consumidores los calificara como los mejores productos, basándose en parte, en el consumo de energía, el reciclaje y la utilización reducida de materiales dudosos. En los EEUU, los consumidores gastan aproximadamente 110 billones de dólares en productos que identifican como "socialmente o ambientalmente progresivos". Asimismo, las empresas que han integrado el factor ambiental en sus decisiones de negocios están comenzando a ganar beneficios de instituciones financieras y compañías de seguros, según un informe del Aspen Institute efectuado en 1999.
En la economía global, la imagen de marca y la reputación están entre las más valoradas fortalezas. Prácticas de marketing responsable, por naturaleza, son altamente visibles para los consumidores y tienen el potencial de fortalecer o fragilizar la opinión del público con respecto a una empresa o a su marca. Una buena reputación por integridad y un fuerte compromiso con los consumidores puede generar lealtad y confianza y proveer un espacio de confianza en tiempos de crisis, teniendo un público más tolerante y más propenso a restaurar su confianza cuando la crisis termina. Del mismo modo, prácticas de marketing responsable que son vistas de manera negativa pueden menguar la imagen de marca y la reputación de una empresa, así esta tenga productos o servicios de muy alta calidad.
Las empresas hoy en día juegan un rol cada vez más activo en las sociedades en las que operan; ya no sólo son generadoras de empleo y riqueza sino que aportan al desarrollo de las comunidades en las que están insertas.
En Chile y Latinoamérica la opinión pública como la sociedad civil, en general han comenzado no tan sólo a esperar sino que a exigir que las empresas se comporten como "buenos ciudadanos corporativos". Desde el punto de vista de las empresas que operan en Chile, esto ya no es sólo una condición ética sino un imperativo para el éxito de sus negocios en el largo plazo.
Aunque no existe una definición única de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), esta generalmente se refiere a una visión de los negocios que incorpora el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente.
La RSE es vista por las compañías líderes como algo más que un conjunto de prácticas puntuales, iniciativas ocasionales o motivadas por el marketing, las relaciones públicas u otros beneficios empresariales. Ella es vista como un amplio set de políticas, prácticas y programas que son integrados a través de la operación empresarial y que soporta el proceso de toma de decisiones y es premiado por la administración.
En la última década, un gran número de empresas ha reconocido los beneficios en el bottom-line de incorporar prácticas y políticas socialmente responsables. Sus experiencias han sido respaldadas por una serie de estudios empíricos que demuestran que la RSE tiene impactos positivos sobre los valores empresariales, medidos en varias formas.
Las Compañías además se han alentado a adoptar o expandir esfuerzos de RSE como resultado de la presión proveniente de los consumidores, los proveedores, la comunidad, los inversionistas, las organizaciones activistas y otros stakeholders.
Beneficios para el Negocio
Mejoramiento del Desempeño Financiero
Reducción de Costos Operativos
Mejora de la Imagen de Marca y Reputación
Mejoramiento del Desempeño Financiero
Las comunidades empresariales y de inversión han debatido extensamente sobre la real conexión entre las prácticas empresariales socialmente responsables y un desempeño financiero positivo. Diversos estudios académicos han demostrado tal correlación:
En 1999, un estudio publicado en Business and Society Review, mostró que 300 grandes corporaciones descubrieron que las empresas que hacían público su compromiso de honrar a sus códigos de ética, mostraron un desempeño tres veces mayor a aquellas que no lo hicieron, tomando como parámetro el valor agregado en el mercado.
En 1997, un estudio de la Universidad DePaul, demostró que las empresas con un compromiso corporativo definido en cuanto a principios éticos, tenían un mejor desempeño financiero que las que no lo hacían, como base en las ventas e ingresos anuales.
Un estudio longitudinal reciente efectuado por la Universidad de Harvard se descubrió que las empresas con acciones balanceadas entre empleados y accionistas mostraron una taza de crecimiento cuatro veces mayor y una taza de crecimiento de empleo ocho veces mayor a las de empresas enfocadas solamente a accionistas.
Por solicitud de IBM Corp., David Lewin, profesor de la UCLA estudió a 156 empresas con el fin de determinar la relación entre las donaciones corporativas y el desempeño corporativo. El estudio demostró que las firmas más propensas a la filantropía obtenían tazas de retorno a sus inversiones significativamente más altas. Lewin concluyó que "la filantropía corporativa puede, con el tiempo, fortalecer el desempeño de los negocios".
Numerosos estudios han demostrado que las empresas con una sólida trayectoria en el área de medio ambiente, experimentan un desempeño financiero superior. Por ejemplo:
El índice del Dow Jones Sustainability Group, muestra que las compañías que se enfocan en una sustentación económica de "línea de base triple", ambiental y ética, superan a otras compañías en el mercado de valores.
En una comparación reciente entre las seis empresas de la industria química, con más altos desempeños ambientales y seis empresas con los más bajos desempeños ambientales, se encontró que aquellas con mejor comportamiento ambiental producen un retorno anual 9.2% mayor al de aquellas que se encuentran en los niveles más bajos de desempeño ambiental.
Reducción de Costos Operativos
Diversas iniciativas de RSE, particularmente aquellas que están orientadas al medio ambiente y ambiente laboral, pueden reducir los costos drásticamente, disminuir los gastos e improductividad. Por ejemplo, muchas iniciativas que favorecen la reducción de los gases del efecto invernadero, también incrementan la eficiencia energética, reduciendo así los gastos. Asimismo, muchas iniciativas de reciclaje eliminan los costos de desechos y generan ingresos mediante la venta de materiales reciclados. En el área de recursos humanos, programas de balance entre la vida personal y el trabajo, reducen el ausentismo e incrementan la retención de empleados, también permiten a las empresas ahorrar dinero gracias a un incremento en la y reducción de costos de contratación y entrenamiento.
Existen cientos de casos prácticos de empresas que han reducido drásticamente sus costos debido a una disminución en sus desechos, la eficiencia energética, prevención de la contaminación y aprovechamiento de los recursos. Por ejemplo, Dow Chemical Co. y la National Resource Defense Council (NRDC) se asociaron para un proyecto de tres años que tiene el fin de reducir la producción de 26 químicos tóxicos a tan solo uno, en una de las plantas de Dow. La inversión de Dow de 3.1 millones de dólares le está ahorrando a la empresa 5.4 millones al año y, para muchos de sus negocios, se ha incrementado la calidad de los productos y la capacidad de producción. Dow planea replicar este proyecto en una planta petroquímica mayor.
En el año 2000, un estudio de 200 ejecutivos de 158 grandes empresas internacionales demostró que un número creciente de compañías multinacionales realizan grandes reducciones de costos e incrementan su desempeño después de implantar nuevas formas de trabajar que estimulen a los trabajadores a crear y compartir sus conocimientos. Por ejemplo, BP Amoco y Ford Motor Company han ahorrado cada uno más de 600 millones de dólares gracias a sus programas de administración del conocimiento.
En 1997, una encuesta a más de 150 ejecutivos conducida por la Whirlpool Foudation, Working Mother Magazine y Family Newsbrief relaciono a más de 40 programas e iniciativas del ambiente laboral (en áreas tales como el cuidado de bebés y ancianos, flexibilidad, salud y bienestar, diversidad entre otras) el resultado fue un listado de 16 ventajas para los negocios, como: reducción del ausentismo y rotación, mayor satisfacción de los empleados y los consumidores, reducción de costos de salud, etc.
En 1999, HR Focus reportó que la oficina de recursos humanos de Ernst & Young definió unos programas de retención los cuales incrementaron la promoción de empleados a puestos de alta gerencia, la apreciación para el balance entre vida personal y el trabajo, y la asignación de personas para funcionar como modelos a seguir en comportamiento. Estos programas le hicieron ahorrar a la empresa un estimado de 21 millones de dólares.
Mejora de la Imagen de Marca y Reputación
Frecuentemente los consumidores son llevados hacia marcas y compañías consideradas por tener una buena reputación en áreas relacionadas con la RSE. Una empresa considerada socialmente responsable, puede beneficiarse de su reputación entre el público, así como de su reputación entre la comunidad empresarial, incrementando así la habilidad de la empresa para atraer capital y asociados. Por ejemplo, en 1997 un estudio llevado a cabo por dos profesores de gestión del Boston College demostró que excelentes relaciones con los empleados, los consumidores y la comunidad son más importantes que las grandes utilidades para lograr ser parte de la lista anual de Empresas mas admiradas según la revista Fortune.
La participación activa en actividades de la comunidad, genera una reputación positiva con los empleados dentro de la empresa. Según un estudio de Hill and Knowlton and Yankelovich Partners, los estadounidenses piensan más favorablemente de aquellas empresas que focalizan sus esfuerzos filantrópicos en la donación de productos y el estímulo del voluntariado de los empleados en la comunidad. Sólo un pequeño porcentaje consideran que "dar una gran suma de dinero" es la acción corporativa más impresionante. Empresas líderes son frecuentemente citadas en los medios de comunicación y son recomendadas a los inversionistas que buscan empresas socialmente responsables. Muchas de las listas anuales sobre empresas incluyen la participación activa en la comunidad como parte de los parámetros a medir. Por ejemplo, le revista Fortune, sitúa la "responsabilidad social" entre los ocho criterios usados en su encuesta anual de las Empresas más admiradas, conjuntamente con solidez financiera y calidad en la administración.
Las empresas han utilizado la responsabilidad medio ambiental como una manera de reforzar su reputación o imagen de marca, lo que, en retorno, ha servido para incrementar las ventas y atraer capital de inversión. En los Países Bajos, el valor en el mercado de ITT Nokia para televisores de 24 pulgadas se incrementó de 57% y su ingreso bruto de 73% un mes después de que una revista de consumidores los calificara como los mejores productos, basándose en parte, en el consumo de energía, el reciclaje y la utilización reducida de materiales dudosos. En los EEUU, los consumidores gastan aproximadamente 110 billones de dólares en productos que identifican como "socialmente o ambientalmente progresivos". Asimismo, las empresas que han integrado el factor ambiental en sus decisiones de negocios están comenzando a ganar beneficios de instituciones financieras y compañías de seguros, según un informe del Aspen Institute efectuado en 1999.
En la economía global, la imagen de marca y la reputación están entre las más valoradas fortalezas. Prácticas de marketing responsable, por naturaleza, son altamente visibles para los consumidores y tienen el potencial de fortalecer o fragilizar la opinión del público con respecto a una empresa o a su marca. Una buena reputación por integridad y un fuerte compromiso con los consumidores puede generar lealtad y confianza y proveer un espacio de confianza en tiempos de crisis, teniendo un público más tolerante y más propenso a restaurar su confianza cuando la crisis termina. Del mismo modo, prácticas de marketing responsable que son vistas de manera negativa pueden menguar la imagen de marca y la reputación de una empresa, así esta tenga productos o servicios de muy alta calidad.
Ética de los negocios
Joaquín Peón Escalante
La ética de los negocios es una reflexión, no es una imposición, no son recetas morales. En el libro: "Ética de la empresa", de Adela Cortines, española, se dice: "la meta de la actividad empresarial es la satisfacción de las necesidades humanas", en este sentido la ética de la empresa tiene por valores irrenunciables la calidad en los productos, la gestión, la honradez en el servicio, el mutuo respeto a las relaciones internas y externas de la empresa, la cooperación por la que conjuntamente aspiramos a la calidad, etcétera.
Otros autores afirman que la ética de los negocios estudia la justificación moral de los sistemas económicos. Considerando las estructuras de los sistemas económicos los hay más morales y hay más inmorales, me refiero a lo que subyace atrás de los sistemas económicos y de sus prácticas. Existen diversos enfoques de la ética de los negocios, por citar algunos: el que subraya las responsabilidades y los derechos de los trabajadores, el de la responsabilidad de los consumidores y el de la degradación del medio ambiente.
Se afirma que lo que distingue a las sociedades que tienen una posibilidad de progreso es su ética individual. Siempre la ética es individual, aunque esté condicionada por el contexto social o los grupos la decisión final siempre es individual, tal vez con riesgo de la vida se puede uno negar a hacer muchas cosas. No voy a hablar de lo individual o lo estatal, o sea, la sociedad completa, sino de las universidades, industrias, gobiernos, empresas, es este nivel organizacional donde yo considero que se puede dar el cambio mayor.
En las empresas, donde se está manejando una ética, yo he sido consultor veinte años, sientes que se respira un ambiente de paz, de tranquilidad, como que todo el mundo se lleva bien, sus ventas van creciendo algo ocurre en las empresas o universidades honestas que las distingue ... tienen una ventaja competitiva. La consecuencia de la corrupción es un ambiente más violento y más destructivo.
En 1977 nos llegaba una publicación que se llamaba "Cambio Organizacional", el enfoque de la publicación era el mundo del trabajo, se centraba en las gentes que decidían, no sólo por aspectos de ingeniería industrial, comprar nuevas maquinarias, sino la decisión de ir siendo más creativos. Se cuestionaba este sistema para mejorarlo. Esto desembocó en varias cosas, entre ellas, los círculos de calidad.
La ética, como decía antes, no estaba en ciertas empresas y era algo que les hacía pensar a algunos empresarios que valía la pena esforzarse por lograrlo
A mí me impresionó mucho hace unos meses un conferenciante norteamericano que dijo una definición de ética que es la que yo usaba para calidad, "dicen que la calidad -esto lo dijeron varios pensadores norteamericanos- es hacer las cosas bien hechas", no simplemente hacerlo bien a la primera, sino "haz bien lo que tengas que hacer" y mucha gente creyó que la calidad sólo era hacer las cosas bien, pero las gentes que van un poco más a fondo se dieron cuenta que la calidad no sólo era hacer las cosas bien, sino sobre todo, "hacer lo correcto", de nada serviría que tuvieras ahora una fábrica de reglas de cálculo.
Lo mismo pasa con la ética, la ética no es sólo portarse bien y lavarse los dientes tres veces al día, sino hacer lo que debes hacer.
Esta idea me llevó a buscar a quienes estaban haciendo las cosas bien desde las empresas y creamos entre varios amigos, de una manera muy informal, lo que llamamos "El premio de calidad", una serie de organizaciones nos enviaban sus reportes y el primer año ganó el premio una empresa de Seguros, hoy fusionada con otras. Me llamó la atención, porque hace veinte años tenían un programa que se llamaba "Compromiso de calidad", el mismo nombre que Pemex puso a su programa, trataba con respeto a sus trabajadores, los escuchaba, había muchas juntas para tomarlos en cuenta, había muchos esfuerzos por hacer las cosas juntos. Esta empresa era dirigida primero por Manuel Senderos y luego por Guillermo Cantú y tenían el 30 por ciento del mercado.
Al segundo año la que ganó fue la UNAM, pero no toda la UNAM, por supuesto, sino el sistema de Biblioteca, nos metimos a ver todo lo que ocurría y tenían un sistema de 172 bibliotecas que daban un servicio a un numeroso grupo de estudiantes con un costo muy bajo, y un grupo de gentes, dirigidas por un doctor, Nava, había creado un clima muy participativo de mucha orientación a los estudiantes, y donde ellos tenían incentivos, sistemas de premiar sus logros, un sistema muy mejorado, nos dio mucho gusto que ganaran.
El tercer año, una filial del grupo Cytsa que hacían partes de plástico y aluminio, empaques sofisticados, aplicaban un sistema sociotécnico, y luego aquí Crysel en Guadalajara y después en San Luis Potosí siguieron este modelo, esta empresa la dirigía Don Andrés Marcelo Sada y a parte del éxito comercial y financiero, a los que nos dedicábamos a la productividad en esa época, nos enseñaron que la calidad era el mejor camino para lograr eficiencia. Nosotros pensábamos que lograr eficiencia era conjuntar muchas cosas humanas y técnicas, pero no nos habíamos dado cuenta que al hacer las cosas bien se hacen a un mejor costo.
El cuarto año ya no hubo ganadores, de los que participaban realmente ninguno lo merecía, y después se acabó el premio que dábamos nosotros, pero seguimos investigando y encontramos otros casos que pudieron haber ganado el premio y no lo ganaron, como el de Bimbo, una empresa mexicana con 60 mil empleados, como ocho mil camiones que están repartiendo pan fresco y recogiéndolo, todos los días. Su objetivo, dice el director de Bimbo, tratar con equidad y con justicia a los trabajadores, ¿qué pasó con Bimbo en el 94, cuando muchas empresas se vinieron abajo?, ¿saben a cuantos trabajadores despidió Bimbo?, a ninguno, la demanda de los productos Bimbo siguió, tuvieron que "apretarse un poquito el cinturón", están en 9 países de Sudamérica, en Argentina, Colombia, Brasil, etcétera, produciendo pan, ¿cuál es el secreto de Bimbo? Una ética de trabajo muy clara.
Otros ejemplos muy claros y que no ganaron el premio, son por ejemplo, la Constructora ICA, ¿saben que hizo la empresa ICA? El ingeniero Bernardo Quintana hizo algo muy atrevido en México, que desafortunadamente otros no lo siguieron, decidió que todos los ingenieros son socios, si le va bien a la empresa, le va bien al trabajador, es un modelo social de empresa. El ingeniero Bernardo Quintana, el que más tiene, tiene 4 por ciento de las acciones, hay muchas personas que tienen 1 por ciento o menos, entonces, cuando le va mal a la compañía, no sólo va mal tu empleo, sino a tus ahorros que están ahí. Bimbo también ha vendido muchas acciones a sus trabajadores.
Otro grupo que también está aquí en Guadalajara y tiene muchas empresas es el grupo Condumex, el estilo de ellos yo lo llamo "de gerencia totalmente responsable", es una empresa que hace anillos para pistones, esta empresa tenía otra empresa y tenía un sindicato de izquierda radical, en vez de destruirlo decidieron hablar con él, y este sindicato llevó a la empresas a niveles de calidad extraordinarios.
Cuando la Nissan se fue a Aguascalientes y abrió esta planta grandísima de ahora, va a producir más de mil coches por día, el gobernador, que era priísta, pidió que el sindicato fuera de la CTM, entonces, todos los trabajadores, ya que tenían la opción de decidir, pidieron que el sindicato fuera del PAN, yo les hice una investigación y era un modelo de empresa, tenía trabajadores libres, pensantes, no obligados.
Otro caso es la cervecería Modelo, por ahí, estudiando la vida de Don Carlos Diez me encontré con que había sido benedectino, cuando salió se dio cuenta que no tenía vocación, pero después de ser benedectino tomó un barco y se vino a México. Los benedictinos le prestaron 20 mil pesos e incursionó en varias cosas y finalmente puso la Cervecería Modelo, por los años 20. Cuando ustedes van a la Cervecería Modelo ven el trato que le dan a los trabajadores, el ambiente de respeto, los sueldos, los incentivos, pero también el ambiente de respeto. Hoy en día la cerveza Corona es la primera de exportación en Estados Unidos, vende más que ninguna cerveza alemana u holandesa en el mercado más grande del mundo. Es la número uno, sin influencias, sin arreglos, está en muchos países del mundo. En México que tenían el 28 por ciento del mercado, hoy tienen el 58, o sea, ni juntas Motectezuma y Cuauhtémoc llegan a su producción. ¿Qué pasó ahí?, que la gente no es tonta, vieron la ética de la organización, y claro pasaron muchas cosas más de estrategia de mercadotecnia , pero la mejor estrategia de mercadotecnia cuando hay conflictos internos, huelgas, desavenencias, fracasa. Yo recuerdo una época en que decían que no se comprara Volkswagen, porque había un conflicto laboral y los obreros estaban descomponiendo los coches en la planta y era un automóvil peligroso.
Hace unas semanas estuvo en la Ibero un profesor, especialista en sistemas, autor de libros como "diseñando el futuro", uno de los grandes especialistas en el mundo del pensamiento sistémico, la visión estratégica, y nos dijo ahí, "ofrecer calidad de vida al trabajador no sólo es lo correcto, sino que es el mejor camino", los empleados, decía, "tratan a los clientes como ellos mismos se sienten tratados.
Algunos, los más visionarios, se han dado cuenta que la calidad no es cuestión de decir, somos excelentes, somos los mejores, verse en el espejo y decir, "yo soy el más guapo de todos", sino que realmente se dieron cuenta que la calidad era algo muy complejo, no era un destino, sino que era un camino, todo un proyecto de cambio a largo plazo, una filosofía de cambio, para satisfacer las necesidades cada vez más crecientes de un consumidor más exigente, más observador, un consumidor que ya tenía opciones y que no era tonto. La calidad empezó a ser el objetivo de las empresas de avanzada.
En Guadalajara hay dos o tres empresas ganadoras del "Premio a la Calidad", lo primero que encuentras en todas ellas es un sentido de autocrítica. Yo recuerdo el primer año, que le hablé al director general de Hylsa, la planta de Puebla, y le dije, "se va a sacar el premio" y me dijo: "oye no es posible, es que somos malísimos" y año tras año se ha repetido este hecho. Los mejores, los más avanzados dicen "yo no lo merezco", La gente de calidad es así, de hecho yo tengo una regla que dice, "dime de qué presumes y te diré de qué careces", mientras una empresa se haga mas autopropaganda, casi seguro que es muy mala.
La calidad, también nos dimos cuenta, tiene que ver, con la credibilidad, no sólo tiene que haber sistemas de calidad, sino un director general comprometido, visionario, rediseñando su empresa, un hombre austero, ejemplar. Recuerdo una empresa donde todo el mundo llegaba tarde, hicieron todo tipo de cosas, pusieron relojes silbadores, regaños en los tableros, amenazas ... y la gente seguía llegando tarde, y es que el director general llegaba a las nueve y media todos los días, el ejemplo básico es el que sigue la gente,
La calidad es también liderazgo, es crear valor agregado para la sociedad, crear valor, dar más por menos. Me contaban en una empresa que la primer computadora que compraron era una Burroghs, la pusieron en una habitación de gran tamaño, donde sólo entraban unos sujetos de bata blanca, tenía 16 megas de potencia, ahora, cualquiera tiene mucha más capacidad que la que ocupaba todo ese cuarto. Eso es crear valor en computación. Las computadoras cada 18 meses, hay una regla, doblan la potencia y bajan a la mitad de precio, eso es calidad, cada vez tiene más por menos y más confiabilidad, más seguridad, hoy además te puedes conectar a Internet, puedes llamar por teléfono, recibir o mandar faxes, pero cuesta menos o cuesta lo mismo, eso es calidad.
En este contexto de calidad total, por 1989, nos dimos cuenta que lo que se premiaba era el cumplimiento de las normas, fíjense que absurdo, se premiaba por entregar cemento por cemento, leche por leche, leche. En 1989 ya había 200 empresas que lo habían ganado, estaban los tequileros de aquí de Jalisco, Sauza, Cuervo, y yo dije, ah caray pues qué raro, este tequila cuesta 80 pesos, el otro 40, el otro veinte y los tres lo ganan, nos pareció medio absurdo.
Nosotros empezamos a ver un segundo aspecto, la calidad la va a definir el usuario, la calidad, no somos nosotros los que decimos que somos buenos, la calidad es objetiva. La calidad la juzga el otro. Una marca de tequila puede tener muchas medallas, pero vamos a ver quien está conquistando el mercado japonés, quien está conquistando el mercado local, vamos a ver el precio, ¿cuanto está dispuesto el consumidor a pagar, porque aprecia la calidad de este producto?.
El tercer aspecto que me parece que es muy importante, y este es más filosófico, es la relación entre calidad total y ética. En el modelo anterior de calidad total siempre había inspectores, siempre había alguien que te decía tienes que hacer esto y lo otro. Ustedes recuerdan un anuncio de Volkswagen de hace varios años, se veía un coche y muchos señores de bata blanca, por lo tanto, calidad es donde hay muchos policías, muchos inspectores, pero el modelo de calidad total es otro concepto. Estuve en Silao en la planta de General Motors, ahí, todos los obreros tienen sus sistemas de control de estadísticas, si un obrero encuentra que hay productos que están saliendo fuera de la norma 1100, tiene capacidad de parar la planta, el jefe, el supervisor, el superintendente es él mismo, el que decide, y es un valor. Creemos en el ser humano, en el hombre, en la mujer, en su capacidad de autogestión, de decidir por sí mismo. La calidad es un proceso de mejoramiento continuo, no solamente se trata de llegar a ella, de echarle muchas ganas, como los entrenadores de fútbol, la calidad ante todo es diseñar sistemas confiables que garanticen, qué va a pasar. ¿Por qué me subo en ese avión?, porque tiene sistemas de seguridad, si nó no me subiría, tiene un sistema de respaldo, si el piloto hace el error, el sistema de frenos electrónicos corrige los errores. La calidad por lo tanto, no se hace con normas externas, se hace con sistemas, con personas de calidad, es una cultura organizacional de superación.
Vuelvo a la ética. Había aspirantes al premio, empresas que tenían muy alta calidad, había una de ellas que había tenido un conflicto tan fuerte, que tenía dos muertes en la planta, no podían ganar, tenían ISO 9000, pero no podían ser ganadores. Varias empresas, hasta una universidad trataron de ganar el premio usando influyentismo, hicieron un plantón en Secofi, dieron un telefonazo a gente influyente, al Presidente y al Secretario de comercio. Estas empresas se adornaban y nos dimos cuenta que nos estaban mintiendo, nos desilusionamos mucho.
En el mismo 92 y 93, me llamaron del Instituto Nacional de Nutrición, es un Instituto que está en el Sur de la ciudad de México, tiene 52 años y es de los más importantes de México. Sin embargo, entre los primeros resultados, observamos que no tenían procesos formales de calidad. Una tarde que fuimos a entrevistar al doctor Salvador Subirán, el fundador del Instituto, nos dijo: ¿no conocen ustedes la mística del Instituto?, le dije pues no doctor. Nos sacó una hoja que se llama "la mística del Instituto", la escribió el doctor Subirán con el grupo de médicos y enfermeras que le ayudaban en los inicios, todos hicieron el compromiso. "Entregar el pensamiento y la acción, sin límites de tiempo y esfuerzo; a la atención de los enfermos, tener permanente apego a la más estricta ética profesional, luchar por el prestigio de la Institución antes que el propio, con orgullo de pertenecer a la Institución.
Además de las organizaciones hay que considerar la cultura de las naciones, el gran contexto. En los diversos países también se capta una ética, en las calles se percibe la paz o la inconformidad de las manifestaciones. Podemos aplicar a los países lo que dijimos de las organizaciones. Donde hay agresiones físicas, inseguridad, aunque hayan logrado una gran nivel de desarrollo tecnológico, algo anda mal, hay que revisar la ética.
Ya para terminar, lo quisiera hacer con una nota optimista: la naciente democracia mexicana. Algunos partidos de oposición se están dando cuenta de que sí se puede. Para la elección del año 2 mil, lo más importante es el aspecto ético de confiabilidad, es decir, si podemos confiar en esa persona, la que sea, candidato del partido que sea. Otra de las cosas que están ocurriendo éticamente bien en México, por ejemplo, son las asociaciones. Las hay de todo tipo y son un indicador de democracia y participación. Dentro del país que se hunde, está el país que nace.
Quisiera dejar un toque de esperanza, yo siento que ya ha llegado la hora de la ética en México, de la ética en las universidades, de la ética en las organizaciones, de una cultura de corrección, una cultura de confiabilidad, este es el momento de México, si ahora no colaboramos todos para crear este nuevo movimiento de ética, si ahora no, ¿cuándo?, ¿si no empezamos aquí? ¿en dónde? ¿si no lo hacemos nosotros? ¿quién
La ética de los negocios es una reflexión, no es una imposición, no son recetas morales. En el libro: "Ética de la empresa", de Adela Cortines, española, se dice: "la meta de la actividad empresarial es la satisfacción de las necesidades humanas", en este sentido la ética de la empresa tiene por valores irrenunciables la calidad en los productos, la gestión, la honradez en el servicio, el mutuo respeto a las relaciones internas y externas de la empresa, la cooperación por la que conjuntamente aspiramos a la calidad, etcétera.
Otros autores afirman que la ética de los negocios estudia la justificación moral de los sistemas económicos. Considerando las estructuras de los sistemas económicos los hay más morales y hay más inmorales, me refiero a lo que subyace atrás de los sistemas económicos y de sus prácticas. Existen diversos enfoques de la ética de los negocios, por citar algunos: el que subraya las responsabilidades y los derechos de los trabajadores, el de la responsabilidad de los consumidores y el de la degradación del medio ambiente.
Se afirma que lo que distingue a las sociedades que tienen una posibilidad de progreso es su ética individual. Siempre la ética es individual, aunque esté condicionada por el contexto social o los grupos la decisión final siempre es individual, tal vez con riesgo de la vida se puede uno negar a hacer muchas cosas. No voy a hablar de lo individual o lo estatal, o sea, la sociedad completa, sino de las universidades, industrias, gobiernos, empresas, es este nivel organizacional donde yo considero que se puede dar el cambio mayor.
En las empresas, donde se está manejando una ética, yo he sido consultor veinte años, sientes que se respira un ambiente de paz, de tranquilidad, como que todo el mundo se lleva bien, sus ventas van creciendo algo ocurre en las empresas o universidades honestas que las distingue ... tienen una ventaja competitiva. La consecuencia de la corrupción es un ambiente más violento y más destructivo.
En 1977 nos llegaba una publicación que se llamaba "Cambio Organizacional", el enfoque de la publicación era el mundo del trabajo, se centraba en las gentes que decidían, no sólo por aspectos de ingeniería industrial, comprar nuevas maquinarias, sino la decisión de ir siendo más creativos. Se cuestionaba este sistema para mejorarlo. Esto desembocó en varias cosas, entre ellas, los círculos de calidad.
La ética, como decía antes, no estaba en ciertas empresas y era algo que les hacía pensar a algunos empresarios que valía la pena esforzarse por lograrlo
A mí me impresionó mucho hace unos meses un conferenciante norteamericano que dijo una definición de ética que es la que yo usaba para calidad, "dicen que la calidad -esto lo dijeron varios pensadores norteamericanos- es hacer las cosas bien hechas", no simplemente hacerlo bien a la primera, sino "haz bien lo que tengas que hacer" y mucha gente creyó que la calidad sólo era hacer las cosas bien, pero las gentes que van un poco más a fondo se dieron cuenta que la calidad no sólo era hacer las cosas bien, sino sobre todo, "hacer lo correcto", de nada serviría que tuvieras ahora una fábrica de reglas de cálculo.
Lo mismo pasa con la ética, la ética no es sólo portarse bien y lavarse los dientes tres veces al día, sino hacer lo que debes hacer.
Esta idea me llevó a buscar a quienes estaban haciendo las cosas bien desde las empresas y creamos entre varios amigos, de una manera muy informal, lo que llamamos "El premio de calidad", una serie de organizaciones nos enviaban sus reportes y el primer año ganó el premio una empresa de Seguros, hoy fusionada con otras. Me llamó la atención, porque hace veinte años tenían un programa que se llamaba "Compromiso de calidad", el mismo nombre que Pemex puso a su programa, trataba con respeto a sus trabajadores, los escuchaba, había muchas juntas para tomarlos en cuenta, había muchos esfuerzos por hacer las cosas juntos. Esta empresa era dirigida primero por Manuel Senderos y luego por Guillermo Cantú y tenían el 30 por ciento del mercado.
Al segundo año la que ganó fue la UNAM, pero no toda la UNAM, por supuesto, sino el sistema de Biblioteca, nos metimos a ver todo lo que ocurría y tenían un sistema de 172 bibliotecas que daban un servicio a un numeroso grupo de estudiantes con un costo muy bajo, y un grupo de gentes, dirigidas por un doctor, Nava, había creado un clima muy participativo de mucha orientación a los estudiantes, y donde ellos tenían incentivos, sistemas de premiar sus logros, un sistema muy mejorado, nos dio mucho gusto que ganaran.
El tercer año, una filial del grupo Cytsa que hacían partes de plástico y aluminio, empaques sofisticados, aplicaban un sistema sociotécnico, y luego aquí Crysel en Guadalajara y después en San Luis Potosí siguieron este modelo, esta empresa la dirigía Don Andrés Marcelo Sada y a parte del éxito comercial y financiero, a los que nos dedicábamos a la productividad en esa época, nos enseñaron que la calidad era el mejor camino para lograr eficiencia. Nosotros pensábamos que lograr eficiencia era conjuntar muchas cosas humanas y técnicas, pero no nos habíamos dado cuenta que al hacer las cosas bien se hacen a un mejor costo.
El cuarto año ya no hubo ganadores, de los que participaban realmente ninguno lo merecía, y después se acabó el premio que dábamos nosotros, pero seguimos investigando y encontramos otros casos que pudieron haber ganado el premio y no lo ganaron, como el de Bimbo, una empresa mexicana con 60 mil empleados, como ocho mil camiones que están repartiendo pan fresco y recogiéndolo, todos los días. Su objetivo, dice el director de Bimbo, tratar con equidad y con justicia a los trabajadores, ¿qué pasó con Bimbo en el 94, cuando muchas empresas se vinieron abajo?, ¿saben a cuantos trabajadores despidió Bimbo?, a ninguno, la demanda de los productos Bimbo siguió, tuvieron que "apretarse un poquito el cinturón", están en 9 países de Sudamérica, en Argentina, Colombia, Brasil, etcétera, produciendo pan, ¿cuál es el secreto de Bimbo? Una ética de trabajo muy clara.
Otros ejemplos muy claros y que no ganaron el premio, son por ejemplo, la Constructora ICA, ¿saben que hizo la empresa ICA? El ingeniero Bernardo Quintana hizo algo muy atrevido en México, que desafortunadamente otros no lo siguieron, decidió que todos los ingenieros son socios, si le va bien a la empresa, le va bien al trabajador, es un modelo social de empresa. El ingeniero Bernardo Quintana, el que más tiene, tiene 4 por ciento de las acciones, hay muchas personas que tienen 1 por ciento o menos, entonces, cuando le va mal a la compañía, no sólo va mal tu empleo, sino a tus ahorros que están ahí. Bimbo también ha vendido muchas acciones a sus trabajadores.
Otro grupo que también está aquí en Guadalajara y tiene muchas empresas es el grupo Condumex, el estilo de ellos yo lo llamo "de gerencia totalmente responsable", es una empresa que hace anillos para pistones, esta empresa tenía otra empresa y tenía un sindicato de izquierda radical, en vez de destruirlo decidieron hablar con él, y este sindicato llevó a la empresas a niveles de calidad extraordinarios.
Cuando la Nissan se fue a Aguascalientes y abrió esta planta grandísima de ahora, va a producir más de mil coches por día, el gobernador, que era priísta, pidió que el sindicato fuera de la CTM, entonces, todos los trabajadores, ya que tenían la opción de decidir, pidieron que el sindicato fuera del PAN, yo les hice una investigación y era un modelo de empresa, tenía trabajadores libres, pensantes, no obligados.
Otro caso es la cervecería Modelo, por ahí, estudiando la vida de Don Carlos Diez me encontré con que había sido benedectino, cuando salió se dio cuenta que no tenía vocación, pero después de ser benedectino tomó un barco y se vino a México. Los benedictinos le prestaron 20 mil pesos e incursionó en varias cosas y finalmente puso la Cervecería Modelo, por los años 20. Cuando ustedes van a la Cervecería Modelo ven el trato que le dan a los trabajadores, el ambiente de respeto, los sueldos, los incentivos, pero también el ambiente de respeto. Hoy en día la cerveza Corona es la primera de exportación en Estados Unidos, vende más que ninguna cerveza alemana u holandesa en el mercado más grande del mundo. Es la número uno, sin influencias, sin arreglos, está en muchos países del mundo. En México que tenían el 28 por ciento del mercado, hoy tienen el 58, o sea, ni juntas Motectezuma y Cuauhtémoc llegan a su producción. ¿Qué pasó ahí?, que la gente no es tonta, vieron la ética de la organización, y claro pasaron muchas cosas más de estrategia de mercadotecnia , pero la mejor estrategia de mercadotecnia cuando hay conflictos internos, huelgas, desavenencias, fracasa. Yo recuerdo una época en que decían que no se comprara Volkswagen, porque había un conflicto laboral y los obreros estaban descomponiendo los coches en la planta y era un automóvil peligroso.
Hace unas semanas estuvo en la Ibero un profesor, especialista en sistemas, autor de libros como "diseñando el futuro", uno de los grandes especialistas en el mundo del pensamiento sistémico, la visión estratégica, y nos dijo ahí, "ofrecer calidad de vida al trabajador no sólo es lo correcto, sino que es el mejor camino", los empleados, decía, "tratan a los clientes como ellos mismos se sienten tratados.
Algunos, los más visionarios, se han dado cuenta que la calidad no es cuestión de decir, somos excelentes, somos los mejores, verse en el espejo y decir, "yo soy el más guapo de todos", sino que realmente se dieron cuenta que la calidad era algo muy complejo, no era un destino, sino que era un camino, todo un proyecto de cambio a largo plazo, una filosofía de cambio, para satisfacer las necesidades cada vez más crecientes de un consumidor más exigente, más observador, un consumidor que ya tenía opciones y que no era tonto. La calidad empezó a ser el objetivo de las empresas de avanzada.
En Guadalajara hay dos o tres empresas ganadoras del "Premio a la Calidad", lo primero que encuentras en todas ellas es un sentido de autocrítica. Yo recuerdo el primer año, que le hablé al director general de Hylsa, la planta de Puebla, y le dije, "se va a sacar el premio" y me dijo: "oye no es posible, es que somos malísimos" y año tras año se ha repetido este hecho. Los mejores, los más avanzados dicen "yo no lo merezco", La gente de calidad es así, de hecho yo tengo una regla que dice, "dime de qué presumes y te diré de qué careces", mientras una empresa se haga mas autopropaganda, casi seguro que es muy mala.
La calidad, también nos dimos cuenta, tiene que ver, con la credibilidad, no sólo tiene que haber sistemas de calidad, sino un director general comprometido, visionario, rediseñando su empresa, un hombre austero, ejemplar. Recuerdo una empresa donde todo el mundo llegaba tarde, hicieron todo tipo de cosas, pusieron relojes silbadores, regaños en los tableros, amenazas ... y la gente seguía llegando tarde, y es que el director general llegaba a las nueve y media todos los días, el ejemplo básico es el que sigue la gente,
La calidad es también liderazgo, es crear valor agregado para la sociedad, crear valor, dar más por menos. Me contaban en una empresa que la primer computadora que compraron era una Burroghs, la pusieron en una habitación de gran tamaño, donde sólo entraban unos sujetos de bata blanca, tenía 16 megas de potencia, ahora, cualquiera tiene mucha más capacidad que la que ocupaba todo ese cuarto. Eso es crear valor en computación. Las computadoras cada 18 meses, hay una regla, doblan la potencia y bajan a la mitad de precio, eso es calidad, cada vez tiene más por menos y más confiabilidad, más seguridad, hoy además te puedes conectar a Internet, puedes llamar por teléfono, recibir o mandar faxes, pero cuesta menos o cuesta lo mismo, eso es calidad.
En este contexto de calidad total, por 1989, nos dimos cuenta que lo que se premiaba era el cumplimiento de las normas, fíjense que absurdo, se premiaba por entregar cemento por cemento, leche por leche, leche. En 1989 ya había 200 empresas que lo habían ganado, estaban los tequileros de aquí de Jalisco, Sauza, Cuervo, y yo dije, ah caray pues qué raro, este tequila cuesta 80 pesos, el otro 40, el otro veinte y los tres lo ganan, nos pareció medio absurdo.
Nosotros empezamos a ver un segundo aspecto, la calidad la va a definir el usuario, la calidad, no somos nosotros los que decimos que somos buenos, la calidad es objetiva. La calidad la juzga el otro. Una marca de tequila puede tener muchas medallas, pero vamos a ver quien está conquistando el mercado japonés, quien está conquistando el mercado local, vamos a ver el precio, ¿cuanto está dispuesto el consumidor a pagar, porque aprecia la calidad de este producto?.
El tercer aspecto que me parece que es muy importante, y este es más filosófico, es la relación entre calidad total y ética. En el modelo anterior de calidad total siempre había inspectores, siempre había alguien que te decía tienes que hacer esto y lo otro. Ustedes recuerdan un anuncio de Volkswagen de hace varios años, se veía un coche y muchos señores de bata blanca, por lo tanto, calidad es donde hay muchos policías, muchos inspectores, pero el modelo de calidad total es otro concepto. Estuve en Silao en la planta de General Motors, ahí, todos los obreros tienen sus sistemas de control de estadísticas, si un obrero encuentra que hay productos que están saliendo fuera de la norma 1100, tiene capacidad de parar la planta, el jefe, el supervisor, el superintendente es él mismo, el que decide, y es un valor. Creemos en el ser humano, en el hombre, en la mujer, en su capacidad de autogestión, de decidir por sí mismo. La calidad es un proceso de mejoramiento continuo, no solamente se trata de llegar a ella, de echarle muchas ganas, como los entrenadores de fútbol, la calidad ante todo es diseñar sistemas confiables que garanticen, qué va a pasar. ¿Por qué me subo en ese avión?, porque tiene sistemas de seguridad, si nó no me subiría, tiene un sistema de respaldo, si el piloto hace el error, el sistema de frenos electrónicos corrige los errores. La calidad por lo tanto, no se hace con normas externas, se hace con sistemas, con personas de calidad, es una cultura organizacional de superación.
Vuelvo a la ética. Había aspirantes al premio, empresas que tenían muy alta calidad, había una de ellas que había tenido un conflicto tan fuerte, que tenía dos muertes en la planta, no podían ganar, tenían ISO 9000, pero no podían ser ganadores. Varias empresas, hasta una universidad trataron de ganar el premio usando influyentismo, hicieron un plantón en Secofi, dieron un telefonazo a gente influyente, al Presidente y al Secretario de comercio. Estas empresas se adornaban y nos dimos cuenta que nos estaban mintiendo, nos desilusionamos mucho.
En el mismo 92 y 93, me llamaron del Instituto Nacional de Nutrición, es un Instituto que está en el Sur de la ciudad de México, tiene 52 años y es de los más importantes de México. Sin embargo, entre los primeros resultados, observamos que no tenían procesos formales de calidad. Una tarde que fuimos a entrevistar al doctor Salvador Subirán, el fundador del Instituto, nos dijo: ¿no conocen ustedes la mística del Instituto?, le dije pues no doctor. Nos sacó una hoja que se llama "la mística del Instituto", la escribió el doctor Subirán con el grupo de médicos y enfermeras que le ayudaban en los inicios, todos hicieron el compromiso. "Entregar el pensamiento y la acción, sin límites de tiempo y esfuerzo; a la atención de los enfermos, tener permanente apego a la más estricta ética profesional, luchar por el prestigio de la Institución antes que el propio, con orgullo de pertenecer a la Institución.
Además de las organizaciones hay que considerar la cultura de las naciones, el gran contexto. En los diversos países también se capta una ética, en las calles se percibe la paz o la inconformidad de las manifestaciones. Podemos aplicar a los países lo que dijimos de las organizaciones. Donde hay agresiones físicas, inseguridad, aunque hayan logrado una gran nivel de desarrollo tecnológico, algo anda mal, hay que revisar la ética.
Ya para terminar, lo quisiera hacer con una nota optimista: la naciente democracia mexicana. Algunos partidos de oposición se están dando cuenta de que sí se puede. Para la elección del año 2 mil, lo más importante es el aspecto ético de confiabilidad, es decir, si podemos confiar en esa persona, la que sea, candidato del partido que sea. Otra de las cosas que están ocurriendo éticamente bien en México, por ejemplo, son las asociaciones. Las hay de todo tipo y son un indicador de democracia y participación. Dentro del país que se hunde, está el país que nace.
Quisiera dejar un toque de esperanza, yo siento que ya ha llegado la hora de la ética en México, de la ética en las universidades, de la ética en las organizaciones, de una cultura de corrección, una cultura de confiabilidad, este es el momento de México, si ahora no colaboramos todos para crear este nuevo movimiento de ética, si ahora no, ¿cuándo?, ¿si no empezamos aquí? ¿en dónde? ¿si no lo hacemos nosotros? ¿quién
martes, 15 de abril de 2008
Todos los días; Las Relaciones Personales en el Trabajo
Por Karin Schmidt O.
Pretendo mostrar de una manera sencilla y didáctica cómo la práctica de la virtud incide sustancialmente en nuestras relaciones personales, y que la contribución que cada uno haga para que el lugar de trabajo sea un espacio al que se quiera volver depende de la vida virtuosa que se pretenda lograr.
Todos los días, al levantarme para ir a trabajar o hacer clases, me pregunto varias cosas. Desde luego qué me voy a poner y cómo me voy a peinar. Pero también me vuelvo a preguntar "pues lo hecho el día anterior" de qué forma haré la clase; cómo voy a interesar a los alumnos, qué le voy a decir al encargado de las carpetas. Cada día, me pregunto si alcanzaré a llegar a la hora. Estas preguntas, incluyendo el grano de arena con el que espero contribuir a la educación y formación de mis alumnos, reflejan las preocupaciones con las que encaro mi desempeño laboral. Pero atañen a la organización de mi vida: a cómo me relaciono con mis hijos y mi marido, por ejemplo.
Por cierto, hay muchas otras consideraciones de importancia. Y, en mi caso particular, especialmente: desempeño un trabajo donde la materia con la que se elabora el producto final "el curso que enseño "son personas.
Lo anterior me conecta también con todos los trabajos y todos los trabajadores "profesionales, directivos y operarios del mundo", pues todos compartimos algunas características esenciales, independientemente de la labor concreta de cada uno. En efecto: todos trabajamos, cual más cual menos, rodeados de otras personas. Y en el desarrollo de esos trabajos buscamos relativamente lo mismo: procurarnos medios para la subsistencia, realizarnos en nuestra vocación, ayudar a la comunidad. Todos estamos hechos, en suma, para trabajar (homo nascitur ad laborem).
Como el trabajo permite al hombre cumplir una serie de finalidades con las actividades que realiza, abre un campo enorme de reflexión. Sin embargo, voy a centrarme en las relaciones personales que involucra o significa, y en cómo esas relaciones son campo propicio para la adquisición y práctica de una serie de virtudes que no por sabidas son más ejercidas.
Comenzaré con un ejemplo. Hay veces en que debemos saludar a personas a quienes no conocemos, o no queremos ni nos interesa saludar. Situaciones así son oportunidades para apreciar el papel determinante que la familia y el entorno social juegan en la educación de las virtudes, al formar un sedimento de "buena educación" no necesariamente ligado a instrucción formal de algún tipo. Así, alguien bien educado saludará, amablemente, además, a esas personas con quienes se cruzó, sean o no conocidas suyas. Ahora bien: aunque ese saludo parecerá "obligado" o producto de un lazo o vínculo "artificial" que el trabajo ha establecido, dado que el hombre nació y fue creado para trabajar la "obligatoriedad" o "artificialidad" es sólo relativa. Dicho de otra manera: tras haber hecho la instrucción básica y media en la familia, el trabajo es una verdadera escuela para post-graduarse en la virtudes. Es decir, el trabajo es el medio social donde se ponen en práctica las virtudes aprendidas y aprehendidas en la familia.
Cuando hablamos de virtudes hablamos de actos que deben repetirse cada día para que lleguen a ser tales. Sólo seré un trabajador o profesional puntual en la medida en que siempre "o casi siempre"llegue a tiempo al lugar de trabajo; a mi sitio concreto de desempeño, a la reunión fijada o con el encargo terminado en la fecha preestablecida. Un conjunto de pequeños actos cotidianos harán que, con el tiempo, adquiera la virtud de la puntualidad y pueda decir, en consecuencia, que soy una persona puntual. La palabra latina virtus procede de vis, que significa fuerza, vigor. Se trata, por tanto, de una capacidad, de un poder para la acción (interior o exterior).
Como las relaciones humanas son más fáciles y gratificantes entre quienes poseen virtudes, y más complicadas y retorcidas cuando hay vicios arraigados, resulta útil ver en qué consisten algunas virtudes, y cómo se pueden ir cultivando. He aquí un detalle breve y sistemática, pero al mismo tiempo práctico:
1) Veracidad. Seré una persona veraz cuando haya una adecuación entre lo que digo y lo que pienso. Por el contrario, no podrá decirse que soy veraz si, al preguntárseme por qué llegué atrasada, para no decir que me quedé dormida producto del llanto nocturno de mi hijo menor, digo que se atrasó el bus.
2) Respeto. Es una forma de reconocimiento, aprecio y valoración de las cualidades de los demás, ya sea por su conocimiento, experiencia o calidad como personas. Así, por ejemplo, no podré decir que soy respetuosa si no he cuidado el trato con otros profesores y alumnos.
3) Sinceridad. Esta es una hermosa virtud, que se adquiere cuando aprendemos a conocernos a nosotros mismos. Implica desarrollar la capacidad de percatarnos de nuestros aspectos positivos y de reconocer nuestras imperfecciones (que me esmeraré en mejorar). Para ello, resulta útil escuchar al otro sin ofenderse. Lo mismo ocurrirá con el entorno y los hechos: si aprendemos a percatarnos de ellos tal cual son, los transmitiremos de esa misma manera. No tendremos dobleces, seremos "de una pieza": transparentes, verdaderos. Para adquirir esta virtud puede resultar conveniente un breve examen al final de la jornada, que repase cómo ha sido y apunte a aquellas cosas en las cuales sé o me doy cuenta que debo mejorar. La sinceridad y la humildad son virtudes que ayudan mucho a llevar una vida recta.
4) Alegría. ¡Qué atractivas son las personas alegres! ¡Cuánto contribuyen a un buen ambiente! La verdadera alegría es interior y la consiguen quienes ven el lado positivo de las diferentes situaciones que se les presentan, tratando de advertir lo bueno que hay en cada suceso y persona. Por ello, es preciso no confundir alegría con risas y carcajadas; con un cierto bienestar físico y ausencia de preocupaciones. Una de las fuentes de la alegría es la satisfacción y paz que produce el deber cumplido. Hay que evitar la amargura y el descontento (con o sin razón), pues siempre se transmite lo que se lleva dentro. Actitudes tristes no contribuyen al buen ambiente que quisiéramos en nuestro trabajo.
5) Honestidad. Es una forma de vivir coherente entre lo que se piensa y la conducta que se tiene hacia los demás. Junto a la justicia, es una virtud que exige dar a cada uno lo que le corresponde. Faltar a la honestidad rompe los vínculos de amistad y de confianza establecidos y desarrollados en el trabajo, la familia y el ambiente social en el que nos desenvolvemos. Si no hay honestidad, la convivencia se hace prácticamente imposible. Más aún: no hay convivencia si las personas somos incapaces de confiar unas en otras.
Hay que empeñarse, entonces, en tener la coherencia de vida que los demás esperan. La relación entre la palabra y el ejemplo resulta esencial. Nuestra conducta, querámoslo o no, será siempre evaluada. En mi caso particular, por los alumnos. Como en clase no se trata de representar un papel sino de vivirlo, y aparte que no puede enseñarse lo que se ignora, debo esforzarme por prepararme bien. Así, cultivar mi asignatura me resulta imperioso.
6) Afabilidad. La afabilidad es la virtud que inclina a actuar de tal modo que se contribuya a hacer agradable el trato con los demás. Por lo mismo, se expresa de manera muy variada. Así, por ejemplo, la delicadeza en el trato, la alabanza sencilla y natural, el buen recibimiento, el ser acogedor con quien se incorpora a la empresa, el comprender los defectos ajenos, las expresiones de gratitud y cortesía, etc. Cuando las manifestaciones de este tipo son producto de la virtud y no mera formalidad exterior son especialmente valoradas.
8) Laboriosidad. Ser laborioso significa hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que a cada uno le corresponden en su particular circunstancia. Procuraré entonces impartir a tiempo la clase y que ésta esté preparada conforme a un cronograma. De lo contrario, habrá un deber mal cumplido, hecho descuidadamente, chapuceramente, improvisadamente. Y además será una falta de respeto a la inteligencia de mis alumnos.
9) Comprensión. La capacidad de tener una actitud tolerante para encontrar como justificados y naturales los actos o sentimientos de otro se llama comprensión. Desde luego, es algo más que "entender" los motivos y circunstancias que rodean un hecho. No basta con saber qué pasa: es necesario dar algo más de uno mismo. La comprensión, que se vive todos los días y en muchos momentos, se hace presente en los detalles pequeños y en las relaciones cotidianas con otras personas. Con aquellos que no terminaron a tiempo su parte del trabajo en equipo, o con aquél que llegó tarde con el informe solicitado"
¡Qué importante es ser comprensivos! Quien es comprensivo es también generoso y aprende a disculpar. Confía en los otros y se convierte en una persona a quien los demás saben recurrir en cualquier circunstancia.
10) Paciencia. Quien vive la virtud de la paciencia es capaz de afrontar las contrariedades conservando siempre la calma y el equilibrio interior, pues logra comprender mejor la naturaleza de las circunstancias. Además, contribuye a que se logre un ambiente de paz y armonía a su alrededor. Las ocasiones de ejercicio diario de esta virtud son muchas: paciencia con los empleados recién contratados, paciencia con los alumnos que preguntan fuera de lugar. Con las peticiones inoportunas y las imperfecciones ajenas. Uno de los grandes obstáculos que impide el desarrollo de la paciencia es, curiosamente, la impaciencia de esperar resultados a corto plazo sin detenerse a considerar las posibilidades reales de éxito, o el tiempo y esfuerzo requeridos para alcanzar el fin propuesto.
11) Servicio. Servir es ayudar a los demás de manera espontánea, teniendo una actitud permanente de colaboración. Quienes han adquirido esta virtud viven continuamente atentos, observando y buscando el momento oportuno para ayudar a alguien. Y están siempre dispuestos a hacernos la tarea más sencilla.
12) Sociabilidad. La sociabilidad es otra virtud que se presta para vivir en el trabajo, ya que nos impulsa a buscar y cultivar las relaciones con las personas, compaginando los mutuos intereses e ideas para encaminarlos hacia un fin común, independientemente de las circunstancias personales. En las relaciones profesionales o laborales, por ejemplo, debe interesarnos que las personas desempeñen mejor su trabajo. Para lograr este objetivo, será necesario conocer su entorno familiar y las circunstancias en las que viven; su forma de ser, sus reacciones y las motivaciones por las cuales se rigen. Con estos elementos a la mano, estaremos en condiciones de contribuir al desarrollo individual, profesional y de conjunto en el lugar de trabajo.
13) Obediencia. Consiste en someter nuestra voluntad a la orden de otra persona. Pero no por servilismo o ceguera, sino porque en cada trabajo hay formas de relacionarse y personas a quienes se ha confiado la labor de establecer los criterios e impartir las instrucciones. La obediencia no hace consideraciones personales o de situación. No se fija en quién es el que manda sino por qué y para qué lo hace. Para que sea realmente un virtud, debe ir acompañada de la aceptación, por nuestra inteligencia, de la orden impartida; y de la acción, por nuestra voluntad, de las cosas que le atañen. Por cierto que agregando nuestro ingenio y capacidad podremos obtener un resultado igual o mejor del esperado; lo mismo conversando el asunto con quien ha dado el mandato a obedecer. Así, la obediencia es una actitud responsable, de colaboración y participación. El "hacer para cumplir" o "por cumplir" lo hace cualquiera: poner lo que está de nuestra parte transforma la obediencia en una virtud. Y no sólo importante, sino necesaria para las buenas relaciones, la convivencia y el trabajo productivo.
14) Prudencia. Esta virtud nos ayuda a discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo. Nos sirve para actuar con mayor conciencia frente a las situaciones ordinarias de la vida, al tiempo que nos ayuda a reflexionar y considerar los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones. Su resultado es un actuar correcto en cualquier circunstancia. La prudencia se manifestará cuando hagamos bien nuestro trabajo, aprovechemos nuestro tiempo, cumplamos nuestras obligaciones, tratemos a los demás amablemente preocupándonos por ellos.
La virtud de la prudencia nos hace tener un trato justo y lleno de generosidad hacia los demás; nos forja una personalidad recia, segura y perseverante; nos hace capaces de comprometernos en todo y con todos, permitiéndonos tener y transmitir confianza y estabilidad a quienes nos rodean.
En fin, la lista podría ser interminable. Sólo he querido dar con algunos puntos centrales que pueden mejorar nuestras relaciones humanas. Vale la pena recordar que ninguno de nosotros puede sentirse una obra acabada y siempre habrá que dar la lucha por ser mejor. A propósito, quizás pueda traerse a colación el tan olvidado lema de los pensadores clásicos: "Vencerse uno mismo". Luchar en una batalla que no sólo me hará mejor a mí sino también a todos los que conmigo conviven. He ahí la clave para tener relaciones más humanas en el trabajo, y ello, todos los días. El hábito hace al virtuoso.
Todo lo que hacemos nos mejora o nos perjudica. Y, en definitiva, nos cambia. Así, lo que hagamos no es indiferente, ya que repercutirá en nosotros mismos y también en los demás. Frente a ello caben dos alternativas: o nos empeñamos en ejecutar actos perfectivos que incrementen nuestra personalidad y nos hagan por ende más libres "pues seremos capaces de hacer el bien que queremos"o, por el contrario, nos dejamos estar yendo inexorablemente a menos, deshumanizándonos y afectando a quienes se relacionan con nosotros. Por lo que a la pregunta "¿Cómo relacionarse bien con los demás?", la respuesta puede darse con una sola palabra: "Virtud".
Pretendo mostrar de una manera sencilla y didáctica cómo la práctica de la virtud incide sustancialmente en nuestras relaciones personales, y que la contribución que cada uno haga para que el lugar de trabajo sea un espacio al que se quiera volver depende de la vida virtuosa que se pretenda lograr.
Todos los días, al levantarme para ir a trabajar o hacer clases, me pregunto varias cosas. Desde luego qué me voy a poner y cómo me voy a peinar. Pero también me vuelvo a preguntar "pues lo hecho el día anterior" de qué forma haré la clase; cómo voy a interesar a los alumnos, qué le voy a decir al encargado de las carpetas. Cada día, me pregunto si alcanzaré a llegar a la hora. Estas preguntas, incluyendo el grano de arena con el que espero contribuir a la educación y formación de mis alumnos, reflejan las preocupaciones con las que encaro mi desempeño laboral. Pero atañen a la organización de mi vida: a cómo me relaciono con mis hijos y mi marido, por ejemplo.
Por cierto, hay muchas otras consideraciones de importancia. Y, en mi caso particular, especialmente: desempeño un trabajo donde la materia con la que se elabora el producto final "el curso que enseño "son personas.
Lo anterior me conecta también con todos los trabajos y todos los trabajadores "profesionales, directivos y operarios del mundo", pues todos compartimos algunas características esenciales, independientemente de la labor concreta de cada uno. En efecto: todos trabajamos, cual más cual menos, rodeados de otras personas. Y en el desarrollo de esos trabajos buscamos relativamente lo mismo: procurarnos medios para la subsistencia, realizarnos en nuestra vocación, ayudar a la comunidad. Todos estamos hechos, en suma, para trabajar (homo nascitur ad laborem).
Como el trabajo permite al hombre cumplir una serie de finalidades con las actividades que realiza, abre un campo enorme de reflexión. Sin embargo, voy a centrarme en las relaciones personales que involucra o significa, y en cómo esas relaciones son campo propicio para la adquisición y práctica de una serie de virtudes que no por sabidas son más ejercidas.
Comenzaré con un ejemplo. Hay veces en que debemos saludar a personas a quienes no conocemos, o no queremos ni nos interesa saludar. Situaciones así son oportunidades para apreciar el papel determinante que la familia y el entorno social juegan en la educación de las virtudes, al formar un sedimento de "buena educación" no necesariamente ligado a instrucción formal de algún tipo. Así, alguien bien educado saludará, amablemente, además, a esas personas con quienes se cruzó, sean o no conocidas suyas. Ahora bien: aunque ese saludo parecerá "obligado" o producto de un lazo o vínculo "artificial" que el trabajo ha establecido, dado que el hombre nació y fue creado para trabajar la "obligatoriedad" o "artificialidad" es sólo relativa. Dicho de otra manera: tras haber hecho la instrucción básica y media en la familia, el trabajo es una verdadera escuela para post-graduarse en la virtudes. Es decir, el trabajo es el medio social donde se ponen en práctica las virtudes aprendidas y aprehendidas en la familia.
Cuando hablamos de virtudes hablamos de actos que deben repetirse cada día para que lleguen a ser tales. Sólo seré un trabajador o profesional puntual en la medida en que siempre "o casi siempre"llegue a tiempo al lugar de trabajo; a mi sitio concreto de desempeño, a la reunión fijada o con el encargo terminado en la fecha preestablecida. Un conjunto de pequeños actos cotidianos harán que, con el tiempo, adquiera la virtud de la puntualidad y pueda decir, en consecuencia, que soy una persona puntual. La palabra latina virtus procede de vis, que significa fuerza, vigor. Se trata, por tanto, de una capacidad, de un poder para la acción (interior o exterior).
Como las relaciones humanas son más fáciles y gratificantes entre quienes poseen virtudes, y más complicadas y retorcidas cuando hay vicios arraigados, resulta útil ver en qué consisten algunas virtudes, y cómo se pueden ir cultivando. He aquí un detalle breve y sistemática, pero al mismo tiempo práctico:
1) Veracidad. Seré una persona veraz cuando haya una adecuación entre lo que digo y lo que pienso. Por el contrario, no podrá decirse que soy veraz si, al preguntárseme por qué llegué atrasada, para no decir que me quedé dormida producto del llanto nocturno de mi hijo menor, digo que se atrasó el bus.
2) Respeto. Es una forma de reconocimiento, aprecio y valoración de las cualidades de los demás, ya sea por su conocimiento, experiencia o calidad como personas. Así, por ejemplo, no podré decir que soy respetuosa si no he cuidado el trato con otros profesores y alumnos.
3) Sinceridad. Esta es una hermosa virtud, que se adquiere cuando aprendemos a conocernos a nosotros mismos. Implica desarrollar la capacidad de percatarnos de nuestros aspectos positivos y de reconocer nuestras imperfecciones (que me esmeraré en mejorar). Para ello, resulta útil escuchar al otro sin ofenderse. Lo mismo ocurrirá con el entorno y los hechos: si aprendemos a percatarnos de ellos tal cual son, los transmitiremos de esa misma manera. No tendremos dobleces, seremos "de una pieza": transparentes, verdaderos. Para adquirir esta virtud puede resultar conveniente un breve examen al final de la jornada, que repase cómo ha sido y apunte a aquellas cosas en las cuales sé o me doy cuenta que debo mejorar. La sinceridad y la humildad son virtudes que ayudan mucho a llevar una vida recta.
4) Alegría. ¡Qué atractivas son las personas alegres! ¡Cuánto contribuyen a un buen ambiente! La verdadera alegría es interior y la consiguen quienes ven el lado positivo de las diferentes situaciones que se les presentan, tratando de advertir lo bueno que hay en cada suceso y persona. Por ello, es preciso no confundir alegría con risas y carcajadas; con un cierto bienestar físico y ausencia de preocupaciones. Una de las fuentes de la alegría es la satisfacción y paz que produce el deber cumplido. Hay que evitar la amargura y el descontento (con o sin razón), pues siempre se transmite lo que se lleva dentro. Actitudes tristes no contribuyen al buen ambiente que quisiéramos en nuestro trabajo.
5) Honestidad. Es una forma de vivir coherente entre lo que se piensa y la conducta que se tiene hacia los demás. Junto a la justicia, es una virtud que exige dar a cada uno lo que le corresponde. Faltar a la honestidad rompe los vínculos de amistad y de confianza establecidos y desarrollados en el trabajo, la familia y el ambiente social en el que nos desenvolvemos. Si no hay honestidad, la convivencia se hace prácticamente imposible. Más aún: no hay convivencia si las personas somos incapaces de confiar unas en otras.
Hay que empeñarse, entonces, en tener la coherencia de vida que los demás esperan. La relación entre la palabra y el ejemplo resulta esencial. Nuestra conducta, querámoslo o no, será siempre evaluada. En mi caso particular, por los alumnos. Como en clase no se trata de representar un papel sino de vivirlo, y aparte que no puede enseñarse lo que se ignora, debo esforzarme por prepararme bien. Así, cultivar mi asignatura me resulta imperioso.
6) Afabilidad. La afabilidad es la virtud que inclina a actuar de tal modo que se contribuya a hacer agradable el trato con los demás. Por lo mismo, se expresa de manera muy variada. Así, por ejemplo, la delicadeza en el trato, la alabanza sencilla y natural, el buen recibimiento, el ser acogedor con quien se incorpora a la empresa, el comprender los defectos ajenos, las expresiones de gratitud y cortesía, etc. Cuando las manifestaciones de este tipo son producto de la virtud y no mera formalidad exterior son especialmente valoradas.
8) Laboriosidad. Ser laborioso significa hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que a cada uno le corresponden en su particular circunstancia. Procuraré entonces impartir a tiempo la clase y que ésta esté preparada conforme a un cronograma. De lo contrario, habrá un deber mal cumplido, hecho descuidadamente, chapuceramente, improvisadamente. Y además será una falta de respeto a la inteligencia de mis alumnos.
9) Comprensión. La capacidad de tener una actitud tolerante para encontrar como justificados y naturales los actos o sentimientos de otro se llama comprensión. Desde luego, es algo más que "entender" los motivos y circunstancias que rodean un hecho. No basta con saber qué pasa: es necesario dar algo más de uno mismo. La comprensión, que se vive todos los días y en muchos momentos, se hace presente en los detalles pequeños y en las relaciones cotidianas con otras personas. Con aquellos que no terminaron a tiempo su parte del trabajo en equipo, o con aquél que llegó tarde con el informe solicitado"
¡Qué importante es ser comprensivos! Quien es comprensivo es también generoso y aprende a disculpar. Confía en los otros y se convierte en una persona a quien los demás saben recurrir en cualquier circunstancia.
10) Paciencia. Quien vive la virtud de la paciencia es capaz de afrontar las contrariedades conservando siempre la calma y el equilibrio interior, pues logra comprender mejor la naturaleza de las circunstancias. Además, contribuye a que se logre un ambiente de paz y armonía a su alrededor. Las ocasiones de ejercicio diario de esta virtud son muchas: paciencia con los empleados recién contratados, paciencia con los alumnos que preguntan fuera de lugar. Con las peticiones inoportunas y las imperfecciones ajenas. Uno de los grandes obstáculos que impide el desarrollo de la paciencia es, curiosamente, la impaciencia de esperar resultados a corto plazo sin detenerse a considerar las posibilidades reales de éxito, o el tiempo y esfuerzo requeridos para alcanzar el fin propuesto.
11) Servicio. Servir es ayudar a los demás de manera espontánea, teniendo una actitud permanente de colaboración. Quienes han adquirido esta virtud viven continuamente atentos, observando y buscando el momento oportuno para ayudar a alguien. Y están siempre dispuestos a hacernos la tarea más sencilla.
12) Sociabilidad. La sociabilidad es otra virtud que se presta para vivir en el trabajo, ya que nos impulsa a buscar y cultivar las relaciones con las personas, compaginando los mutuos intereses e ideas para encaminarlos hacia un fin común, independientemente de las circunstancias personales. En las relaciones profesionales o laborales, por ejemplo, debe interesarnos que las personas desempeñen mejor su trabajo. Para lograr este objetivo, será necesario conocer su entorno familiar y las circunstancias en las que viven; su forma de ser, sus reacciones y las motivaciones por las cuales se rigen. Con estos elementos a la mano, estaremos en condiciones de contribuir al desarrollo individual, profesional y de conjunto en el lugar de trabajo.
13) Obediencia. Consiste en someter nuestra voluntad a la orden de otra persona. Pero no por servilismo o ceguera, sino porque en cada trabajo hay formas de relacionarse y personas a quienes se ha confiado la labor de establecer los criterios e impartir las instrucciones. La obediencia no hace consideraciones personales o de situación. No se fija en quién es el que manda sino por qué y para qué lo hace. Para que sea realmente un virtud, debe ir acompañada de la aceptación, por nuestra inteligencia, de la orden impartida; y de la acción, por nuestra voluntad, de las cosas que le atañen. Por cierto que agregando nuestro ingenio y capacidad podremos obtener un resultado igual o mejor del esperado; lo mismo conversando el asunto con quien ha dado el mandato a obedecer. Así, la obediencia es una actitud responsable, de colaboración y participación. El "hacer para cumplir" o "por cumplir" lo hace cualquiera: poner lo que está de nuestra parte transforma la obediencia en una virtud. Y no sólo importante, sino necesaria para las buenas relaciones, la convivencia y el trabajo productivo.
14) Prudencia. Esta virtud nos ayuda a discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo. Nos sirve para actuar con mayor conciencia frente a las situaciones ordinarias de la vida, al tiempo que nos ayuda a reflexionar y considerar los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones. Su resultado es un actuar correcto en cualquier circunstancia. La prudencia se manifestará cuando hagamos bien nuestro trabajo, aprovechemos nuestro tiempo, cumplamos nuestras obligaciones, tratemos a los demás amablemente preocupándonos por ellos.
La virtud de la prudencia nos hace tener un trato justo y lleno de generosidad hacia los demás; nos forja una personalidad recia, segura y perseverante; nos hace capaces de comprometernos en todo y con todos, permitiéndonos tener y transmitir confianza y estabilidad a quienes nos rodean.
En fin, la lista podría ser interminable. Sólo he querido dar con algunos puntos centrales que pueden mejorar nuestras relaciones humanas. Vale la pena recordar que ninguno de nosotros puede sentirse una obra acabada y siempre habrá que dar la lucha por ser mejor. A propósito, quizás pueda traerse a colación el tan olvidado lema de los pensadores clásicos: "Vencerse uno mismo". Luchar en una batalla que no sólo me hará mejor a mí sino también a todos los que conmigo conviven. He ahí la clave para tener relaciones más humanas en el trabajo, y ello, todos los días. El hábito hace al virtuoso.
Todo lo que hacemos nos mejora o nos perjudica. Y, en definitiva, nos cambia. Así, lo que hagamos no es indiferente, ya que repercutirá en nosotros mismos y también en los demás. Frente a ello caben dos alternativas: o nos empeñamos en ejecutar actos perfectivos que incrementen nuestra personalidad y nos hagan por ende más libres "pues seremos capaces de hacer el bien que queremos"o, por el contrario, nos dejamos estar yendo inexorablemente a menos, deshumanizándonos y afectando a quienes se relacionan con nosotros. Por lo que a la pregunta "¿Cómo relacionarse bien con los demás?", la respuesta puede darse con una sola palabra: "Virtud".
Etiquetas:
Ética Profesional,
Ética y Empresa,
Ética y Trabajo
Ambientes laborales productivos
Ramón Florenzano Urzúa
El ambiente laboral es un elemento de gran importancia en la satisfacción personal de la vida adulta y ayuda a lograr un equilibrio vital en relación con la trascendencia; traducido básicamente en estabilidad psicológica, auto estima adecuada e integración armónica entre vida familiar y trabajo.
Sin embargo, y económicamente hablando, el ambiente laboral también es importante para las empresas, pues resulta el modo de expresión de su cultura organizacional; en el que destaca fundamentalmente el clima organizacional. Por él se entiende la percepción que tiene cada miembro de lo que vive.
Dado que las percepciones afectan las conductas de las personas, el clima ético es la pieza clave para lograr un equilibrio en el ambiente de la empresa. Este clima, que, entre otras cosas, puede verse reflejado en la preocupación por la calidad de vida de los trabajadores, también trae consigo efectos rentables. Así, por ejemplo, y al mejorar el funcionamiento financiero, se incrementa el valor de mercado y la productividad; reduce costos operativos; mejora la habilidad para retener y atraer a los mejores empleados; fortalece la confianza y lealtad de quienes ya están en la empresa; reduce el ausentismo; y fortalece la imagen corporativa.
El hombre fue creado para trabajar. Hay una satisfacción personal en sentirse útil y "ganar el pan con el sudor de la frente". Pero para lograr un ambiente laboral productivo es básico que exista buen trato y cordialidad. Dado que se trata de un lugar en el que se estará la mayor cantidad de horas de la vida, todo lo que se haga para reducir las tensiones entre la motivación y el estrés dará sus frutos.
En efecto, la motivación implica un cierto nivel de exigencia, un estrés normal. Sin embargo, muchas veces se produce en exceso, generándose el llamado síndrome de burnout; cuyas causas pueden clasificarse en estresores externos e internos.
Los primeros refieren al ambiente físico (ruido, luces, calor, encierro); la interacción social (agresión, descontrol); a estructuras organizacionales (normas y reglamentos excesivos, plazos perentorios); y a acontecimientos vitales (muertes, separaciones, pérdidas, promociones).
Los segundos están reflejados en estilos personales de vida (abuso de alcohol, drogas o cafeína); dietas mal balanceadas; falta de ejercicio (sedentarismo); falta de sueño; de tiempo libre, de meditación o simplemente propio.
Según Rosen y Berger, los elementos que conforman los ambientes laborales productivos "y que se dan en las empresas sanas"son los siguientes:
1. Respeto real a la dignidad de las personas. Evitando la retórica del mismo, se trata de demostrarlo y vivirlo con políticas verdaderas. En este sentido, la confianza es básica en los trabajadores. Para desarrollarla "junto al consecuente respeto"quienes conducen una compañía deben indicar el rumbo con el ejemplo; compartir la información buena y la mala; explicitar el pensamiento y el estilo personal en la toma de decisiones; evitar las críticas o los favores personalizados; aplicar premios y sanciones de modo equitativo; y, a la hora de recompensar, hacerlo públicamente.
2. Valorar y reconocer las destrezas - experiencias de los trabajadores. Ellas valen para la empresa. Así, resulta clave expresar reconocimiento al equipo de trabajo; identificar qué es lo que los motiva; compensar los esfuerzos o logros obtenidos más que el tiempo empleado en ellos; prestar atención a los modales; y aprender a criticar acciones y no personas.
3. Calidad de la comunicación. Aunque existen diferentes tipos de comunicación (verbal, escrita, no verbal), siempre se comunica. Es así como el silencio también es un mensaje. La comunicación debe ser clara y la información oportuna. Los problemas relacionados con el secreto (memorándum confidenciales, reuniones a puertas cerradas, rumores, etc.) aumentan el clima de temor o inseguridad. Existen algunas indicaciones valiosas para aprender a comunicar bien: Escuchar siempre antes de mandar; concentrar la atención evitando distractores; ser asertivo para explicitar lo que se espera de los empleados; promover la información periódica (memoranda, boletines, intranet, etc. ); y saber enfrentar-negociar los conflictos.
4. Cuidado de la conducta ética. Existe un estudio de Vardi y Weiner (2001) que, al correlacionar clima organizacional y ético de la empresa con conductas negativas al interior de la misma, llegó a la conclusión de que a mejor clima laboral menos conductas negativas (uso privado del teléfono o de fotocopiadora, atrasos o ausencias sin permiso, acepto de sobornos, almuerzos largos, sabotaje, trabajo lento deliberado, gasto excesivo de insumos, favoritismo hacia personas, echarle la culpa a otros, abuso verbal o sexual, robo a colaboradores, etc.).
En fin, debemos tener presente que pasamos la mayor parte de nuestra vida adulta trabajando, por lo que resulta básico transformar el trabajo "y el lugar en que se lleva a cabo"en una experiencia grata y crecedora. Una forma de focalizar el esfuerzo hacia la mejoría de los ambientes laborales es cuantificarlo con indicadores mensurables.
El ambiente laboral es un elemento de gran importancia en la satisfacción personal de la vida adulta y ayuda a lograr un equilibrio vital en relación con la trascendencia; traducido básicamente en estabilidad psicológica, auto estima adecuada e integración armónica entre vida familiar y trabajo.
Sin embargo, y económicamente hablando, el ambiente laboral también es importante para las empresas, pues resulta el modo de expresión de su cultura organizacional; en el que destaca fundamentalmente el clima organizacional. Por él se entiende la percepción que tiene cada miembro de lo que vive.
Dado que las percepciones afectan las conductas de las personas, el clima ético es la pieza clave para lograr un equilibrio en el ambiente de la empresa. Este clima, que, entre otras cosas, puede verse reflejado en la preocupación por la calidad de vida de los trabajadores, también trae consigo efectos rentables. Así, por ejemplo, y al mejorar el funcionamiento financiero, se incrementa el valor de mercado y la productividad; reduce costos operativos; mejora la habilidad para retener y atraer a los mejores empleados; fortalece la confianza y lealtad de quienes ya están en la empresa; reduce el ausentismo; y fortalece la imagen corporativa.
El hombre fue creado para trabajar. Hay una satisfacción personal en sentirse útil y "ganar el pan con el sudor de la frente". Pero para lograr un ambiente laboral productivo es básico que exista buen trato y cordialidad. Dado que se trata de un lugar en el que se estará la mayor cantidad de horas de la vida, todo lo que se haga para reducir las tensiones entre la motivación y el estrés dará sus frutos.
En efecto, la motivación implica un cierto nivel de exigencia, un estrés normal. Sin embargo, muchas veces se produce en exceso, generándose el llamado síndrome de burnout; cuyas causas pueden clasificarse en estresores externos e internos.
Los primeros refieren al ambiente físico (ruido, luces, calor, encierro); la interacción social (agresión, descontrol); a estructuras organizacionales (normas y reglamentos excesivos, plazos perentorios); y a acontecimientos vitales (muertes, separaciones, pérdidas, promociones).
Los segundos están reflejados en estilos personales de vida (abuso de alcohol, drogas o cafeína); dietas mal balanceadas; falta de ejercicio (sedentarismo); falta de sueño; de tiempo libre, de meditación o simplemente propio.
Según Rosen y Berger, los elementos que conforman los ambientes laborales productivos "y que se dan en las empresas sanas"son los siguientes:
1. Respeto real a la dignidad de las personas. Evitando la retórica del mismo, se trata de demostrarlo y vivirlo con políticas verdaderas. En este sentido, la confianza es básica en los trabajadores. Para desarrollarla "junto al consecuente respeto"quienes conducen una compañía deben indicar el rumbo con el ejemplo; compartir la información buena y la mala; explicitar el pensamiento y el estilo personal en la toma de decisiones; evitar las críticas o los favores personalizados; aplicar premios y sanciones de modo equitativo; y, a la hora de recompensar, hacerlo públicamente.
2. Valorar y reconocer las destrezas - experiencias de los trabajadores. Ellas valen para la empresa. Así, resulta clave expresar reconocimiento al equipo de trabajo; identificar qué es lo que los motiva; compensar los esfuerzos o logros obtenidos más que el tiempo empleado en ellos; prestar atención a los modales; y aprender a criticar acciones y no personas.
3. Calidad de la comunicación. Aunque existen diferentes tipos de comunicación (verbal, escrita, no verbal), siempre se comunica. Es así como el silencio también es un mensaje. La comunicación debe ser clara y la información oportuna. Los problemas relacionados con el secreto (memorándum confidenciales, reuniones a puertas cerradas, rumores, etc.) aumentan el clima de temor o inseguridad. Existen algunas indicaciones valiosas para aprender a comunicar bien: Escuchar siempre antes de mandar; concentrar la atención evitando distractores; ser asertivo para explicitar lo que se espera de los empleados; promover la información periódica (memoranda, boletines, intranet, etc. ); y saber enfrentar-negociar los conflictos.
4. Cuidado de la conducta ética. Existe un estudio de Vardi y Weiner (2001) que, al correlacionar clima organizacional y ético de la empresa con conductas negativas al interior de la misma, llegó a la conclusión de que a mejor clima laboral menos conductas negativas (uso privado del teléfono o de fotocopiadora, atrasos o ausencias sin permiso, acepto de sobornos, almuerzos largos, sabotaje, trabajo lento deliberado, gasto excesivo de insumos, favoritismo hacia personas, echarle la culpa a otros, abuso verbal o sexual, robo a colaboradores, etc.).
En fin, debemos tener presente que pasamos la mayor parte de nuestra vida adulta trabajando, por lo que resulta básico transformar el trabajo "y el lugar en que se lleva a cabo"en una experiencia grata y crecedora. Una forma de focalizar el esfuerzo hacia la mejoría de los ambientes laborales es cuantificarlo con indicadores mensurables.
Etiquetas:
Ética y Empresa,
Ética y Trabajo
Desarrollo Humano y Responsabilidad Social: una Ética Secular
Ponencia en Sesión Plenaria de La OTRA Feria organizada por PROhumana
Eugenio Ortega R.
8 de noviembre de 2002
Es de justicia comenzar felicitando a PROhumana por esta iniciativa, cuyo nombre, La Otra Feria me parece tan acertado. Mi responsabilidad en el PNUD es la de coordinar la elaboración de los Informes sobre Desarrollo Humano, cuya cuarta versión entregamos este año. Puedo también contarles que hemos obtenido uno de los cinco premios a los mejores informes a nivel mundial, reconocimiento que otorgó un grupo de expertos, encabezado por Joseph Stiglitz. El galardón premia La Excelencia en la Innovación Conceptual y Metodológica. Nuestro Informe fue el primero entre más de 135 países, dedicado al tema de la cultura.
La relación del PNUD con PROhumana es bastante explícita. El sentido profundo que nos
ha llevado a respaldar a PROhumana en su labor y a compartir también las tareas en el ámbito de la responsabilidad social, se relaciona con uno de los conceptos claves de esta
La OTRA Feria, cuando señalan que “la responsabilidad social empresarial es la contribución al desarrollo humano sostenible, a través del compromiso y confianza con sus empleados y familia, la sociedad en general y la comunidad local, en pos de mejorar su capital social y calidad de vida”.
Etica y Desarrollo Humano
Cuando hablamos de desarrollo humano, antes que nada estamos hablando de un marco
normativo, y por lo tanto, implícitamente, de una ética del desarrollo. Deseo en esta ocasión hacer más explícita, desde la perspectiva de Naciones Unidas, esta ética que se desprende de ese marco normativo que es el desarrollo humano.
¿Qué entendemos por desarrollo humano? En términos simples el concepto de desarrollo humano postula que la persona es el sujeto, el fin, y al mismo tiempo el beneficiario del desarrollo. Esta afirmación (simple y básica en la cultura cristiana) la enunciaron dos personalidades, una de origen musulmán, Mahbub ul Haq y otra de origen indio, Amartya Sen. Ambos economistas. Ellos, ul Haq y Sen, hicieron una segunda afirmación: no podemos seguir con la idea de que el desarrollo es el crecimiento material. El desarrollo tiene un fin, tiene una orientación, tiene un sentido. Esa palabra, “sentido”, muy repetida por PROHumana, alude a que el desarrollo se orienta a que el ser humano sea centro, actor, sujeto y beneficiario de los esfuerzos sociales por expandir la demanda material y
espiritual de las personas.
Ponemos, entonces, primero el acento en que la humanidad requiere de una ética secular
que vincule los derechos humanos y el desarrollo. La Declaración Universal sobre los
primeros nos habla de la centralidad, trascendencia y dignidad de todo ser humano. Tanto
la democracia como el desarrollo deben fundarse en este principio. Nuestro trabajo,
entonces, consiste en poner en acción la noción de desarrollo humano y servir a la
potenciación, al fortalecimiento de las capacidades individuales y sociales. Y eso es un
objetivo absolutamente central si queremos que esta sociedad tenga la capacidad para2
moldear su futuro. Las personas deben poseer el poder necesario para construir su
destino tanto en su barrio, en su población, como en la empresa, en la universidad, en el
liceo, en la escuela, etc. Sin esas capacidades, la calidad de ser sujeto se ve disminuida,
y por ello es que para nosotros es fundamental potenciar las capacidades humanas, tan
diversas, tan ricas que existen en cada hombre o mujer, y que muchas veces se frustran,
se limitan y se impide su verdadera expresión. De allí la importancia de políticas sociales
que habiliten a todos los miembros de una sociedad a poseer conocimientos, salud,
ingresos y otros “derechos sociales”. De allí también que ellos se logren en espacios de
libertad y de respeto a los derechos políticos.
En la perspectiva de esta ética, que está implícita en el concepto de desarrollo humano,
nosotros afirmamos, segundo, el hecho de la multidimensionalidad de lo humano. Es
decir, si queremos potenciar capacidades humanas, lo que debe buscarse es que esas
capacidades no se restrinjan a un solo ámbito. Muchas veces la “hegemonía” de lo
económico hace que veamos al ser humano como un factor de la economía, y no la
economía al servicio del ser humano, dándole espacio a este sujeto que es el actor, es el
centro, es el fin. Las múltiples dimensiones del sujeto suelen ser poco consideradas en la
vida social, y muchas veces tampoco se toman en cuenta en las políticas sociales o en la
vida económica y empresarial. Por ejemplo, se debe fortalecer las capacidades para que
cada cual construya su propia biografía, sus relaciones con otros, es decir, sus afectos,
amistades y su sociabilidad. Las capacidades para desarrollar sus habilidades físicas e
intelectuales. Las capacidades para participar en las actividades económicas y productivas. Las capacidades de construir una familia estable y con las condiciones
materiales para responder a sus necesidades vitales. Esta multidimensionalidad implica
percibir y dar espacio al sentido de trascendencia y a la búsqueda de la felicidad. De allí la
importancia de la responsabilidad social. La responsabilidad social no es solamente el
hecho de que las personas puedan ser mejores trabajadores, más productivos o más
eficientes. Esta es una dimensión instrumental. La responsabilidad social sólo tiene
sentido si se orienta a darle contenido a las múltiples dimensiones de la vida cotidiana de
las personas, familias, barrios o comunas, y en la vida misma de las empresas.
Un tercer aspecto que creemos fundamental es que una ética del desarrollo humano pone
el énfasis, por lo que estoy diciendo, en los fines. Busca ordenar la vida social con ciertos
fines sociales que nacen de la centralidad del ser humano, del hombre y la mujer como
sujetos del desarrollo. Hay muchos aspectos en nuestra vida cotidiana en que las
personas perciben que los fines que se proponen no están articulados como un
proyecto de sociedad. Al carecer de un proyecto las personas no son convocadas a ser
los actores, los que participan en la definición de estos fines y los que ordenan los
medios para la persecución de metas que busquen la potenciación y la
multidimensionalidad de la vida humana.
En cuarto lugar, quisiera destacar que toda esta perspectiva de la responsabilidad social y
del desarrollo humano se juega en la cotidianidad. Deben transformar la práctica social;
no pueden ser sólo mensajes abstractos que no se expresen en acciones, estrategias o
políticas que impregnen el ámbito de influencia y acción de los agentes públicos y
privados. La responsabilidad social y el desarrollo humano deben lograr expresarse en los
desafíos de la realidad de las familias, en las empresas, en el entorno social de éstas, en
la manera de establecer relaciones laborales, en la manera en que los distintos actores
viven y valoran la existencia de los otros. La valoración del otro es una actitud y un
comportamiento indispensable para la propia realización. Así se va creando un tejido
de solidaridad y reciprocidad, de justicia y de dignidad, que enriquece toda la vida social.
3
El otro pasa a ser alguien en el cual yo necesito confiar, considerar y, cuando sea
necesario, entregarle apoyo y espacios de participación. Sólo así se logra este sentido de
finalidad y de centralidad de la persona.
Un quinto aspecto que deseo recordar es que la ética del desarrollo humano busca
también poner el énfasis en la subjetividad humana. No se puede pensar en que las
personas son convocadas a ser “sujetos” sin asumir su subjetividad. Esto lo pusimos de
relieve en el Informe de Desarrollo Humano de Chile de 1998, “Las Paradojas de la
Modernización”. En él subrayamos que si bien es positivo que el país se modernice, ese
proceso no puede olvidar la subjetividad individual y social. Cuando una empresa o una
institución quieren modernizarse, el que se considere la opinión, la participación, los
sentimientos, las angustias, las inseguridades, las emociones de las personas es una
condición complementaria a los cambios modernizantes.
El hacerlos parte de cualquier proceso de cambio, transforma a las personas de meros
agentes pasivos en actores de dicho proceso. Esa es la primera responsabilidad social de
cualquier organización humana. Ello hace que la modernización sea realmente una
modernización con un sentido de desarrollo humano, y no una en que la persona sólo es
instrumento del los objetivos que plantean los responsables de las actividades públicas y
privadas. No hay cambios legitimados sin los actores como agentes de dichos cambios.
Deseo subrayar que, en la perspectiva del desarrollo humano, las políticas públicas y los
agentes privados deben servir para la construcción, no sólo de capacidades individuales,
sino de capacidades sociales. Eso implica generar espacios culturales para la creación de
un “nosotros”, para el fortalecimiento de las identidades, para reconocer la diversidad,
pero como parte de una comunidad de intereses y de un destino compartido. En un libro
de PROhumana se lee lo siguiente: “la responsabilidad social significa una apelación al
nosotros, a la colaboración de los humanos y al reencantamiento de las virtudes públicas”.
¡Qué importante es hablar hoy en Chile de “un reencantamiento de las virtudes públicas”!
¡Por Dios que está de moda el tema del reencantamiento de las virtudes públicas! En
otras palabras, compartimos la visión de que la responsabilidad social implica a todos los
agentes, sean públicos y privados, en virtudes cívicas que respeten la ética de la
transparencia y de la probidad. Ello es una condición para crear un clima de confianza en
una comunidad.
Para hablar más en concreto de Chile, diría que estamos viviendo una época en la cual no
hemos situado finalidades trascendentes, en forma explícita, en nuestro proyecto de país,
en nuestra convivencia democrática, en nuestro práctica política, en nuestro proyecto de
desarrollo. Y lo que la gente resiente, y lo hemos comprobado en nuestros Informes, es
esta gran carencia de sentido. Hay una carencia de horizontes compartidos, de una
historia, de un relato que nos muestre nuestras virtudes y nuestros defectos, que motive y
abra perspectivas en la vida personal y en la colectiva. Falta más conversación
ciudadana positiva, acerca de lo que hemos sido y de lo que podemos ser como
país. Se requiere de un clima cultural en el que se den las conversaciones familiares, las
conversaciones en la escuela, en la universidad o en la empresa con un sentido de
transparencia y de verdad, para salir fortalecidos con nuevas visiones para el futuro. No
se trata de uniformarnos, pero sí de lograr que en la diversidad de nuestra vida y en el
más remoto rincón de nuestra patria, las personas, los grupos y las comunidades puedan
sentir y vivir colectivamente lo que el cardenal Silva Henríquez llamó “el alma de Chile”.
Esa es la tarea de la cultura.
4
Los ámbitos en que se juega el Desarrollo Humano y la Responsabilidad Social
Así, pues, la ética del desarrollo humano debe plasmarse en cuatro ámbitos específicos.
Uno es el ámbito del yo, el ámbito del ser, de ser sí mismo, de construir uno su propia
biografía y de ser responsable de esa biografía sin afectar a los demás. Nadie discute que
en libertad puede cada cual decidir que es lo que considera como su bienestar. Pero
también existen límites que la sociedad el impone a la acción motivada sólo por el interés
individual. Por ejemplo, cuando hablamos sobre políticas de salud en una perspectiva de
desarrollo humano deben hacerse explícitas las responsabilidades individuales: si se es
un fumador empedernido, y se tiene esa opción de vida, la salud puede estar siendo
destruida, lo que obliga a otros a cargar sobre sus espaldas la irresponsabilidad de
algunos. La responsabilidad social, entonces, atañe, primero que nada, a las conductas
individuales que pueden tener efectos sobre terceros.
El segundo ámbito del desarrollo humano y la ética de la responsabilidad social es
también una ética del otro, de mi relación con los otros. La solidaridad parte con mis
propias conductas. Pero también me importa la suerte de aquellos que por razones
distintas enfrentan situaciones de frustración, de desesperanza, de carencias o de
pobreza. La solidaridad se da en un plano de gratuidad, donde me importa el otro
sin preguntar por qué y sin instrumentalizarlo. Esta es otra de nuestras grandes
carencias históricas. En Chile históricamente nos ha costado valorar a los otros, a los
otros indígenas, a los otros proletarios (como se denominó al mundo obrero), a las otras
mujeres, a los otros que no son de mi religión, de mi clase o de mi nivel educacional.
Muchas veces la responsabilidad social llevada, por ejemplo, al mundo de las empresas
hace que me preocupe del otro, como lo enseñó la sociología de las relaciones
industriales, porque al preocuparme del trabajador ayudará a mejorar la productividad o el
clima interno, o el sentido de pertenencia. Con esta visión no se rompe el sentido
instrumental con el otro. Pero ciertamente esta escuela de las relaciones industriales
puede ser un paso frente a aquel que se desentiende enteramente de los demás y sólo
concibe al trabajador como fuerza de trabajo, a la cual se le retribuye con un salario. Su
suerte no nos compete. Es ésta la lógica instrumental que muchas veces nos domina. De
allí la importancia de la ética de la responsabilidad social y del desarrollo humano.
Hay un tercer ámbito en donde se juega la perspectiva normativa del desarrollo humano.
Se trata de los ámbitos más macrosociales como la comuna, la región, el país. Y, por
supuesto, lo que hoy llamamos el mundo global. Como nunca en la historia de la
humanidad lo que ayer llamamos interdependencia es una realidad de todos los días. Las
nuevas dimensiones y la intensidad de la globalización están afectando la vida cotidiana
de las personas en las comunas, regiones o países. La industria cultural y la televisión, los
flujos financieros y el comercio, el desarrollo productivo y el empleo, las crisis económicas
en los países desarrollados o en países en desarrollo, pueden afectar a muchos seres
humanos. Ética del desarrollo humano y de responsabilidad social en esta perspectiva
significan que lo cotidiano en la familia, en la comuna o en el país está muy influido por
realidades globales o de los centros de poder que tienden a predominar en la economía,
la política, las armas o la industria cultural. En un mundo global la responsabilidad social
ya no se centra únicamente en el mundo país. Es ésta una dimensión que debemos
desarrollar en el futuro. Pero es necesario señalar en forma inmediata que lo local es
cada vez más importante para la vida cotidiana de las personas a medida que aumentan
las relaciones globales. Si abandonamos el ámbito de lo local, regional o nacional por la
inserción global estaríamos perdiendo el sentimiento de pertenencia primero que rodea a
todos los seres humanos desde la familia.
5
Para intentar darle un marco ético a la globalización se ha dado un primer paso, un tanto
desconocido en Chile. En un congreso ecuménico, esto es, de todas las religiones del
mundo, que se llevó a cabo en Chicago hace algunos años, se logró consensuar un
primer código ético para un mundo global. Necesitamos no sólo una economía global,
necesitamos también una sociedad y una ética globales. En el tema de derechos
humanos hemos ido creciendo, se ha ido construyendo una ética de los derechos
humanos a nivel global, y por eso tenemos el Tribunal Penal Internacional. Es necesario
avanzar cada día más hacia una sociedad global capaz de moldear esta globalización
en función de fines, de las orientaciones del sujeto, que logre poco a poco equilibrar el
carácter centralista y fuertemente hegemónico de un poder económico y militar que se
impone sobre el resto de los países de la Tierra. La situación actual es de un desequilibrio
de poder brutal. Como nunca es necesario pensar en una ética de la globalización, y al
mismo tiempo pensar que es nuestra responsabilidad insertarnos en la globalización
respaldando los esfuerzos multilaterales de los estados y de las sociedades nacionales
para darle “governnace” a la concentración del poder. Como nunca el gran tema del
futuro es como compartir y como controlar el poder en el mundo global. El
desarrollo humano debe ser capaz de articular un pensamiento sobre este tema central de
la humanidad en este siglo.
El cuarto ámbito se refiere a la necesidad de una ética en nuestra relación con la
naturaleza. La crisis ambiental es una crisis global. La humanidad entera sufre las
consecuencias de políticas irresponsables que afectan a bienes comunes de la
humanidad, que nos exigen comportamientos en pro de un desarrollo humano sostenible,
tanto en el uso de los recursos para el bienestar del presente como para que también lo
tengan las futuras generaciones. Hay países que no han firmado, por ejemplo, el
protocolo de Kioto con lo cual se desconoce lo que se ha venido construyendo como una
ética de la responsabilidad eco-social mundial.
Lo que hemos tratado de realizar en el PNUD, es tratar de contrastar este marco
normativo del desarrollo humano con lo que podemos captar empíricamente de lo que
pasa en la realidad nacional. Esto implica hacer investigación social. Sólo así se puede
responder a la pregunta de si lo que está orientando el proceso de desarrollo de nuestro
país es este horizonte de un desarrollo integral de los chilenos siendo ellos sujetos y
beneficiarios del mismo. Al respecto hemos hecho algunos hallazgos que me gustaría
sintetizar aquí.
Principales mensajes de los Informes sobre Desarrollo Humano en Chile
En el primer informe publicado en 1996, dijimos que no hay equidad espacial en el
desarrollo chileno, esto es, no sólo no hay equidad desde el punto de vista distributivo, de
los ingresos, sino que no hay equidad espacial; y lo probamos, lo demostramos. Lo
medimos con los Índices de Desarrollo Humano por regiones y comunas de Chile. Vimos
que había comunas que tenían el nivel de Canadá, como las comunas del barrio alto de
Santiago, y comunas al nivel de los países pobres del África. Entonces planteamos como
desafío la necesidad urgente de lo que llamamos “un pacto Nación-Regiones”.
En el segundo Informe, “Las Paradojas de la Modernización”, pudimos afirmar que en la
cotidianeidad se estaba gestando un malestar que, aunque difuso y en muchos casos
difícil de aprehender, ya era palpable. Lo escribimos en 1997, en pleno crecimiento
6
económico, cuando algunos llegaron a hablar del nuevo “jaguar” emergente. Pero en la
vida cotidiana anidaba un malestar que para algunos se transformaba en miedos y
temores sobre su vida y su futuro. Por eso estudiamos el tema de la “seguridad humana”
y encontramos que el sentimiento de desprotección en la vida personal y familiar, podía
estar provocando dicho malestar. Encontramos también que las personas no lograban
comprender por qué los discursos y reconocimientos externos sobre nuestros éxitos
económicos no se trasladaban a las experiencias cotidianas. En ese malestar coexistía
tanto un miedo al otro -fuera el vecino o un desconocido-; como el miedo a verse
marginado y el miedo a no controlar el futuro de la vida personal o familiar. El temor
llevaba a la retracción de la vida social por falta de confianza y de reciprocidad. Es decir,
comprendimos que en la base social existía una realidad que estaba impidiendo la
constitución de sujetos, la integración, la participación, y fue por eso que planteamos la
necesidad de un “nuevo pacto social” para el Chile de hoy, en proceso de modernización
económica. Este nuevo “pacto” debía considerar las exigencias de la expansión y
competitividad de la economía y, al mismo tiempo, una consideración a que los
trabajadores y sus familias requerían grados de protección social. Como lo señalara
después un premio Nobel de Economía, las transformaciones económicas liberales
requieren no descuidar políticas innovadoras en el plano de la protección social. Ello
implica un nuevo “pacto social para la globalización”.
Lo anterior nos llevó al tercer Informe. En él hablamos del capital social y de la
ciudadanía, de su importancia en la reconstitución de un tejido social en Chile. Mostramos
que el capital social y el poder de los ciudadanos están desigualmente distribuidos, lo que
quizás explica los bajos niveles de confianza. Lo hemos medido ya en dos informes.
Alrededor de un 74% de los chilenos no tiene confianza en el vecino o en el otro anónimo,
lo que quiere decir que estamos perdiendo un capital social enorme. Otro gran
economista, Albert Hirschman, que es al mismo tiempo un gran humanista, dijo que la
confianza o el amor o la gratuidad, son un capital que puede crecer infinitamente en las
relaciones sociales, pero si no se usa se desgasta también en forma muy acelerada con
efectos graves para los países, para el desarrollo y para la integración de las naciones. En
este Informe propusimos una rectificación en la forma de relacionar y vincular a la
sociedad organizada con las políticas públicas y con los agentes económicos. No tomar
en cuenta el capital social que aún existe en nuestro país desprestigia no sólo la política y
la democracia; también disminuye la legitimidad y la potencialidad del desarrollo. Por eso,
en ese Informe 2000 sugerimos que Chile debía proponerse prioritariamente “más
sociedad para gobernar el futuro”.
En el último Informe 2002 nos preguntamos desde la perspectiva de la cultura si había un
“nosotros, los chilenos” que fuera lo suficientemente denso para emprender tareas
comunes, un proyecto de país. Es decir un proyecto que incluyera una sociedad
fortalecida, capaz de sacar adelante un pacto social y un pacto Nación-Regiones.
Encontramos que en Chile se da una fuerte diversidad social, que es poco conocida y
poco reconocida, pero se trata de una diversidad que llamamos “disociada”, y no una
“diversidad creativa” que fortaleciera nuestra vida en común para dar un salto al futuro con
todos los chilenos como actores. Por ello propusimos que la preparación del
“Bicentenario” constituyera un gran proceso cultural, en el que participe desde la escuela
más escondida hasta los más grandes conglomerados urbanos o económicos, para
asumir el mandato central de nuestra “independencia”, el hecho que todos somos parte de
una sociedad que posee un hermoso territorio, una hermosa historia y un destino
compartido. La Independencia fue el momento en que todos los chilenos de ayer, de hoy y
7
de mañana fuimos convocados a ser sujetos libres, capaces de moldear juntos nuestro
destino.
Algunos han sugerido que tenemos una visión crítica de Chile. Personalmente creo
indispensable en una sociedad que se dé espacio al pensamiento crítico acerca de lo que
pasa. Es lo que nosotros tratamos de hacer, con una base empírica sólida y al mismo
tiempo considerando la cotidianidad de las personas. Desde allí hemos pretendido mirar
Chile y proponer nuevas visiones que no son necesariamente las que nos intenta
proponer “el pensamiento único” sobre ideologizado. Hemos señalado una y otra vez que
en Chile se ha olvidado la “conversación ciudadana”. Hemos señalado los aspectos
positivos y también lo que falta para un desarrollo humano en nuestro país con el objeto
de provocar este diálogo en relación con nuestro futuro. Al plantear esta ética del
desarrollo humano, de alguna manera Naciones Unidas está haciendo, en todos los
países un esfuerzo por objetivar los desafíos que la humanidad debe plantearse para que
en todos los rincones del planeta los derechos del hombre y la mujer de hoy y de mañana
sean reconocidos y se transformen en realidades sociales reconocibles en su vida
cotidiana.
Santiago, noviembre 2002
Eugenio Ortega R.
8 de noviembre de 2002
Es de justicia comenzar felicitando a PROhumana por esta iniciativa, cuyo nombre, La Otra Feria me parece tan acertado. Mi responsabilidad en el PNUD es la de coordinar la elaboración de los Informes sobre Desarrollo Humano, cuya cuarta versión entregamos este año. Puedo también contarles que hemos obtenido uno de los cinco premios a los mejores informes a nivel mundial, reconocimiento que otorgó un grupo de expertos, encabezado por Joseph Stiglitz. El galardón premia La Excelencia en la Innovación Conceptual y Metodológica. Nuestro Informe fue el primero entre más de 135 países, dedicado al tema de la cultura.
La relación del PNUD con PROhumana es bastante explícita. El sentido profundo que nos
ha llevado a respaldar a PROhumana en su labor y a compartir también las tareas en el ámbito de la responsabilidad social, se relaciona con uno de los conceptos claves de esta
La OTRA Feria, cuando señalan que “la responsabilidad social empresarial es la contribución al desarrollo humano sostenible, a través del compromiso y confianza con sus empleados y familia, la sociedad en general y la comunidad local, en pos de mejorar su capital social y calidad de vida”.
Etica y Desarrollo Humano
Cuando hablamos de desarrollo humano, antes que nada estamos hablando de un marco
normativo, y por lo tanto, implícitamente, de una ética del desarrollo. Deseo en esta ocasión hacer más explícita, desde la perspectiva de Naciones Unidas, esta ética que se desprende de ese marco normativo que es el desarrollo humano.
¿Qué entendemos por desarrollo humano? En términos simples el concepto de desarrollo humano postula que la persona es el sujeto, el fin, y al mismo tiempo el beneficiario del desarrollo. Esta afirmación (simple y básica en la cultura cristiana) la enunciaron dos personalidades, una de origen musulmán, Mahbub ul Haq y otra de origen indio, Amartya Sen. Ambos economistas. Ellos, ul Haq y Sen, hicieron una segunda afirmación: no podemos seguir con la idea de que el desarrollo es el crecimiento material. El desarrollo tiene un fin, tiene una orientación, tiene un sentido. Esa palabra, “sentido”, muy repetida por PROHumana, alude a que el desarrollo se orienta a que el ser humano sea centro, actor, sujeto y beneficiario de los esfuerzos sociales por expandir la demanda material y
espiritual de las personas.
Ponemos, entonces, primero el acento en que la humanidad requiere de una ética secular
que vincule los derechos humanos y el desarrollo. La Declaración Universal sobre los
primeros nos habla de la centralidad, trascendencia y dignidad de todo ser humano. Tanto
la democracia como el desarrollo deben fundarse en este principio. Nuestro trabajo,
entonces, consiste en poner en acción la noción de desarrollo humano y servir a la
potenciación, al fortalecimiento de las capacidades individuales y sociales. Y eso es un
objetivo absolutamente central si queremos que esta sociedad tenga la capacidad para2
moldear su futuro. Las personas deben poseer el poder necesario para construir su
destino tanto en su barrio, en su población, como en la empresa, en la universidad, en el
liceo, en la escuela, etc. Sin esas capacidades, la calidad de ser sujeto se ve disminuida,
y por ello es que para nosotros es fundamental potenciar las capacidades humanas, tan
diversas, tan ricas que existen en cada hombre o mujer, y que muchas veces se frustran,
se limitan y se impide su verdadera expresión. De allí la importancia de políticas sociales
que habiliten a todos los miembros de una sociedad a poseer conocimientos, salud,
ingresos y otros “derechos sociales”. De allí también que ellos se logren en espacios de
libertad y de respeto a los derechos políticos.
En la perspectiva de esta ética, que está implícita en el concepto de desarrollo humano,
nosotros afirmamos, segundo, el hecho de la multidimensionalidad de lo humano. Es
decir, si queremos potenciar capacidades humanas, lo que debe buscarse es que esas
capacidades no se restrinjan a un solo ámbito. Muchas veces la “hegemonía” de lo
económico hace que veamos al ser humano como un factor de la economía, y no la
economía al servicio del ser humano, dándole espacio a este sujeto que es el actor, es el
centro, es el fin. Las múltiples dimensiones del sujeto suelen ser poco consideradas en la
vida social, y muchas veces tampoco se toman en cuenta en las políticas sociales o en la
vida económica y empresarial. Por ejemplo, se debe fortalecer las capacidades para que
cada cual construya su propia biografía, sus relaciones con otros, es decir, sus afectos,
amistades y su sociabilidad. Las capacidades para desarrollar sus habilidades físicas e
intelectuales. Las capacidades para participar en las actividades económicas y productivas. Las capacidades de construir una familia estable y con las condiciones
materiales para responder a sus necesidades vitales. Esta multidimensionalidad implica
percibir y dar espacio al sentido de trascendencia y a la búsqueda de la felicidad. De allí la
importancia de la responsabilidad social. La responsabilidad social no es solamente el
hecho de que las personas puedan ser mejores trabajadores, más productivos o más
eficientes. Esta es una dimensión instrumental. La responsabilidad social sólo tiene
sentido si se orienta a darle contenido a las múltiples dimensiones de la vida cotidiana de
las personas, familias, barrios o comunas, y en la vida misma de las empresas.
Un tercer aspecto que creemos fundamental es que una ética del desarrollo humano pone
el énfasis, por lo que estoy diciendo, en los fines. Busca ordenar la vida social con ciertos
fines sociales que nacen de la centralidad del ser humano, del hombre y la mujer como
sujetos del desarrollo. Hay muchos aspectos en nuestra vida cotidiana en que las
personas perciben que los fines que se proponen no están articulados como un
proyecto de sociedad. Al carecer de un proyecto las personas no son convocadas a ser
los actores, los que participan en la definición de estos fines y los que ordenan los
medios para la persecución de metas que busquen la potenciación y la
multidimensionalidad de la vida humana.
En cuarto lugar, quisiera destacar que toda esta perspectiva de la responsabilidad social y
del desarrollo humano se juega en la cotidianidad. Deben transformar la práctica social;
no pueden ser sólo mensajes abstractos que no se expresen en acciones, estrategias o
políticas que impregnen el ámbito de influencia y acción de los agentes públicos y
privados. La responsabilidad social y el desarrollo humano deben lograr expresarse en los
desafíos de la realidad de las familias, en las empresas, en el entorno social de éstas, en
la manera de establecer relaciones laborales, en la manera en que los distintos actores
viven y valoran la existencia de los otros. La valoración del otro es una actitud y un
comportamiento indispensable para la propia realización. Así se va creando un tejido
de solidaridad y reciprocidad, de justicia y de dignidad, que enriquece toda la vida social.
3
El otro pasa a ser alguien en el cual yo necesito confiar, considerar y, cuando sea
necesario, entregarle apoyo y espacios de participación. Sólo así se logra este sentido de
finalidad y de centralidad de la persona.
Un quinto aspecto que deseo recordar es que la ética del desarrollo humano busca
también poner el énfasis en la subjetividad humana. No se puede pensar en que las
personas son convocadas a ser “sujetos” sin asumir su subjetividad. Esto lo pusimos de
relieve en el Informe de Desarrollo Humano de Chile de 1998, “Las Paradojas de la
Modernización”. En él subrayamos que si bien es positivo que el país se modernice, ese
proceso no puede olvidar la subjetividad individual y social. Cuando una empresa o una
institución quieren modernizarse, el que se considere la opinión, la participación, los
sentimientos, las angustias, las inseguridades, las emociones de las personas es una
condición complementaria a los cambios modernizantes.
El hacerlos parte de cualquier proceso de cambio, transforma a las personas de meros
agentes pasivos en actores de dicho proceso. Esa es la primera responsabilidad social de
cualquier organización humana. Ello hace que la modernización sea realmente una
modernización con un sentido de desarrollo humano, y no una en que la persona sólo es
instrumento del los objetivos que plantean los responsables de las actividades públicas y
privadas. No hay cambios legitimados sin los actores como agentes de dichos cambios.
Deseo subrayar que, en la perspectiva del desarrollo humano, las políticas públicas y los
agentes privados deben servir para la construcción, no sólo de capacidades individuales,
sino de capacidades sociales. Eso implica generar espacios culturales para la creación de
un “nosotros”, para el fortalecimiento de las identidades, para reconocer la diversidad,
pero como parte de una comunidad de intereses y de un destino compartido. En un libro
de PROhumana se lee lo siguiente: “la responsabilidad social significa una apelación al
nosotros, a la colaboración de los humanos y al reencantamiento de las virtudes públicas”.
¡Qué importante es hablar hoy en Chile de “un reencantamiento de las virtudes públicas”!
¡Por Dios que está de moda el tema del reencantamiento de las virtudes públicas! En
otras palabras, compartimos la visión de que la responsabilidad social implica a todos los
agentes, sean públicos y privados, en virtudes cívicas que respeten la ética de la
transparencia y de la probidad. Ello es una condición para crear un clima de confianza en
una comunidad.
Para hablar más en concreto de Chile, diría que estamos viviendo una época en la cual no
hemos situado finalidades trascendentes, en forma explícita, en nuestro proyecto de país,
en nuestra convivencia democrática, en nuestro práctica política, en nuestro proyecto de
desarrollo. Y lo que la gente resiente, y lo hemos comprobado en nuestros Informes, es
esta gran carencia de sentido. Hay una carencia de horizontes compartidos, de una
historia, de un relato que nos muestre nuestras virtudes y nuestros defectos, que motive y
abra perspectivas en la vida personal y en la colectiva. Falta más conversación
ciudadana positiva, acerca de lo que hemos sido y de lo que podemos ser como
país. Se requiere de un clima cultural en el que se den las conversaciones familiares, las
conversaciones en la escuela, en la universidad o en la empresa con un sentido de
transparencia y de verdad, para salir fortalecidos con nuevas visiones para el futuro. No
se trata de uniformarnos, pero sí de lograr que en la diversidad de nuestra vida y en el
más remoto rincón de nuestra patria, las personas, los grupos y las comunidades puedan
sentir y vivir colectivamente lo que el cardenal Silva Henríquez llamó “el alma de Chile”.
Esa es la tarea de la cultura.
4
Los ámbitos en que se juega el Desarrollo Humano y la Responsabilidad Social
Así, pues, la ética del desarrollo humano debe plasmarse en cuatro ámbitos específicos.
Uno es el ámbito del yo, el ámbito del ser, de ser sí mismo, de construir uno su propia
biografía y de ser responsable de esa biografía sin afectar a los demás. Nadie discute que
en libertad puede cada cual decidir que es lo que considera como su bienestar. Pero
también existen límites que la sociedad el impone a la acción motivada sólo por el interés
individual. Por ejemplo, cuando hablamos sobre políticas de salud en una perspectiva de
desarrollo humano deben hacerse explícitas las responsabilidades individuales: si se es
un fumador empedernido, y se tiene esa opción de vida, la salud puede estar siendo
destruida, lo que obliga a otros a cargar sobre sus espaldas la irresponsabilidad de
algunos. La responsabilidad social, entonces, atañe, primero que nada, a las conductas
individuales que pueden tener efectos sobre terceros.
El segundo ámbito del desarrollo humano y la ética de la responsabilidad social es
también una ética del otro, de mi relación con los otros. La solidaridad parte con mis
propias conductas. Pero también me importa la suerte de aquellos que por razones
distintas enfrentan situaciones de frustración, de desesperanza, de carencias o de
pobreza. La solidaridad se da en un plano de gratuidad, donde me importa el otro
sin preguntar por qué y sin instrumentalizarlo. Esta es otra de nuestras grandes
carencias históricas. En Chile históricamente nos ha costado valorar a los otros, a los
otros indígenas, a los otros proletarios (como se denominó al mundo obrero), a las otras
mujeres, a los otros que no son de mi religión, de mi clase o de mi nivel educacional.
Muchas veces la responsabilidad social llevada, por ejemplo, al mundo de las empresas
hace que me preocupe del otro, como lo enseñó la sociología de las relaciones
industriales, porque al preocuparme del trabajador ayudará a mejorar la productividad o el
clima interno, o el sentido de pertenencia. Con esta visión no se rompe el sentido
instrumental con el otro. Pero ciertamente esta escuela de las relaciones industriales
puede ser un paso frente a aquel que se desentiende enteramente de los demás y sólo
concibe al trabajador como fuerza de trabajo, a la cual se le retribuye con un salario. Su
suerte no nos compete. Es ésta la lógica instrumental que muchas veces nos domina. De
allí la importancia de la ética de la responsabilidad social y del desarrollo humano.
Hay un tercer ámbito en donde se juega la perspectiva normativa del desarrollo humano.
Se trata de los ámbitos más macrosociales como la comuna, la región, el país. Y, por
supuesto, lo que hoy llamamos el mundo global. Como nunca en la historia de la
humanidad lo que ayer llamamos interdependencia es una realidad de todos los días. Las
nuevas dimensiones y la intensidad de la globalización están afectando la vida cotidiana
de las personas en las comunas, regiones o países. La industria cultural y la televisión, los
flujos financieros y el comercio, el desarrollo productivo y el empleo, las crisis económicas
en los países desarrollados o en países en desarrollo, pueden afectar a muchos seres
humanos. Ética del desarrollo humano y de responsabilidad social en esta perspectiva
significan que lo cotidiano en la familia, en la comuna o en el país está muy influido por
realidades globales o de los centros de poder que tienden a predominar en la economía,
la política, las armas o la industria cultural. En un mundo global la responsabilidad social
ya no se centra únicamente en el mundo país. Es ésta una dimensión que debemos
desarrollar en el futuro. Pero es necesario señalar en forma inmediata que lo local es
cada vez más importante para la vida cotidiana de las personas a medida que aumentan
las relaciones globales. Si abandonamos el ámbito de lo local, regional o nacional por la
inserción global estaríamos perdiendo el sentimiento de pertenencia primero que rodea a
todos los seres humanos desde la familia.
5
Para intentar darle un marco ético a la globalización se ha dado un primer paso, un tanto
desconocido en Chile. En un congreso ecuménico, esto es, de todas las religiones del
mundo, que se llevó a cabo en Chicago hace algunos años, se logró consensuar un
primer código ético para un mundo global. Necesitamos no sólo una economía global,
necesitamos también una sociedad y una ética globales. En el tema de derechos
humanos hemos ido creciendo, se ha ido construyendo una ética de los derechos
humanos a nivel global, y por eso tenemos el Tribunal Penal Internacional. Es necesario
avanzar cada día más hacia una sociedad global capaz de moldear esta globalización
en función de fines, de las orientaciones del sujeto, que logre poco a poco equilibrar el
carácter centralista y fuertemente hegemónico de un poder económico y militar que se
impone sobre el resto de los países de la Tierra. La situación actual es de un desequilibrio
de poder brutal. Como nunca es necesario pensar en una ética de la globalización, y al
mismo tiempo pensar que es nuestra responsabilidad insertarnos en la globalización
respaldando los esfuerzos multilaterales de los estados y de las sociedades nacionales
para darle “governnace” a la concentración del poder. Como nunca el gran tema del
futuro es como compartir y como controlar el poder en el mundo global. El
desarrollo humano debe ser capaz de articular un pensamiento sobre este tema central de
la humanidad en este siglo.
El cuarto ámbito se refiere a la necesidad de una ética en nuestra relación con la
naturaleza. La crisis ambiental es una crisis global. La humanidad entera sufre las
consecuencias de políticas irresponsables que afectan a bienes comunes de la
humanidad, que nos exigen comportamientos en pro de un desarrollo humano sostenible,
tanto en el uso de los recursos para el bienestar del presente como para que también lo
tengan las futuras generaciones. Hay países que no han firmado, por ejemplo, el
protocolo de Kioto con lo cual se desconoce lo que se ha venido construyendo como una
ética de la responsabilidad eco-social mundial.
Lo que hemos tratado de realizar en el PNUD, es tratar de contrastar este marco
normativo del desarrollo humano con lo que podemos captar empíricamente de lo que
pasa en la realidad nacional. Esto implica hacer investigación social. Sólo así se puede
responder a la pregunta de si lo que está orientando el proceso de desarrollo de nuestro
país es este horizonte de un desarrollo integral de los chilenos siendo ellos sujetos y
beneficiarios del mismo. Al respecto hemos hecho algunos hallazgos que me gustaría
sintetizar aquí.
Principales mensajes de los Informes sobre Desarrollo Humano en Chile
En el primer informe publicado en 1996, dijimos que no hay equidad espacial en el
desarrollo chileno, esto es, no sólo no hay equidad desde el punto de vista distributivo, de
los ingresos, sino que no hay equidad espacial; y lo probamos, lo demostramos. Lo
medimos con los Índices de Desarrollo Humano por regiones y comunas de Chile. Vimos
que había comunas que tenían el nivel de Canadá, como las comunas del barrio alto de
Santiago, y comunas al nivel de los países pobres del África. Entonces planteamos como
desafío la necesidad urgente de lo que llamamos “un pacto Nación-Regiones”.
En el segundo Informe, “Las Paradojas de la Modernización”, pudimos afirmar que en la
cotidianeidad se estaba gestando un malestar que, aunque difuso y en muchos casos
difícil de aprehender, ya era palpable. Lo escribimos en 1997, en pleno crecimiento
6
económico, cuando algunos llegaron a hablar del nuevo “jaguar” emergente. Pero en la
vida cotidiana anidaba un malestar que para algunos se transformaba en miedos y
temores sobre su vida y su futuro. Por eso estudiamos el tema de la “seguridad humana”
y encontramos que el sentimiento de desprotección en la vida personal y familiar, podía
estar provocando dicho malestar. Encontramos también que las personas no lograban
comprender por qué los discursos y reconocimientos externos sobre nuestros éxitos
económicos no se trasladaban a las experiencias cotidianas. En ese malestar coexistía
tanto un miedo al otro -fuera el vecino o un desconocido-; como el miedo a verse
marginado y el miedo a no controlar el futuro de la vida personal o familiar. El temor
llevaba a la retracción de la vida social por falta de confianza y de reciprocidad. Es decir,
comprendimos que en la base social existía una realidad que estaba impidiendo la
constitución de sujetos, la integración, la participación, y fue por eso que planteamos la
necesidad de un “nuevo pacto social” para el Chile de hoy, en proceso de modernización
económica. Este nuevo “pacto” debía considerar las exigencias de la expansión y
competitividad de la economía y, al mismo tiempo, una consideración a que los
trabajadores y sus familias requerían grados de protección social. Como lo señalara
después un premio Nobel de Economía, las transformaciones económicas liberales
requieren no descuidar políticas innovadoras en el plano de la protección social. Ello
implica un nuevo “pacto social para la globalización”.
Lo anterior nos llevó al tercer Informe. En él hablamos del capital social y de la
ciudadanía, de su importancia en la reconstitución de un tejido social en Chile. Mostramos
que el capital social y el poder de los ciudadanos están desigualmente distribuidos, lo que
quizás explica los bajos niveles de confianza. Lo hemos medido ya en dos informes.
Alrededor de un 74% de los chilenos no tiene confianza en el vecino o en el otro anónimo,
lo que quiere decir que estamos perdiendo un capital social enorme. Otro gran
economista, Albert Hirschman, que es al mismo tiempo un gran humanista, dijo que la
confianza o el amor o la gratuidad, son un capital que puede crecer infinitamente en las
relaciones sociales, pero si no se usa se desgasta también en forma muy acelerada con
efectos graves para los países, para el desarrollo y para la integración de las naciones. En
este Informe propusimos una rectificación en la forma de relacionar y vincular a la
sociedad organizada con las políticas públicas y con los agentes económicos. No tomar
en cuenta el capital social que aún existe en nuestro país desprestigia no sólo la política y
la democracia; también disminuye la legitimidad y la potencialidad del desarrollo. Por eso,
en ese Informe 2000 sugerimos que Chile debía proponerse prioritariamente “más
sociedad para gobernar el futuro”.
En el último Informe 2002 nos preguntamos desde la perspectiva de la cultura si había un
“nosotros, los chilenos” que fuera lo suficientemente denso para emprender tareas
comunes, un proyecto de país. Es decir un proyecto que incluyera una sociedad
fortalecida, capaz de sacar adelante un pacto social y un pacto Nación-Regiones.
Encontramos que en Chile se da una fuerte diversidad social, que es poco conocida y
poco reconocida, pero se trata de una diversidad que llamamos “disociada”, y no una
“diversidad creativa” que fortaleciera nuestra vida en común para dar un salto al futuro con
todos los chilenos como actores. Por ello propusimos que la preparación del
“Bicentenario” constituyera un gran proceso cultural, en el que participe desde la escuela
más escondida hasta los más grandes conglomerados urbanos o económicos, para
asumir el mandato central de nuestra “independencia”, el hecho que todos somos parte de
una sociedad que posee un hermoso territorio, una hermosa historia y un destino
compartido. La Independencia fue el momento en que todos los chilenos de ayer, de hoy y
7
de mañana fuimos convocados a ser sujetos libres, capaces de moldear juntos nuestro
destino.
Algunos han sugerido que tenemos una visión crítica de Chile. Personalmente creo
indispensable en una sociedad que se dé espacio al pensamiento crítico acerca de lo que
pasa. Es lo que nosotros tratamos de hacer, con una base empírica sólida y al mismo
tiempo considerando la cotidianidad de las personas. Desde allí hemos pretendido mirar
Chile y proponer nuevas visiones que no son necesariamente las que nos intenta
proponer “el pensamiento único” sobre ideologizado. Hemos señalado una y otra vez que
en Chile se ha olvidado la “conversación ciudadana”. Hemos señalado los aspectos
positivos y también lo que falta para un desarrollo humano en nuestro país con el objeto
de provocar este diálogo en relación con nuestro futuro. Al plantear esta ética del
desarrollo humano, de alguna manera Naciones Unidas está haciendo, en todos los
países un esfuerzo por objetivar los desafíos que la humanidad debe plantearse para que
en todos los rincones del planeta los derechos del hombre y la mujer de hoy y de mañana
sean reconocidos y se transformen en realidades sociales reconocibles en su vida
cotidiana.
Santiago, noviembre 2002
Etiquetas:
Ética Social,
Ética y Empresa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
![[cerda.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiSQGecL68NtJVJW_IS6AUlw1qxfaXqF0B5YZo8jH2Mky9yAe-U5V-7xLNWQtwchqz_XIKhEHvSDEd7uvrOdOPOR932qbLuy6Q-dNxxGCzdsD3yZGmfxqepqWNr6-M-WMeFQKELEribc3I/s1600/cerda.jpg)
![[murga.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhxjl0MzpP0my2sqsY3UnZJjRAxK-YhJvvHS3wI8mMBzBYDpVzOCcwBXVj8jE556IiR60e5j40q77syOymMFz7VsoIpGsKBIrJEFcqv0M98ObE-dYJV-zuJo4k8k7e_JMWv7oiLHJnLmkM/s1600/murga.jpg)